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miércoles 21 de diciembre de 2016

El ingeniero que arregló su propio corazón

Cuando a Tal Golesworthy le dijeron que su aorta corría el riesgo de estallar, no le gustó demasiado la intervención quirúrgica que le ofrecían, así que presentó su propia idea y la llevaron a cabo.

Hace 15 años, Golesworthy se enteró de que, a menos que estuviese dispuesto a someterse a una intervención de cirugía mayor en una de las arterias que transportan la sangre desde su corazón, corría un riesgo cada vez mayor de muerte prematura. La perspectiva de operarse no le hacía mucha gracia; pero aún más preocupante era saber de qué se trataba esta intervención concreta.

Golesworthy no es médico ni investigador médico. Es ingeniero. Pero con una característica confianza en sí mismo consideró que podría encontrar una forma más sencilla y segura de solucionar su problema. Y lo hizo. Después convenció a un cirujano de que lo tomase en serio, se convirtió en el conejillo de indias para la primera operación, y ahora dirige una empresa creada para fabricar implantes como el que él lleva en su propio pecho. Se lo implantaron hace una década, y lo mantiene vivo.

La experiencia de Golesworthy es notable por la persistencia y la determinación constante de este paciente. Tal Golesworthy padece síndrome de Marfan. El hombre al que este nombre recuerda, Antoine Bernard-Jean Marfan, era pediatra en París. En 1896 describió el caso de una niña de cinco años con extremidades y dedos de manos y pies inusualmente largos. No fue el propio Marfan quien dio nombre a la afección, sino uno de sus sucesores. Paradójicamente, ni siquiera es seguro que la niña sufriese realmente lo que ahora se conoce como síndrome de Marfan, pero el nombre se mantuvo.

Es un trastorno de origen genético, bien por herencia o por mutación espontánea. La causa específica de todo esto es un error en los genes responsables de una proteína llamada fibrilina, un componente esencial de las fibras elásticas que se encuentran, entre otros tejidos, en los vasos sanguíneos. La anomalía debilita uno de sus principales vasos sanguíneos, disminuyendo su capacidad para soportar la carga impuesta por la presión que ejerce la sangre en su interior.

Golesworthy tenía cinco o seis años cuando le diagnosticaron síndrome de Marfan. Su padre también lo tenía. La operación convencional, introducida en 1968 y dependiente de un corazón y un pulmón artificiales que sostienen temporalmente el flujo sanguíneo del cuerpo. El inconveniente es que las válvulas mecánicas pueden generar coágulos sanguíneos. Un tratamiento anticoagulante de por vida minimiza el riesgo de embolismo, pero tiene sus propios peligros. Decir que no le entusiasmaba la idea sería quedarse corto. "No me gustaba demasiado la idea de operarme", reconoce, "pero lo que realmente me preocupaba era pasarme el resto de la vida tomando anticoagulantes".

Golesworthy no contempló el debilitamiento de la aorta con los ojos de un médico, sino con los de un ingeniero. ¿Por qué sustituir una tubería en mal estado, se preguntó, cuando sería más fácil reparar lo que ya se tiene? "Me dije, un momento, podemos hacer un escáner de la aorta, usar el CAD (diseño asistido por ordenador), y obtener un soporte completamente hecho a medida. Se puede hacer". Para su intervención quirúrgica, Golesworthy se inspiró en una solución básica de plomería para una tubería que gotea: enrollarle algo alrededor. Esta técnica sencilla ya se les había ocurrido a los cirujanos, pero ellos usaban materiales rígidos; una vez implantados, estos materiales tendían a descolocarse.

Entonces diseñó una cosa más compleja: una cubierta externa, hecha a medida, una manga que impidiera la peligrosa dilatación de la aorta. A su debido tiempo, el procedimiento adquirió un nombre extraño: PEARS, iniciales en inglés de "soporte externo personalizado de la raíz aórtica".

Pero seguía habiendo un problema: ¿cómo introducir una innovación médica si eres un ingeniero sin relación personal con el sector sanitario? Golesworthy decidió probar en una de las reuniones informativas anuales de la Asociación de Marfan de Reino Unido, hará 15 años. Uno de los ponentes era Tom Treasure. Treasure, ahora adjunto a la Unidad de Investigación sobre Cirugía Clínica en el University College de Londres.

Treasure no estaba en condiciones de realizar la pionera operación por sí mismo, de modo que la siguiente tarea era encontrar un cirujano capaz de hacerla. Como él bien sabía, muchos cirujanos habrían rechazado sin más la nueva técnica propuesta. De hecho, muchos lo hicieron, e incluso ahora algunos siguen sin estar convencidos. Treasure habló con John Pepper, profesor de cirugía cardiotorácica en el Instituto Nacional de Corazón y Pulmón del Imperial College de Londres: alguien a quien Treasure describe como "dispuesto a avanzar contra corriente". La respuesta de Pepper fue positiva.

Seguía estando el problema del dinero. En 2004, Golesworthy había logrado que los inversores se deshiciesen de suficiente dinero, y las restantes complicaciones del procedimiento de fabricación se habían solucionado. Era hora de pasar al quirófano."Siempre dije que yo sería el primer paciente", recuerda Golesworthy. "Después me convencieron de que debía estar en el quirófano con el cirujano, John Pepper, por si surgían algunas dificultades. Pero el tipo que habíamos convencido para someterse a la operación se rajó en el último momento". Así que Golesworthy se salió con la suya; al final, iba a ser el conejillo de indias.

Hasta ese momento, Golesworthy se había centrado en solucionar su propio problema. "Cuando solucioné lo mío", cuenta, "pensé que era hora de ayudar a otros". El número de pacientes aumenta. El año pasado se sometieron al procedimiento 17 personas; este año, serán más de 20. Hará falta tiempo antes de que el implante compense toda la inversión, pero Golesworthy se muestra optimista. "Empieza a rodar", dice animado. "Tenemos nuevos cirujanos y nuevos centros. Acabamos de atender a cuatro pacientes en Nueva Zelanda, y están realmente satisfechos. Tenemos centros en República Checa, en Polonia hay dos a punto de empezar, y vamos a tener dos más en Reino Unido".

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