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domingo 04 de septiembre de 2016

Sembrar valores: La línea no está borrosa

Por Víctor Doroschuk, Pastor.

Cierto día un automovilista decidió sobrepasar el auto que tenía adelante. Cuando culminó la maniobra, un oficial de policía le hizo señas para que se detuviese. Usted ha cometido una gravísima infracción, le dijo, sobrepasó la doble línea amarilla. ¡Acá no hay ninguna línea! Respondió el conductor. No se ve, pero está, dijo el uniformado y le confeccionó el acta con una abultada suma.

Esto sucedió en nuestras rutas, donde la mayoría de las líneas están borrosas y no existen señalizaciones. Cuando no hay límites, señalizaciones o advertencias bien definidas, no se le puede exigir a las personas ningún cumplimiento y no se las puede condenar por ninguna infracción. Sin embargo, esto nunca ocurrirá con Dios, pues Él ha definido sus leyes eternamente y se las ha dado a conocer a toda la humanidad. La ley de Dios es perfecta, nunca se borrará ni será abrogada, es eterna y es pregonada por todo el mundo, de modo que ningún hombre podrá justificarse con que no la conocía o que estaba borrosa.

Sobrepasar los límites se ha vuelto una moda; es preocupante cómo las personas toman tan livianamente los mandamientos de Dios y se atreven a cruzar los linderos sin ningún tipo de reparo. Me temo que muchos no hayan entendido el mensaje y piensen que Dios ha disminuido la severidad de sus leyes y que ha dejado sin efecto el castigo.

Al contrario, la ley de Dios es tan perfecta que ha expuesto a toda la humanidad y nos ha condenado por nuestra naturaleza corrompida. Muchos piensan que están cumpliendo con Dios. ¿Por qué estás tan seguro? Déjame decirte que el espíritu de la ley es mucho más severo que la propia letra, que considera homicida al que se enoja y adúltero al que codicia. La ley exige que obedezcamos cada mandamiento y si uno de ellos es quebrantado, todos los demás quedan lesionados. Por eso Dios ha manifestado la gracia en Cristo Jesús. Si por la fe miramos la cruz de Cristo, el Cordero de Dios, veremos lo terrible del castigo, pero también veremos a nuestro salvador, pues sólo su sangre nos redime y nos mantiene a salvo. Si comprendes esto, entenderás la gracia y el amor de Dios, y una nueva naturaleza comenzará a vivir en tu interior, correrás a Cristo y él será tu refugio, enderezará tus pasos y limpiará tu corazón.
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