mendoza
El mendocino Alberto Ortega (60) abandonó el sacerdocio en febrero porque se enamoró de una mujer,
de quien espera un hijo que nacerá en tres meses. Ahora vive en pareja y quiere casarse.
Natalia Sosa
uno_mendoza@diariouno.net.ar
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No más misas. El padre Alberto Ortega se ordenó en el 2000 y tras nueve años pidió dejar el ejercicio del sacerdocio.
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Fuente: Nicolás Galuya / Diario UNO
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No más misas. El padre Alberto Ortega se ordenó en el 2000 y tras nueve años pidió dejar el ejercicio del sacerdocio.
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Fuente: Nicolás Galuya / Diario UNO
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Recuerdo. Ortega junto a dos niños que tomaron la comunión en la parroquia Santa Ana.
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Fuente: Nicolás Galuya / Diario UNO
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El sacerdote mendocino Alberto Ortega (60) se paró frente a sus fieles de la parroquia Santa Ana,
de Guaymallén, y les comunicó lo que nadie esperaba oír al terminar la misa: “Me retiro de la
Iglesia para empezar una nueva vida después de nueve años de servicio dedicados al prójimo”.
Su cambio de hábitos respondía nada más y nada menos que al hecho de que se enamoró de una
mujer, de quien espera un hijo, y quiere llevarla al altar. Aunque esos motivos no fueron revelados
en ese momento.
El anuncio inesperado lo hizo el domingo 14 de febrero, justamente el Día de San Valentín,
frente a los vecinos del barrio Santa Ana, quienes conocían al cura hacía seis años. En su lugar
asumió Enrique López (39), quien reside en la casa parroquial ubicada detrás de la iglesia, en la
esquina de Copiapó y Chile.
El clérigo había anticipado su decisión al arzobispo José María Arancibia en diciembre
pasado. En ese entonces su pareja –con quien viviría en Las Heras– se habría enterado de que estaba
embarazada, ya que se estima que en tres meses dará a luz.
Sin embargo, los feligreses de esa comunidad no tenían la menor sospecha de que Ortega quería
dejar el sacerdocio para ser un padre de familia. Incluso trascendió que ya tendría otro niño –a
lgunos dicen que es una nena– con la misma mujer, oriunda de San Martín.
Todos recibieron la noticia como “un balde de agua fría”, según sus propias palabras. Sus más
allegados desconfiaron de la novedad a pesar de que ayer fue confirmada por Marcelo De Benedectis,
vocero del Arzobispado de Mendoza, tras lamentarse por la pérdida de valores en la sociedad.
Varios vecinos se mostraron descontentos con la trascendencia pública del caso. “Los medios
sólo quieren desprestigiar a la Iglesia Católica”, apuntó la dueña de un mercadito emplazado frente
a la Capilla del Rosario, donde el cura celebraba las misas dominicales.
También coincidieron en rescatar la labor de Ortega como religioso. De todas maneras lo
caracterizaron como alguien “metido para adentro, no contaba nada de su vida privada y tampoco
invitaba a nadie a su casa”, recordó Luis en compañía de su esposa, Rosa, ambos colaboradores
cercanos de la parroquia.
Daniel, uno de los encargados de un taller mecánico, donde el cura llevaba su auto a reparar,
no opinó lo mismo. Comentó que tenía muy buen humor y que se divertían contando chistes, además de
juntarse a comer algunos fines de semana. “Hace dos meses me dijo que iba a venir a visitarme pero
nunca más lo volví a ver. Y ahora creo que menos”, relató el hombre. “Pero jamás hablamos con él de
mujeres ni de nada parecido”, acotó uno de sus compañeros de trabajo.
Alberto se ordenó sacerdote en el 2000 y este año recibió una dispensa ministerial para
liberarse del ejercicio de todas las cargas sacerdotales, lo que autorizó Arancibia a pedido suyo.
En cambio, la determinación de abandonar el celibato corre por cuenta del papa Benedicto XVI, paso
que tendrá que esperar para poder casarse. Mientras tanto, ya no ejerce su cargo de cura,
pero sigue siendo sacerdote.
Ahora habrá que ver cómo sigue esta historia.