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lunes 26 de septiembre de 2016

Su cuenta pendiente

De chica sexy de tapa de revista a súper mamá de dos hijitos y pareja de Luciano Castro. Los secretos de su radical cambio de vida y sus impresiones sobre su paso por el Bailando por un sueño.

Sabrina Rojas (36) se luce en el Bailando por un sueño. Honesta, la mujer de Luciano Castro y mamá de Esperanza (3) y Fausto (1) reconoce: "Reaparecí con todo y en un programa con el perfil muy alto. Me llegó en el momento justo. Tal vez, si me lo hubiesen ofrecido el año pasado, no me hubiese animado, no estaba con la cabeza preparada para tolerar semejante show. Pero ahora estoy en un momento en el que tengo ganas de laburar, de ponerme linda. También me sentía lo suficientemente tranquila para enfrentar cualquier cosa. Fui mamá, al toque lo volví a ser y el puerperio y esas cosas te sacan de tu eje, hace que sólo pienses en los chicos, y que no tengas capacidad para otra cosa. Ahora, que los nenes crecieron un poco, uno puede liberar un toque la energía. La maternidad me trajo seguridad. Este es mi tercer Bailando por un sueño y es el que más estoy disfrutando. Además, como entrenamiento físico hay que aprovecharlo porque yo no entreno todos los días de mi vida. Los cambios físicos son ciento por ciento positivos. Se te van fortaleciendo los brazos, la panza, está bueno".

"Estoy flaquita. Antes era más voluptuosa. No sé qué me pasó, te juro por Dios. Es como que me consumí, no sé... por eso, tengo que tener cuidado con la alimentación, tengo que tratar de comer, porque si no tiendo a adelgazar mucho".

Con respecto a los cambios hormonales dijo: "Mirá lo que te voy a confesar, durante muchos años tomé pastillas anticonceptivas. Tengo mucha tendencia a retención de líquidos, y se ve que no me daba cuenta. Pasaban los años y las seguía tomando. Y cuando dejé de hacerlo, se ve que el cuerpo se desinfló. Fue eso lo que me tenía tan voluptuosa. Y ahora este es mi cuerpo real. No cambié mi alimentación. Sí, tal vez, como más sano que en aquella época porque una va tomando más conciencia, pero no me hice vegana ni nada. Sigo comiendo pizza, hamburguesas, asado. O, capaz, el tema es que una come más ordenado que cuando era más joven. Además, en aquel momento laburaba todo el día, estaba sin dormir, pasaba de largo y comía lo que podía. Pero no cambié la alimentación de una forma drástica.

Luego agregó: Con Luciano no comemos frituras. Una milanesa, en vez de hacerla frita, la hacemos al horno. Pero me parece que hoy por hoy lo hace casi todo el mundo, que tiende a cuidarse más, va cambiando la mentalidad de la gente. Al contrario, yo tengo que hacer una dieta para engordar. Si me cuido quedo muy flaquita. Tengo que meterle power a la comida para mantenerme así. Por suerte, le entro a todo con ganas. Ahora tengo 36, y tal vez a los 40 tenga que hacer dieta porque como un alfajor y engordo.

–Cuando mirás para atrás y te ves en la tapa de Paparazzi luciendo tus curvas, ¿qué pensás?

Hoy, tal vez, posaría en ropa interior pero no me pondría en cuatro. Pero insisto en que tiene que ver con la edad, con que una es madre, con que hay chicas jóvenes muy lindas que lo pueden hacer. Una también tiene que aprender a correrse, porque si no pasás a ser una señora grande ridícula. Tiene que ver con la madurez, con saber que ya no tengo 20 años para hacer eso.

–Con Luciano no se casaron, ¿es una cuenta pendiente?

–A veces lo charlamos. Tenemos días en los que uno o el otro saca la charla, depende de quién se levantó más enamorado. Luciano es un romántico. Igualmente, si nos casáramos no haríamos una gran fiesta. Sería muy nuestro. Como mucho, un civil, para sellar esta historia de amor. Una iglesia requiere de una fiesta, de un vestido, y no da. Lo más importante que podés hacer con una persona es tener hijos. Eso es lo que te une para siempre.
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