jueves 28 de abril de 2016

Chips bajo la piel: ¿una tecnología de identificación práctica o invasiva?

La de estos chips es una tecnología en uso desde 2004. Hasta ahora era para ganado, mascotas y entusiastas del biohackeo.

Hubo diferentes reacciones cuando se anunció la medida de implantar un chip bajo la piel para acceder al estadio del Club Atlético Tigre. Algunos, ante la curiosa modalidad, preguntaron sobre el funcionamiento del sistema, mientras que otras miradas fueron más escépticas y desconfiadas.

Eso sí, el sistema, denominado Ticket Pasión, no pasó inadvertido para el público en general. "Queríamos ser los primeros en el mundo en implementar este sistema. Es lo mismo que llevar el carnet del club, y está en una etapa experimental", dijo Ezequiel Rocino, secretario general del Club Atlético Tigre, y la cara visible de esta particular iniciativa.

No brindó detalles sobre el origen, marca y precio de los componentes utilizados, aunque aclaró que fueron importados de Estados Unidos, y que en esta primera instancia fueron los mismos integrantes del club quienes pusieron a prueba el sistema de chip RFID (Radio frecuency identification, identificación por radiofrecuencia), del tamaño de un grano de arroz, encapsulado en un pequeño contenedor de vidrio, que se comunica de forma inalámbrica con el receptor.

De esta forma, los datos almacenados en el implante pueden llegar a un sistema informático para procesar dicha información: en este caso es la identificación del socio del club, aunque sus usos prácticos comenzaron hace más de una década en el sector médico.

Los antecedentes

No es una iniciativa nueva, ya que este tipo de implantes se remonta a 2004, cuando la firma VeriChip logró la autorización de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) para comercializar este sistema para usos médicos. Mediante este sistema la compañía planeaba confirmar la identidad de una persona, el tipo de sangre y hasta el historial médico de un paciente inconciente.

Sin embargo, su uso práctico se extendió a otros segmentos, tanto para el seguimiento de personas por cuestiones de seguridad e incluso para registrar e identificar a clientes de un club nocturno en Barcelona.

De forma previa, el uso de chips RFID estaba limitado a la identificación de ganado y de mascotas. Cuando se intentó extender su aplicación a los humanos, por lo general se encontró con el rechazo y las críticas por ser un sistema invasivo a la privacidad de las personas. En 2006 una empresa de seguridad y videovigilancia Citywatcher.com implementó este sistema en un grupo de empleados voluntarios para facilitar el acceso a determinadas áreas de la compañía. Ante las críticas recibidas por organizaciones defensoras de los derechos digitales, la firma dijo que el programa era voluntario, y nadie estaba obligado a registrarse.

VeriChip terminó por transformarse en una compañía nueva, llamada PositiveID, y tuvo algunos intentos por reconvertir esta tecnología al sector financiero.

Sí tuvo una gran adopción dentro de la comunidad de entusiastas del biohacking, que buscan promover este tipo de tecnología para automatizar tareas cotidianas, tales como desbloquear un teléfono móvil, ingresar a una computadora, una casa o a un auto. Desde 2005 Amal Graafstra es una de las personas que, de forma voluntaria, decidió implantarse varios chips RFID en sus manos para mostrar las bondades de este sistema.


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