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viernes 21 de abril de 2017

Mecenas, el libro que retrató a los argentinos ilustres que fomentan la inclusión social

Los elegidos integran una lista de personalidades talentosas, destacadas en lo suyo, pero que también dedicaron parte de su vida a los otros. El fotógrafo Horacio Agulla reunió desde su lente a Margarita Barrientos, el padre "Pepe", Carlos Fayt, Carlitos Balá, María Fux, entre muchos otros. Una serie de retratos de hombres y mujeres que dedicaron su vida a las realizaciones ajenas.

Los mecenas son transformadores. Son personas que provocan un cambio en la sociedad desde su gran o pequeño rincón en el mundo. Aunque la figura del mecenas está intrínsecamente relacionada con la industria del arte, no siempre está relacionada con la cultura. Muchas veces representan la inclusión social y fomentan una conciencia participativa desde diversos ámbitos.

"Facilitadores de los sueños y las posibilidades del prójimo". Así describe a estas personas el fotógrafo cordobés Horacio A. Agulla, quien reunió en su libro "Mecenas" 43 retratos de gente que aboca su vida a la realización del otro, y no sólo con dinero, sino con una dedicación humanitaria que en muchos casos salva vidas. La colección de fotos es profunda, personal y abarcativa. Se destacan Margarita Barrientos, fundadora del comedor social Los Piletones, la artista y productora Teresa Costantini, que pone su foco en las mujeres, Luis Ovsejevich, que estimula la ciencia y las artes y Carlitos Balá, que logró entretener a tres generaciones con un humor sano e inocente.

-¿Cómo nació la idea de "Mecenas"?

Fui a retratar para una sesión de fotos al doctor Alejandro Cordero, un médico dermatólogo muy famoso. A él y a los cantantes del colón que él representaba, porque es presidente de la Fundación del Teatro Colón. Él los llevó a audicionar a los lugares más importantes del mundo, como Nueva York, París o Viena. En esta sesión de retratos, charlando con ellos, quedé realmente impactado por la relación de generosidad y amor que se había creado entre ellos. Sentí una obligación de decir algo de esto que había vivido, y de hacerlo a través de mi mundo, que es la fotografía.

Entonces comencé a buscar mecenas, pero después me doy cuenta de que en realidad me seducía la idea de no sólo retratar a aquellos que con dinero podían ayudar a otros a realizar, sus tareas sino desde un espectro mucho más transversal: personas ricas y pobres que a través de su trabajo eran facilitadores de los sueños de los otros. Hombres y mujeres que ayudan desde el amor y la generosidad, desde una forma de vida, a que otros puedan cumplir sus sueños.

Desde mi visión, el libro está encarado desde el lado de la generosidad, y no sólo desde el aporte del dinero. Cómo desde las distintas industrias uno puede ayudar al otro. Lo primero que hice fue una exposición de fotos en el Centro Cultural Recoleta, y como sentí un enorme apoyo por parte de la gente y la necesidad de hacerlo crecer, convoqué nuevos mecenas con la idea de hacer un libro. En realidad nace como un homenaje a esta gente que es muy generosa y termina siendo, como en la mayoría de las cosas que encaro, algo que me nutre a mí y me hace crecer como persona. La fotografía es eso.

-¿Por qué cree que los mecenas representan inclusión social y conciencia participativa?

Margarita Barrientos es un claro ejemplo. Es una mujer que se inicia desde la pobreza absoluta y "cirujeando" para darle de comer a sus hijos, y después se dio cuenta de que "cirujeando" le podía dar de comer a más chicos, y hoy le da de comer a más de 2.500 chicos y ancianos. También los médicos que crean fundaciones para poder ayudar a las familias de los niños trasplantados, o un diseñador como Ronald Shakespear que ve en el diseño la forma de mejorar la vida. Un hombre como Fayt, con tantos años en el derecho y una humildad y una vocación gigantesca. "Mecenas" me hizo crecer porque me encontré con gente gigante, con gente llena de amor, con gente dedicada al prójimo.

-¿Quiénes fueron los mecenas que lo apoyaron a usted a lo largo de tu carrera?

