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La falta de fondos del Estado para que la Justicia resuelva los causas judiciales, que llegan de a
miles a los juzgados de todo el país, obstaculiza las investigaciones.
La Justicia en la Argentina atraviesa un momento de letargo mortal. Algunos sectores viven una
realidad que los pone dentro de un estado de somnolencia profunda y prolongada. Recientemente se
conocieron detalles del colapso que sufren los tribunales de todo el país: causas paradas, falta de
personal para afrontar las investigaciones, juzgados con graves problemas de infraestructura. La
conclusión es lamentable y arroja una sentencia preocupante: cada vez es más difícil impartir
justicia.
El obstáculo que pone en jaque a este poder termina siendo funcional a la impunidad que
engloba al país. Ésta es la principal inseguridad reinante, más peligrosa que la termina con la
vida de miles de argentinos.
Esta situación límite generó que los jueces de todo el país encabezasen una manifestación
inédita que pasó desapercibida.
El reclamó sólo se escuchó en el sector, pero desde la Federación de Magistrados propusieron
expandir la mediación como mecanismo de solución de conflictos.
Las cifras que arrojaron son alarmantes: un total de 4 millones de conflictos judiciales por
año y un promedio de 900 causas nuevas por juzgado en la Capital Federal y 4.000 en el interior del
país.
La coyuntura simplifica la idea de que en determinadas materias y lugares no hay justicia, lo
que afecta la legitimidad de un Poder del Estado.
Desde el Estado tampoco se esfuerzan en sostener de manera sólida un argumento que se
contraponga a esta idea de inseguridad jurídica. Hay graves problemas estructurales a la hora de
llevar adelante una investigación policial.
El colapso de la Justicia no es el único dato que termina siendo funcional a la impunidad
reinante. Hay señales desde el Estado que dejan marcas indelebles.
Hace más de un mes que el Banco Nacional de Datos Genético que depende del hospital Durand
está paralizado. Un saldo cercano al millón de pesos retenido por el gobierno de la Ciudad de
Buenos Aires le impide comprar en el exterior reactivos químicos necesarios para avanzar con
diferentes pericias clave en investigaciones
policiales.
Es decir, no se pueden obtener resultados de la muestras de ADN, por ejemplo, de un sujeto
acusado de violación. En la cuenta bancaria de la entidad sólo quedan ciento veinte pesos que no
alcanzan para comprar reactivos como PowerFlex o Identifailer.
El rol que cumple el banco es clave en la investigación policial. A modo de ejemplo,
enmarañados entre la burocracia estatal quedaron paralizadas pericias fundamentales sobre el
aberrante crimen de Mara Matheu, la chica de 16 años que fue hallada muerta en los médanos de una
playa céntrica de Santa Teresita en marzo de 2008.
El área se creó en 1984, producto de una ley nacional, con el objetivo de facilitar la
búsqueda e identificación de los hijos e hijas de personas desaparecidas entre el 6 de noviembre de
1974 y el 10 de diciembre de 1983 que hayan sido víctimas del terrorismo de Estado. Por estos días,
más de cuarenta jóvenes por semana visitan el banco en busca de establecer su identidad. La
respuesta del Estado es clara: no hay plata para estas cosas.