El 47,8% de los mendocinos fue víctima o testigo de acoso sexual en el trabajo
Lo confesaron 1.092 lectores en la encuesta de la versión digital de Diario UNO. No hay una
legislación que los ampare y un intento fue vetado hace tres años
Desde diciembre del 2005 está dormida en la Comisión de Legislación de Asuntos Constitucionales
(LAC) la Ley Nº7.448 sobre Violencia Laboral, que fue sancionada por ambas cámaras y vetada por el
Ejecutivo. Prevé en sus artículos un castigo para quienes incurran en acoso sexual.
Lamentablemente, hace tres años que no logra promulgarse y en ese tiempo muchos trabajadores han
callado y padecido el abuso.
En una encuesta de la versión digital de Diario UNO participaron 1.092 lectores. Casi la
mitad declaró que fueron acosados sexualmente o testigos de una aberración.
Si se suman los que respondieron que son capaces de defenderse ante la primera insinuación,
resulta que el 65% es víctima hipotética o consumada.
Sólo 104 se atrevieron a denunciarlo, de los que 26 lograron que castigaran al victimario.
Hay precedentes
En la Cámara de Empleados de Comercio no hay una estadística sobre las experiencias
de acoso sexual, pero la psicóloga que atiende estos casos, Ana María Raviolo, aseguró que ha hecho
terapias a trabajadores que entran en crisis de pánico, fobias, desánimo y ansiedad tras ser
hostigados morbosamente.
En la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), Raquel Blas manifestó que en el último tiempo
conoció a seis enfermeras que denunciaron acoso sexual, al igual que dos empleados de la
administración central.
En ambas entidades se procede a enviar una carta documento al empleador para que notifique al
acosador y cese el hostigamiento. Simultáneamente se asiste psicológicamente a la perjudicada. En
pocos casos se solicita una audiencia en la Subsecretaría de Trabajo para culminar con una demanda
laboral.
Blas confesó que es poco probable llegar a buen puerto con estas querellas, porque al no
existir una legislación que ampare a la víctima, ésta prefiere callar para no perder el empleo o,
si opta por defenderse, se encuentra con que es difícil tener testigos. También suele
autosilenciarse por vergüenza o miedo a que la tilden como la causante del abuso.
“Al ser dificultoso generar pruebas, se envía una carta documento caratulada como ‘acoso
laboral’ y se contiene al compañero. Lamentablemente no se inicia una investigación y el acosador
reincide”, manifestó.
Falta amor propio
La líder gremial contó que otra paradoja de esta problemática social es que la
víctima no toma conciencia de qué actos son de carácter abusivo, por lo tanto se le informa cuáles
son los límites que se deben esperar de un colega o superior.
“Aun así –puntualizó– hay personas que no terminan con el tratamiento y a los tres años están
de vuelta, por un nuevo acoso ya sea de un jefe inmediato o, como ha sido común, de un empleado de
planta que se propasa con uno contratado, quien, por sus condiciones precarias de trabajo, aguanta”.
