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lunes 08 de agosto de 2016

En esta casa hacemos ruido, decimos "lo siento" y nos damos abrazos

Ser familia es permitir que el sonido de la vida nos envuelva y afine la música de nuestras partituras cotidianas, ahí donde existe el respeto y ante todo, la sensibilidad por las necesidades de todos sus miembros.

Algo que todos sabemos es que ninguna casa puede compararse a otra. Cada familia se estructura en base a unas dinámicas y a unos códigos de comunicación propios y exclusivos que no siempre garantizan la felicidad de todos los protagonistas. Es algo realmente complejo.

Los elementos que conforman la psicología de una casa

Una casa es un universo en miniatura, un reflejo de la sociedad puesta bajo un microscopio. Lo que acontece entre esas cuatro paredes y en ese ambiente es una combinación tremendamente poderosa donde los valores, las conductas y las emociones impactan en cada uno de los habitantes de esa familia de una forma determinada.

Ahora bien, los expertos en psicología ambiental nos dicen que todo entorno se constituye por tres elementos básicos y esenciales, los cuales, también vemos en cualquier casa.

· Los factores materiales son esos elementos físicos que confieren a un hogar. Según este enfoque filosófico y estético, la disposición armónica del espacio tiene una determinada influencia sobre las emociones de las personas.

· Los factores personales, por su parte, están determinados por las interrelaciones de las personas que habitan ese espacio, de sus hábitos y su forma de establecer vínculos.

· Los factores mentales son sin duda los procesos más relevantes en las dinámicas familiares. Es aquí donde se hallan los paradigmas, las creencias, los valores, el estilo de personalidad y los condicionamientos propios.

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Un hogar sabio en emociones

Según un interesante estudio recogido en el libro "Emotional Contangion" de Elaine Hatfield una casa no es solo el lugar donde las emociones más se contagian, sino que nuestra conciencia emocional es lo que nos permite crecer como familia nutriendo necesidades, apagando miedos y creando una sintonía excepcional donde nadie sobra, donde todos son indispensables.

· En la casa sabia no es importante estar juntos porque lo esencial es estar unidos.

· La familia enriquecedora contagia emociones positivas a través de miradas que se atienden y que se entienden. No existen los virus del chantaje del todo o nada, del "porque yo lo digo" o del "si haces eso es porque no me quieres".

· En la casa inteligente y feliz habita la luz de las ventanas abiertas, de los corazones empáticos y de esas voces habituadas a hacer ruido, a expresarse con libertad, con autenticidad sin vetos ni miedos.

· En el hogar saludable se aceptan las diferencias, no hay sanciones para los puntos de vista diferentes, todos disponen de sus espacios personales para crecer en dignidad y de los espacios comunes donde compartir ese vínculo digno y feliz de la familia que se adora y que gusta de compartir tiempo juntos.

Una casa es donde conviven nuestras personas favoritas, esas a las que llamamos familia porque han sabido crear un hogar desde el corazón, a través de los afectos más puros y nobles. Porque al fin y al cabo, son esas personas con las que sigues riendo cada día, las que alivian tus lágrimas y las que hacen que la vida merezca siempre la pena.

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