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viernes 28 de julio de 2017

La flecha envenenada, una historia budista que te enfrentará a tu yo

Una gran reivindicación de Buda fue la de vivir el momento presente. Por ello en sus enseñanzas podemos reconocer algunos de los principios que hoy han dado lugar al Mindfulness.

En una colección de textos formados por el Canon Pali, que son atribuidos a Buda y que tienen por nombre Majjhima Nikaya, encontramos diferentes historias, incluida esta de la flecha envenenada. Al parecer, Buda se la contó a uno de sus alumnos más impacientes. El joven estaba deseoso por conocer respuestas a sus preguntas sobre la vida después de la muerte.

Así que Buda le contó que una vez hubo un hombre que había sido herido por una flecha envenenada. Además, cuando sus familiares quisieron buscar un médico para que le ayudara, este se negó.

El herido de muerte dijo que antes de que ningún médico tratase de ayudarle, quería saber quién había sido el hombre que le había atacado, a qué casta pertenecía y cuál era el lugar de origen del mismo. También quiso conocer su altura, su fuerza, el tono de su piel, el tipo de arco con que disparó y si su cuerda se había fabricado con cáñamo, seda o bambú.

Así, mientras continuaba queriendo saber si las plumas de la flecha eran de buitre, pavo real o halcón, y si el arco era común, curvo o de adelfa, murió antes de saber la respuesta a ninguna de sus preguntas.

¿Qué nos intenta decir la historia de la flecha envenenada?

Suena bastante absurda la actitud de un hombre en su lecho de muerte, ¿verdad? Sin embargo, llevando este caso extremo a otras situaciones de la vida, ¿no hay ocasiones en las que nosotros también nos comportamos como el guerrero herido?

Tal vez de forma inconsciente, pero a veces nos centramos excesivamente en cuestiones que realmente son intrascendentes por miedo a afrontar las que sí lo son. Sin embargo, el meollo del asunto permanece desconocido, mientras nos sumimos en asuntos poco relevantes para ese momento.

Así pues, con esta historia Buda trató de enseñar a su alumno como la inteligencia a la hora de separar lo importante de lo prescindible, para un momento dado, puede suponer la diferencia entre vencer a una dificultad y ser vencidos por ella.

Centra tu atención en lo realmente válido

No es que divagar no pueda tener sus beneficios, el problema es cuando este divagar sucede de manera constante sin propósitos concretos. Es decir, cuando hay que resolver un problema, en ocasiones es mejor ir directamente al grano, dejando las ramas para otras especies animales. De lo contrario, es posible que solo consigamos que el problema se haga más grande.

Ve paso a paso

En algunos pueblos se dice que "oliva comida, hueso tirado". Este refrán tan sencillo viene a decir que una vez resuelvas un problema, te centres en el siguiente. A colación viene también el célebre dicho popular de "quien mucho abarca, poco aprieta".

Deja fluir al mundo

También en muchas ocasiones permitimos que demasiados asuntos nos influyan y ronden por nuestras mentes. Sin embargo, tal vez fuera mejor dejar fluir. Es posible que de esta forma evitemos que nuestro cerebro se llene de desazón, ira, tristeza o frustración.

Elimina lo innecesario

Volvemos a la sabiduría popular, que en muchas ocasiones es muy sabia y merece la pena escucharla. "No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita". A veces pensamos que para ser felices tenemos que conseguir adquirir aquello que nos falta. Sin embargo, cuando te acostumbras a vivir con lo básico y profundizas en su conocimiento, descubres que hacía falta tanto. El amor de un ser querido es mucho más válido que cualquier posesión innecesaria, excesiva o cara.

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