Básicamente es una. Y no a través del dinero. Es mi socia, Ewa Dominika. Ella es la persona que me ha apoyado emocionalmente, psicológicamente, amorosamente. Es la amiga que me ayudó a poner en palabras las cosas que yo iba haciendo, que me ayudó a acomodar las ideas, que me ayudó a encontrar la visión del otro. Y sí, a lo largo de mi carrera amigos míos empresarios me han ayudado, pero ella es mi mecenas.

-¿Quién de todos los retratados le fascinó más fotografiar?

Margarita Barrientos fue muy importante, porque ella además estaba pasando por un momento muy duro de su vida. El doctor Carlos Fayt también. Al principio de la entrevista fue casi una persona casi agresiva, y después se transformó en una persona encantadora. Eran los últimos momentos de su vida. Recitó poesía, y me dí cuenta de que estaba dedicado totalmente a escribir libros y a la gente joven. Logramos una afinidad absoluta. Fue un crecimiento enorme fotografiarlo. Casi todos me dieron algo, porque yo soy alguien que provoca que la persona saque quién es en realidad. Y a veces si tengo que hacer enojar a la persona, la hago enojar, porque me doy cuenta de que es más natural que esté enojado que sonriendo.

Fotografiar al doctor Albino también fue increíble. Es una persona generosa, con ganas de conversar y contarte sus experiencias relacionadas con la desnutrición y la niñez. El padre "Pepe", con todo lo que hace en las villas, poniendo en peligro su vida permanentemente para sacar a los chicos del paco. Es increíble, formidable. Hay tipos de una simpatía increíble, como Carlitos Balá, Juan Carlos Saravia, un monstruo. Hasta mi hermano, Ramiro Agulla o Eugenio Burzaco, que lucha con la seguridad desde un lugar totalmente distinto, un lugar más humano, donde el ser humano es un factor importante.

-¿Por qué eligió fotografiar a los sujetos en sus espacios personales?

Porque quiero contar su historia. Estoy mostrando su hábitat. Antes de retratarlo le pregunto cuál es el lugar de su casa o del trabajo donde se siente más cómodo. Eso es lo que he buscado, no sólo que se sienta cómodo sino que al mismo tiempo ese lugar nos cuente algo.

Cuando yo estoy sentado en la máquina, eso que pasa entre esa persona que estoy retratando y yo, esos momentos son los que a mí me nutren. Yo en ese momento no estoy pensando cuán importante puede ser para ellos o no, si ellos se sienten desorientados, porque normalmente lo que he encontrado es pudor. La verdad es que la mayoría de los retratados han sido pudorosos, por haber sido retratados con este concepto.

-Sus fotografías son sinceras, sin alteraciones. ¿Qué piensa del Photoshop como herramienta del fotógrafo?

Como todas las cosas. El Photoshop es una herramienta fantástica, lo que puede ser malo es lo que uno hace con ella. Yo creo que lo que no hay que cambiar es la esencia de la foto. El Photoshop nos ayuda muchísimo. Está más relacionado con mejorar lo que ya está, resaltar lo que ya tenemos, no en cambiar la realidad o la persona. Darle más brillo en los ojos, pero no sacarle una arruga. Si se abusa y se pierde la esencia de la obra no me gusta, no estoy de acuerdo.

-¿Qué representa el arte para usted?

Es una pregunta que parece fácil pero es muy difícil. Hay artistas buenos y malos y eso no quiere decir que los malos no sean artistas. Es una forma de ver el mundo o de sentirlo y transmitirlo y querer contarlo desde distintas disciplinas con distintas herramientas. Pero yo en realidad no sé si puedo hablar de arte. Yo soy fotógrafo; yo soy una persona que toma retratos. Me encanta el fotoperiodismo, me encanta la fotografía testimonial, me encanta retratar la realidad, lo que está pasando.

Me fascina la fotografía. Soy retratista porque me fascina la gente y siempre que estoy frente a alguien con mi máquina soy una persona que se transforma, y generalmente siento que mi trabajo me excede, que mi trabajo es mejor que yo. Es una sensación. No digo que sea así, pero me pasa que veo algunas fotos y siento que hay algo más ahí, mucho más profundo.

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