Un dibujante destacado en Europa hace ahora el humor periodístico de UNO

Gusi (Gustavo Bejer), trabajó en los periódiócos españoles El País, El Mundo, La Vanguardia,
Público, El Periódico, Diario 16, Avui, El Economista y El Observador, entre otros. Ahora, sus
chistes de actualidad están todos los días en la página 2 de
Diario UNO y en la columna derecha de
diariouno.com.ar.
Las caricaturas, las buenas caricaturas, no son un mero subrayado gráfico de los rasgos de un
rostro o un cuerpo. Son más bien radiografías: iluminaciones que dejan ver lo que parecía trivial o
descubrir lo que directamente no veíamos. La diferencia es que el radiólogo trabaja fríamente y
mostrando “lo que hay”, sin más. El caricaturista, en cambio, no sólo descubre, sino que además
reelabora el cuerpo radiografiado de modo que veamos eso que debíamos mirar. Como un mago, esconde
y señala, oculta y revela.
Como un mago, debe sorprender. Y sorpresas son las que trae a montones Gusi, el caricaturista
y dibujante que desde hace una semana es autor del humor gráfico que acompaña a Diario UNO en su
segunda página. Sus trabajos, que han ilustrado medios gráficos de Europa (especialmente España) y
Argentina, son capaces de estremecer no sólo por su belleza y precisión técnicas, sino también por
esa virtud de mostrarnos los datos de la realidad y de sus habitantes, pliegues insospechados.
Gustavo Bejer (tal el nombre de Gusi) se adentra en esta charla en los meandros de su propia tarea
y nos confirma que trazar una caricatura es cualquier cosa menos imponer una mirada superficial.
–A los mendocinos que te conocen menos que los rosarinos nos gustaría conocer un poco más de
vos, en primera persona. Te pediré algo difícil: ¿podrías resumirnos tu trayectoria en todo el
mundo?
–El grueso de mi trabajo lo he desarrollado para medios de prensa españoles. Comencé haciendo
humor en la revista El Jueves, pero en aquellos primeros años ’90 surgieron simultáneamente cuatro
o cinco diarios nuevos, lo que, sumado a una cierta efervescencia de la gráfica en la prensa
impulsada por el, en aquel entonces, naciente diario El Mundo, supuso una cierta demanda de trabajo
y me volqué casi enteramente a dibujar en los diarios. De pibe además de dibujar me tiraba mucho el
periodismo, de modo que pude darme el gusto de juntar los dos berretines. Dibujé entre otros para
El País, El Mundo, La Vanguardia, Público, El Periódico, Diario 16, Avui, El Economista, El
Observador, y unas cuantas revistas: Magazine (de La Vanguardia ), El Cultural (revista de El
Mundo), Ajoblanco, Dinero, Cuatro Semanas, Le Monde Diplomatique, etcétera. En medio de tanta
promiscuidad laboral fui pasando por la ilustración de opinión, la caricatura, el humor, en fin,
todos los compartimientos de la gráfica periodística. Hace tres años comencé a publicar un dibujo
humorístico diario en el UNO de Entre Ríos y así llegué a Mendoza.
–¿Cuál es el desafío para un dibujante que hace una tira diaria?
–El infierno tan temido es quedarse en blanco. Sobre todo porque en mi caso, como en los de
muchos colegas, además del dibujo humorístico de cada día hay otros dibujos que hacer y entonces
sucede que mientras con una mano estás peleando con una caricatura con la otra estás dándole color
a una ilustración al mismo tiempo que estás exprimiendo la sesera con el chiste y/o la
interpretación gráfica de un artículo de opinión que siempre, siempre, hay que entregar dentro de
cinco minutos.
–¿El hecho de trabajar contra el reloj te convierte un poco en periodista?
–Más que la endémica escasez de tiempo, lo que aproxima el periodismo a nuestro trabajo es
la dinámica de tener que interpretar la realidad y transformarla en información, en este caso
gráfica.
–A pesar de que suelen decir que la Argentina es pasto para los humoristas e historietistas,
¿no compite esta realidad con el humor?
–Si te digo que la realidad es poco seria me estoy quedando corto. La realidad es delirante.
–¿Hay historietistas que te influyeron especialmente?
–De chico consumía muchísimas historietas pero no las leía, solamente me interesaban los
dibujos. El primer dibujante que me produjo un deslumbramiento que nunca más se apagaría fue el
viejo Breccia. Maestro absoluto. Lo conocí a través de la colección de revistas Patoruzú y
Patoruzito de mi viejo, que fueron el mejor alimento de mi infancia y adolescencia, afortunadamente
sin televisor. De modo que pasé mi infancia consumiendo historietas de la generación de mi viejo.
Vito Nervio, con sus escorzos expresionistas y el contraste vertiginoso de sus blancos y negros,
fue como un cross a la mandíbula para mí. También Aurelio el audaz, del gran Mottini, y muchísimos
más, pero el viejo Breccia marcó una cumbre temprana e insuperable en mi admiración. De los
historietistas de humor por la misma época del flash Breccia me impactó Battaglia, el creador de
Don Pascual, Mangucho y Meneca, una historieta absolutamente delirante. Después fui descubriendo a
muchísimos más.
–¿Cómo describirías la manera en que tiene que “mirar” un dibujante los rostros de las personas
sobre las que va a trabajar una caricatura?
–Hay que interpretar la cara para llegar a través de ella a la esencia de la persona a
caricaturizar. A veces se consigue, a veces no. Hablo de la caricatura que me interesa, que no es
la simple exageración grotesca o ridiculización de unos rasgos físicos.
–¿Qué tiene que hacer un dibujante para destacarse en un momento como el de hoy, donde hay no
sólo grandes dibujantes, sino también muchos medios para acceder al conocimiento de sus obras (en
internet, por ejemplo)?
–El éxito pertenece a los dioses, pero el heroísmo es de los hombres. Con esto quiero decir
que a uno lo que le queda es laburar, laburar mucho, mantener siempre vivas las ganas de aprender.
Y a dibujar se aprende dibujando y mirando a los que saben más, que son muchos y siempre están a
mano en una revista, un diario o un libro. Luego lo de dar a conocer el propio laburo es otro tema.
Supongo que internet ofrece aperturas interesantes como escaparate, aunque yo personalmente no lo
he constatado.
–Si pudieras elegir a alguien que dibujara una caricatura de tu rostro, ¿qué artista te
gustaría que lo hiciese?
–Te voy a nombrar dos, sin ninguna duda: Hermenegildo Sábat y Cassio Loredano. ¿Ves? Esos
dos elevaron la caricatura a ese escalón superior de perfección, lirismo o poesía que algunos –yo
también llamamos arte.
