afondo
En nuestra cultura se ha difundido que las fantasías sexuales son “ideas sucias”, extendiendo el
concepto del acto de pecar a la imaginación.
Marcela Furlano
mfurlano@diariouno.net.ar
El sexólogo Andrés Flores Colombino (del Instituto Kinsey de Sexología) empieza su artículo “
Fantasías sexuales. El límite de lo real” con una frase contundente: “Son como los fantasmas. No
son reales, pero existen. Que las hay, las hay”. Y es más, se vale de sus colegas Angelo Monessi y
Oswaldo Rodríguez, quienes afirman que las mismas son a la sexualidad como la respiración es para
la vida. Pavada de importancia tienen entonces.
¿Por qué muchas personas afirman entonces que no las tienen? Este especialista sostiene que
todos tenemos este tipo de fantasías, pero que en algunos casos permanecen a nivel inconsciente y
esa persona, por diversos motivos, no permite que ellas afloren de forma espontánea. Y nuestra
cultura juega un rol importante en este mecanismo.
Ni siquiera lo pienses
No sólo por cuestiones de índole religioso se ha extendido en muchas sociedades la idea de
que las fantasías sexuales son “malos pensamientos”, censurables en nuestra psiquis aunque el acto
no llegue a concretarse y que es una transgresión aceptar las imágenes que esas ideas nos sugiere,
sobre todo si se refieren al incesto o a la homosexualidad.
Pero las fantasías son absolutamente legitimadas en los estudios de la sexualidad humana,
precisamente porque ellas son uno de los pilares esenciales que nos diferencian de los animales. El
hombre es el único ser que primero fantasea con una actividad que luego, aunque con variantes,
llega a realizar. ¿Pero son importantes? Tanto, que en los diccionarios de sexología –palabras más,
palabras menos– las definen como representaciones imaginarias que estimulan y/o acompañan los actos
sexuales, que permiten trascender la realidad y se constituyen en una actividad erótica
fundamental.
Dormidos y despiertos
El doctor Gilbert Tordjman al estudiar las fantasías mencionó una secuencia de estas
actividades: recuerdos inconscientes, fantasías inconscientes, sueños nocturnos, sueños diurnos o
ensueños y proyectos conscientes.
En estas categorías se advierte que las experiencias de nuestras vida pueden ser material de
nuestras fantasías, ya sea que las soñemos o las construyamos en nuestra vigilia. Pero también los
estímulos que nos llegan de la televisión, libros, charlas, pueden dar lugar a nuevas creaciones de
nuestra imaginación. Flores Colombino da como ejemplo el comprobado efecto que tienen las películas
pornográficas, vistas en soledad o en pareja, en la estimulación erótica de nuestra imaginación.
Su función
La importancia de la imaginación aplicada al sexo es tal que este especialista coincide con
otros colegas al afirmar que las fantasías:
- Intensifican el placer sexual, porque no sólo complacen los deseos conscientes, sino los
inconscientes y los más secretos, los que incluso no se atreverían a confesar a nadie.
- Economizan la realidad, porque hacen que lo posible pueda concretarse en el plano
imaginario y proveen importantes estímulos para la masturbación.
- Realizan los deseos insatisfechos, porque en la imaginación la persona tiene sexo con quien
quiera, con cuantos quiera, en el lugar que sea y como sea, porque no la afectan las barreras de la
censura.
- Se constituyen en un acto creativo en sí mismo, porque una persona que sienta que su
realidad está empobrecida o que no está satisfecho con ella pero no se anima a cambiarla, puede
alcanzar su plenitud y satisfacción a través de las fantasías sexuales.
Dejaremos para la semana que viene el análisis de su rol en la masturbación y las fantasías
de los homosexuales.
Las fantasías recurrentes
El doctor Andrés Flores Colombino puntualiza los tipos de fantasías que aparecen
tanto en el coito como en la masturbación. En esta categorización analiza por separado las
fantasías de homosexuales y lesbianas, que ampliaremos en otra nota.
Para los heterosexuales la fantasía que más se repite se refiere a la triangulación. Pueden
aparecer ideas de manera consciente o no que consisten en la imagen de una tercera persona,
conocida o no, por la cual quien fantasea se siente atraído. La misma puede ir desde imaginar el
cuerpo desnudo o partes de él hasta verse en pleno acto sexual con ese hombre o mujer.
Flores Colombino afirma que el psicoanálisis refiere que la presencia del tercero obedece a
la necesidad de “revivir el triángulo edípico y aparecen fantasías coitales con la madre o el padre
y otras figuras del campo incestuoso, como hermanos, hijos...”. En estos casos suele ocurrir, como
no pasa cuando se fantasea con contenidos no incestuosos, que la fuerza de la fantasía provoque
inhibición del deseo, de la excitación o que incluso impida llegar al orgasmo. Pero también hay
personas que fantasean exclusivamente con la persona amada y esto también es muy frecuente. Es
decir que hay hombres y mujeres que son fieles incluso en su reservado mundo imaginario.