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domingo 10 de septiembre de 2017

Una consigna que exige lo contrario a lo anhelado

"Que el Estado no tenga paz", reclaman los violentos. En realidad el Estado somos todos nosotros, no sólo el oficialismo

"Que el Estado no tenga paz".

Eso decía una de las pintadas estampadas en el Cabildo porteño tras la marcha por Maldonado.

Es un concepto netamente anarquista. Y anarquía es una palabra de origen griego que significa "ausencia de autoridad o de gobierno".

Como ocurre con el marxismo, el anarquismo es una construcción cultural muy interesante a la hora de analizar el devenir de las ideas políticas.

Más allá, claro, de que ambas teorías pequen de lo mismo: de saltearse aspectos muy profundos del ser humano, como si quisieran empezar de cero, con un hombre nuevo.

Basta leer a cualquier clásico de la antigüedad para darse cuenta de que las grandes pasiones que movían a aquellos hombres subsisten en la actualidad.

Rey muerto
Dentro de toda esa ingeniería de ideas revolucionarias que explotó en los siglos 18 y 19 resaltó la pasión por instaurar un cambio político radical, que borrara el absolutismo de las monarquías.

Muchos pensadores creyeron que podían redireccionar el mundo según su voluntarismo intelectual.

Y está bien. Para que una nueva idea prenda hay que acompañarla de varias más para que después quede por lo menos el zumo. En este caso: trasladar a los ciudadanos el manejo de la cosa pública, antes concentrado en la realeza y en los popes religiosos.

En el siglo 18 con la decadencia de las monarquías absolutas ya se habían incubado las principales bases de lo que con el tiempo iba a ser la democracia republicana y se había afianzado el ideario liberal que minó el imperio de los soberanos déspotas.
El sueño anarco
El nirvana al que aspira el anarquismo es un ámbito donde hombres libres y justos vivan sin la tutela de un Estado represor y corrupto.

En ese paraíso, varones y mujeres que previamente han solucionado los problemas económicos y sociales actúan de acuerdo a su buena conciencia y enfrentan los problemas con una vara que tiende al bien común pero sin desconocer la singularidad de cada uno.

Claro está que para llegar a ese edén hay que combatir a los que se pongan en el camino. Por lo general a los bombazos y durante mucho tiempo.

Y si bien no todos los anarquistas son altamente violentos (hay vertientes más románticas), la idea de que el Estado es el enemigo a vencer está en todos ellos.

A su manera los socialistas también tienen algún costado anarquista, en el sentido de considerar que lo principal en una sociedad justa es el empeño del conjunto de la sociedad convertida en una civilidad cooperativizada.
De dieta
Con el tiempo, el anarquismo se ha ido pasteurizando y en muchos países avanzados quedan vestigios de esa teoría en los partidos verdes, en los que defienden lo sustentable, y entre los liberales que combaten los Estados gendarmes.

Por supuesto, ya sin el condimento violento.

Pero sí aceptando que vivir en sociedad es imposible sin un ente rector. Un ente que debe ser muy controlado y al que no se le puede permitir que se exceda en sus atribuciones.

Veamos
Cuando ahora en la Argentina los grupos anarquistas pintan en las paredes la consigna "Que el Estado no tenga paz", lo que están diciendo –a su modo, claro– es mucho más que eso.
Están diciendo: "No debe haber Estado".

Para lo cual es absolutamente necesario "que la rabia desborde", como pide otro de los grafitis que muestra la foto que acompaña este comentario.

Es decir, que es necesario que haya conmoción social, algo que es imposible en la Argentina actual.

En esta Argentina de hoy la mayoría cree que no solamente debemos evitar que se repita lo que ocurrió en los años '70, cuando todas las leyes fueron subvertidas desde el propio Estado, sino que además no se deben aceptar excesos, vengan de donde vengan, más allá de quien sea el que esté manejando el Estado.

Basura y dictadura
Se equivoca el kirchnerismo cuando quiere imponer la idea de que si gana el oficialismo en octubre van a ser muchos más los Maldonado que van a aparecer en la Argentina.

El kirchnerismo juega a olvidar que tiene su propio desaparecido en democracia, Julio López, por el cual nunca exhibió gestión política para encontrarlo.

E insiste en querer esconder que el jefe del Ejército durante la última presidencia de Cristina Kirchner, César Milani, es un ex general que no sólo está investigado por crímenes cometidos durante la dictadura, sino que está siendo llevado a juicio porque en su gestión se enriqueció de manera escandalosa.

Se puede entender a los violentos del neoanarquismo.

Lo que es más difícil de entender es que algunos de los eslóganes anarcos sean parte del discurso de un sector político que ha sido gobierno durante 12 años y que se juramenta que va a volver.

"Macri basura, vos sos la dictadura" no parece ser el camino que facilite ese retorno.
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