Buenas Nuevas Buenas Nuevas
jueves 28 de julio de 2016

Capitán América o Chapulín Colorado: un doctor mexicano se disfraza por sus pacientes

Para Sergio Gallegos, disfrazarse es una manera de romper la barrera en la relación médico-paciente. El oncólogo atiende a diario entre 18 y 22 niños con leucemia.

A las ocho de la mañana comienza la consulta de Sergio Gallegos en el Hospital Civil Doctor Juan I. Menchaca, ubicado en el estado mexicano de Jalisco. Allí está a cargo de la Clínica de Leucemia y recibe cerca de 22 niños al día, de lunes a viernes. Durante las consultas, suele llevar un traje de Iron Man, Spider Man, Batman o Capitán América. También puede ir vestido de Chapulín Colorado, el Chavo del 8, Santa Claus o un clásico payaso. Cualquier personaje que guste a sus pacientes es válido.

"Disfrazarme influye mucho en la calidad de vida de mis pacientes y también influye mucho en el tratamiento. Yo diría que es una pieza más en el tratamiento porque los niños crean fantasías y crean ideas acerca del médico. El médico ante ellos, a fin de cuentas, es una persona con el poder de sanarlos, ahora imagínate si ese médico es Capitán América. Además, se sienten muy bien tratados, muy a gusto y eso también hace que tengan apego", dijo el oncólogo pediatra.

Hacer las consultas disfrazado es parte de su rutina desde 2007, pero ya en su época de estudiante de medicina, en 1989, se vestía de payaso, "solo para entretener". El origen de este abordaje tan particular viene de que él mismo es un sobreviviente de cáncer: "Allí nació la motivación de hacer una medicina de excelencia, una medicina que considerara, primero que nada, al paciente y que tratara de hacer que el paciente siempre se sintiera mejor. Y eso fue influyendo en que me disfrazara".

Esta particular dinámica médico-paciente ha logrado más cercanía incluso con los padres de los niños, un aporte valioso tratándose de cáncer infantil, "porque si tu hijo se pone mal, imagínate cómo te sientes, un hijo es toda tu vida". Recuerda que algunos, al conocerlo vestido de Rey Mago, por ejemplo, han tenido recelo, pero luego hasta colaboran con más trajes, "y al final terminan convencidos de que es el mejor lugar para atender a sus hijos porque salen felices de aquí". Y solo basta con ver las caras de los niños en las inmumerables fotos que hacen a diario en el hospital para constatarlo.

El hombre detrás de los trajes
En las escuelas de medicina una de las reglas que dictan es mantener distancia emocional con los pacientes para evitar salir lastimados. Para Sergio Gallegos, esa es "la peor estupidez" que se puede creer.

"Cuando no te involucras y mueren, de todos modos te duele y te quedas con la sensación de que no fuiste todo lo humano que podías ser. Si te involucras emocionalmente, claro que te preocupas, claro que lloras, pero sienten que estás codo con codo con ellos. Para mí esa es una experiencia profesional muchísimo más plena que si mantengo la distancia y no me entero ni de qué les gusta. Sí, sí vale la pena involucrarse", afirma el oncólogo de Guadalajara.

Trabajar vestido de superhéroe también ha influido en su actitud. Cuando hay casos complicados y siente que no hay salida para ese paciente, como se mete en la piel de sus personajes, se repite a sí mismo: "Soy un héroe y tengo que curar a estos niños". Más de una vez esa suerte de mantra -y sus oraciones- le ha dado fuerzas para seguir investigando y buscar más opciones para tratar a los niños.

Otras veces puede que le pegue el cansancio y no tenga ganas de llevar el disfraz, pero revisa la lista de pacientes del día y recuerda lo felices que se ponen cuando ven los personajes; entonces deja la bata a un lado y busca un traje de príncipe, chef o cualquier otro y comienza la consulta. En ese compromiso que asumió con su profesión y, especialmente, con los niños, "cada día hay nuevos motivos para disfrazarse, nuevos motivos para ir más allá de lo que hacemos por salvar sus vidas".

Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas