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lunes 13 de febrero de 2017

Mario Gutiérrez, atleta paralímpico dueño de un récord Guinness y muy solidario.

Marito no conoce de límites. Los desafíos movilizan a este mendocino de 54 años, que acaba de romper el récord Guinness de mayor distancia recorrida en una silla de ruedas en 24 horas y no para de ayudar.

El atleta nacido en Las Heras se crió en una familia muy humilde: "Soy el segundo de cuatro hermanos, de los cuales quedan tres, ya que el mayor falleció en un accidente traumático. Ahí quedé como el hermano mayor, aunque de mayor no tenga nada", contó entre risas. Un capítulo especial en la vida de este atleta merece su familia y su mamá. "Adquirí mi enfermedad –poliomielitis– a los nueve meses de edad, la famosa parálisis infantil. Fueron los últimos coletazos de la epidemia y, en mi caso, alcanzaron a salvarme de la cintura para arriba. Tengo secuelas, pero puedo caminar porque hice muchísimos años de rehabilitación", resumió Mario y recordó el sacrificio de su mamá caminando kilómetros y kilómetros con él alzado para llevarlo varias veces por semana a rehabilitación a IRPI.

Pero esa dificultad no lo detuvo. Todo lo contrario. Hace algunos meses se puso como objetivo ingresar al Guinness, y lo logró al recorrer 210,681 kilómetros en 24 horas. La marca anterior pertenecía al portugués Mario Trindade, con una distancia final de 182,400 kilómetros recorridos entre el 3 y 4 de diciembre de 2007. "Dentro del reglamento que establece el Guinness tuve que cumplir con dos horas 45 minutos de actividad y solamente 15 minutos para asistencia médica", explicó Gutiérrez.

El hombre que nació en Las Heras afirmó que su discapacidad nunca lo estancó. "En eso tuvo mucho que ver mi madre, que nunca me sobreprotegió", relató. En su currículum aparece con más de 30 años en el deporte adaptado, varias maratones disputadas a nivel internacional y cruces de la Cordillera de los Andes.

"Más allá de récord mundial tenía un objetivo claro: fomentar el deporte como medio de inclusión y ayudar a cambiar la visión que la gente tiene del deportista con discapacidad", explicó Gutiérrez, quien agregó: "Tienen que vernos como deportistas comunes, simplemente que lo hacemos de una forma adaptada y en alto rendimiento".

Gracias a la constancia de su madre, quien también pasó mucho tiempo en cuarentena con Mario en el hospital y el apoyo del resto de la familia, empezó a caminar a los 5 años. "Aprendí a caminar arriba de los pies de mi papá, mientras él caminaba para atrás, después me soltó y en las casas de antes no tenían medianera (quedaba una separación entre casa y casa), sino un pasillo. Me daban un palo de escoba para que agarrara, por si me tambaleaba, el palo pegaba en la pared y no me caía. A pesar de todo, fue muy linda mi infancia porque nunca me estanqué por mi discapacidad, y mi mamá nunca me sobreprotegió", relató el joven.

Hasta que llegó el amor

"Claro que tuve bajones, como en la adolescencia o la juventud cuando empezás a pensar cosas como: "¿cuándo me voy a poner una malla?", "¿cuándo me voy a poner de novio o cuándo me voy a casar?". Se me pasaban mil cosas por la cabeza, yo era el que se enamoraba pero le daba miedo decirlo por si la chica no sentía lo mismo", explicó.

Mario no sólo se enamoró de Inés, quien es su esposa desde hace más de 20 años, sino que esos momentos coincidieron con sus inicios en el deporte pero a nivel profesional, ya que desde chico amaba la actividad física y la ponía por encima de cualquier otra cosa: "Le decía a mi mamá que iba a la escuela y me iba al Club Gimnasia y Esgrima temprano y le ayudaba al profesor a limpiar y ordenar, porque no tenía cómo pagarle, ahí hacía ejercicios a la par de los demás, sin excederme porque no puedo aumentar mi masa muscular", contó, y sintetizó ese momento de su vida: "Fue una época muy linda de mi vida porque empecé a quererme a mí mismo, a desarrollarme y a adquirir conocimiento sobre la discapacidad".

Comienzos de un gran atleta

Mario recordó que estaba por terminar el secundario cuando entró en la selección nacional, lo que lo obligó a priorizar el deporte y así llegó a convertirse en el número dos de la Argentina desde el 98 hasta el 2005. La mayor parte de su carrera deportiva la hizo en Mar del Plata, con un profesor que se ofreció a entrenarlo gratis, para lo cual viajaba a la ciudad costera y como no tenía dinero para mantenerse, se internaba en la Clínica de Rehabilitación Psicofísica del Sur. Eso le permitía tener comida y un lugar donde dormir. Claro que no fue el único que se sacrificó, ya que su esposa lo ha acompañado en toda su carrera deportiva y en la mayoría de sus viajes y competencias, y al igual que él, también ha dormido en terminales de ómnibus y viajado en el último vagón. "La Negra es maravillosa", aseguró Mario, quien además de ser su compañera de toda la vida, es la madre de su hija.

"En 1999 quedé entre los diez mejores del mundo en la maratón de Nueva York", contó orgulloso. No sólo el deportista ha representado a la Argentina en distintas carreras internacionales, sino también, a sus 53 años, se trajo un cuarto puesto de la media maratón de Capital Federal. "La silla de ruedas nos iguala a los deportistas que tenemos discapacidad, en mi caso por mi lesión, corro en la categoría T54 que es la más competitiva de todas", explicó el atleta y agregó: "Podes tener los mejores brazos, pero sin elasticidad, entrenamiento y buena cabeza, no podes ganar. Las carreras se hacen con la cabeza y yo soy muy detallista, soy de estudiar mucho, es una ceremonia para mí".

Solidario

Junto a su familia no para de realizar campañas y de ayudar a diferentes personas que lo necesitan sin hacerlas públicas. Desde juguetes para Reyes, ruedas para las sillas de niños con parálisis, entre otras cosas. Ahora consiguió una cama ortopédica para un niño. La verdad que es una tarea admirable en la que lo acompaña mucha gente querida y solidaria.

La actualidad de Marito

Mario, quien tiene un currículum generoso en cuanto a competencias se refiere, reparte su tiempo en trabajar en el Centro de Medicina del Deporte que depende del Ministerio de Deportes de la provincia, donde se evalúa gratuitamente a deportistas en distintas áreas y donde junto a un compañero está a cargo de la entrega de turnos y el seguimiento de las historias clínicas. Este atleta, además de entrenar, también dicta charlas motivacionales a grupos o empresas que así lo deseen a cambio de un aporte que le ayuda a continuar desarrollándose como deportista.

Este campeón reconoce que en otros países los deportistas tienen más apoyo y lo dice por experiencia, ya que tuvo que empeñar una colección de monedas del Mundial 78 para comprar cubiertas, llantas y la rueda delantera de su silla para seguir corriendo. "Soy apolítico y por eso tengo las puertas abiertas donde voy", asegura, y en ese ir de un lado a otro es que mucha gente se e acerca para pedirle ayuda. Su perfil solidario está respaldado por su familia y por muchos amigos que conocen a Marito y colaboran con sus campañas.

Mario contó su próximo desafío: "Quiero subir el Aconcagua, pero mi esposa no me deja"... risas.

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