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miércoles 14 de septiembre de 2016

Logró el sueño de su infancia: hacer su cohete y llegar al espacio.

Pese a una infancia difícil, E. R. Musk consiguió reponerse de todas las trabas de su vida y construir una gran fortuna en apenas una década. Ha triunfado en la industria aeroespacial y automovilística.

La revista sudafricana PC and Office Technology publicó en 1984 una noticia cuanto menos curiosa: un niño de apenas doce años había diseñado el código fuente de un videojuego espacial, con 167 líneas de instrucciones. El mencionado autor era E. R. Musk, un nombre que sin duda daría mucho que hablar.

En la actualidad, ese pequeño prodigio ha construido una fortuna de más de 10.000 millones de dólares. Su carácter polifacético le ha hecho triunfar en dos grandes industrias, la aeroespacial y la automovilística, contribuyendo a avances tan destacables como la consecución de energías limpias y la llegada a Marte.

Es también inversor de tres negocios SpaceX, la primera empresa privada en lanzar un cohete al espacio; Tesla, la primera en comercializar un vehículo 100% eléctrico, y Solar City, la mayor empresa de placas solares de toda Norteamérica.

Un bicho raro

Elon Musk es conocido por sus éxitos, y difícilmente por sus fracasos. Lo que pocos saben es que sus primeros pasos contaron con más obstáculos y caídas que medallas.

Nació en Pretoria (Sudáfrica) en 1971 y es el mayor de tres hermanos. De pequeño era un niño fuera de lo común, un bicho raro. Se quedaba ensimismado en su mundo, con la mirada perdida. Los médicos pensaron que podía ser un tipo de sordera y le extirparon las glándulas adenoides para que mejorara su audición, pero todo siguió igual.

"Se encierra en sí mismo y entonces ves que está en otro mundo. Todavía lo hace. Ahora ya no le digo nada porque sé que está diseñando un nuevo cohete o algo por el estilo", explica Maye Musk, la madre de Elon. En el colegio nunca tuvo amigos, sufrió acoso. A la violencia física de las aulas, tuvo que sumar el divorcio de sus padres y la tortura psicológica de su progenitor.

Este conglomerado de desdichas le hizo encontrar un refugio en la lectura, y quizás fue eso lo que le convirtió en un niño tan adelantado, y es que llegó a leerse todos los libros de la biblioteca de su barrio y la Enciclopedia Británica. Dadas las circunstancias, decidió marcharse de casa a sus diecisiete años. Compró un billete al país de origen de sus abuelos (Canadá), y desde entonces no volvió a Sudáfrica.

Y se hizo multimillonario.

Tras un año trabajando en todo tipo de oficios, en la Universidad de Queen (Canadá) todo empezó a mejorar para el joven. Acompañado de su hermano Kimbal, en el verano de 1994 hicieron un viaje en carretera por Estados Unidos y decidieron quedarse allí a vivir.

Musk hizo prácticas en Silicon Valley y, tras terminar las licenciaturas de Física y Administración de Empresas en la Universidad de Pensilvania (EEUU), en 1995, en plena ebullición del negocio de internet, creó junto a su hermano Zip2, un directorio de búsqueda de negocios enlazado a mapas, similar a lo que hoy es Google Maps.

Cuatro años después, Compaq lo compró por 307 millones de dólares. Con veintisiete años de edad, a Musk le había costado menos de una década dejar de ser un mochilero para convertirse en multimillonario.

Su siguiente empresa fue X.com, uno de los primeros bancos virtuales con el que el joven quería revolucionar el sistema bancario. Unos años después, el nombre de la empresa cambió por el de PayPal, que fue comprada en 2002 por eBay por 1.500 millones de dólares.

El fracaso no tiene hueco en su vida.

Luego llegaría el sueño de su vida: montar una empresa espacial con la que diseñar cohetes a bajo precio que le acercaran a otros mundos. Tras intentar comprar un cohete a los rusos y darse cuenta de lo suicida de la misión, se decidió a construirlo desde cero.

Lejos de conformarse con SpaceX, en 2004 se convirtió en el mayor accionista y presidente de Tesla, por aquel entonces un incipiente negocio que se había propuesto diseñar un vehículo eléctrico.

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