afondo afondo
martes 29 de noviembre de 2016

Una historia de amor atravesada por el terror nazi

"Fiebre al amanecer", de Péter Gárdos.

El cineasta húngaro judío Péter Gárdos (Budapest 1948) hace su flamante ingreso a la literatura con Fiebre al amanecer, publicada en Argentina por la editorial Alfaguara.

La novela narra la verdadera historia de amor de sus padres, mantenida a través de correspondencia durante finales de la Segunda Guerra Mundial y descubierta por el autor a fines de los '90.

Si bien se trata de una novedad editorial en el país, el libro ya fue publicado por primera vez cinco años atrás en Hungría y traducido a más de 36 idiomas. Cuenta también con una adaptación cinematográfica. Sobre este aspecto, Gardós dijo que su intención fue desde el comienzo realizar una película, pero ante la falta de apoyo tuvo primero que volcarse por las letras.

La anécdota que describe el autor es que las cartas que le sirvieron para reconstruir el relato, le llegaron en 1998 un día después de que su padre falleciera. Fue su madre muy anciana y con vagos recuerdos de aquella época quien le reveló la historia, entregándole dos paquetes, pero sin poder ofrecerle más información que la que había quedado plasmada en esos documentos íntimos.

A través de esta correspondencia y usando la imaginación, Gardós sumerge al lector en un relato esperanzador sobre el ser humano, en medio de un sombrío ambiente. De hecho este es uno de los mayores logros del autor ya que la novela sorprende por el tono agradable en el que está escrita, teniendo en cuenta que los personajes se relacionan en un contexto de posguerra.

Las escenas de horror y cualquier recurrencia típica son evitadas para dar espacio a la historia de amor entre Miklós, un superviviente de Belsen y Lili, una joven convaleciente en un hospital de campaña de Suecia. Sin embargo, no se trata de una novela romántica, ni histórica. Ahonda la lucha por vivir en medio del dolor y sobre las segundas oportunidades en el camino a la felicidad.

Tampoco es una novela epistolar. El narrador se mueve entre las figuras omnisciente y testigo e incorpora sólo fragmentos de las cartas y textos que podrían resultar quizás aburridos para esta época. La narración tiene pausas reflexivas y el tono de un escritor que piensa en imágenes y secuencias, para guiar al lector hasta el mejor de los desenlaces.
Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas