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martes 11 de octubre de 2016

Sobre cómo el arte se convirtió en política y la política en crimen

Patricio Pron muestra cómo la literatura puede cambiarlo todo en su última novela, No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles.

Se podría decir, si cabe la paradoja, que la última novela de Patricio Pron es la reconstrucción documental de un imaginario Congreso de Escritores Fascistas Europeos celebrado en Pinerolo, un pequeño pueblo del Piamonte, en abril de 1945 durante los últimos estertores de la República Social Italiana. O mejor, que es la saga de los Linden (un partisano de la resistencia del 45, su hijo, militante periférico de las Brigadas Rojas en el '78, y su nieto, okupa en la Milán encendida por las protestas laborales de 2014), enfrentados cada uno a su tiempo a los dilemas del activismo político. O mejor incluso, que es la historia de Luca Borrello, un escritor ficticio de la vanguardia futurista de Umbría, de su progresiva disidencia con el fascismo y el misterio irresuelto de su muerte durante el Congreso de Escritores Fascistas. O quizá sencillamente, que es la historia de la caja de madera que conserva la obra de Luca Borrello, viaja de un tiempo a otro y lo reúne con la saga de los Linden.

Los libros que de veras cuentan no se dejan reducir a la síntesis lineal del argumento, pero el intento fracasa irremediablemente con No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, que quiere ser un objeto poliédrico como la caja de Borrello, como las muchas cajas del arte de las vanguardias, o mejor, como el cine de otro artista ficticio del Congreso que, inspirándose en los dibujos de los ciegos, quiere vencer la linealidad insalvable de los relatos y evocar una totalidad perdida con múltiples perspectivas simultáneas.

Porque véase si no: la crónica vívida del Congreso del '45 que Pietro Linden compone en el '78 con testimonios contradictorios se faceta en relatos de otros géneros fechados en el '44, el '77 y el 2014, se expande en un índice comentado de la obra completa de Borrello compuesto en el '47 y, cuando todo parece concluido, se comprime en un compendio enciclopédico sui generis de todos los escritores fascistas –reales y ficticios– que desfilan por el libro.

Nada más lejos sin embargo de una historia novelada del futurismo o la literatura fascista. La imaginación profusa, el aliento de la prosa y el cristal cambiante de los tonos y las formas dan vida a un relato intempestivo que vuelve próximo lo que toca.

Rodeando el misterio de la muerte de Borrello, los escritores de Umbría rememoran las audacias de los jóvenes futuristas inspiradas por el "patriotismo insecticida" de Marinetti, reviven la utopía de fundir el arte con la vida, exhuman los comienzos, las alianzas, las rivalidades, los plagios y el esperpéntico desfile de la internacional fascista ya moribunda en el Congreso, pero la ironía mordaz con que desempolvan una vanguardia ya histórica resuena en las paradojas y dilemas que todavía perviven: las relaciones sinuosas del arte con la política, la primacía de la vida del escritor por sobre la obra, la apropiación como procedimiento estético legítimo, la vertiente criminal que anida en la violencia política.

"Echando cosas de una vasija en otra", "trenzando y destrenzando la misma cuerda", un plan secreto de los alemanes de hacer caer dos aviones de pasajeros en Nueva York se refracta en los atentados del 11 de setiembre, la guerra italiana de "recuperación" de Etiopía, en la Guerra de Malvinas, y todos los activismos políticos, en las cuentas pendientes de la militancia política argentina.

Pero es en el inventario razonado de la obra de Borrello donde la novela enloquece, descalabra la flecha del tiempo, recorre el siglo XX y alcanza el XXI, traspone medios y lenguajes, samplea, combina y reescribe, hasta componer un catálogo potencial de todas las vanguardias.

En más de 30 páginas de invención desaforada, Pron reúne un repertorio inclasificable de piezas que no sólo incluye las previsibles obras teatrales de inspiración futurista, sino también un inventario nutrido de experimentos literarios del siglo XX y un museo virtual de miniaturas conceptuales, libros plegables, fotografías troqueladas, mapas intervenidos y poemas reordenados, que evocan o recrean obras de Duchamp, Marcel Broodthaers, Cortázar, Copi, Bolaño, Zurita, David Markson, On Kawara, Francis Alÿs, Pablo Katchadjian, Fabio Kacero, Jorge Macchi.

La estructura facetada de la novela se abisma en esas audacias y se amalgama por momentos con el ensayo, pero no se contenta con los juegos metaficcionales, ni con los experimentos conceptuales que relegan la artesanía de la prosa y el ímpetu imaginativo del relato. Basta leer el segundo capítulo, fechado en Turín en el '77, una proeza narrativa acrobática.

La novela del siglo XXI, parece decir, no es sólo remix, desvío o ars combinatoria, sino una constelación de ambiciones insensatas que prosperan en el desarraigo.

La literatura, lección última de Borrello, es la transformación del autor en obra. A veces, es la vida mejorada.
Fuente: Télam

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