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domingo 23 de julio de 2017

Sembrar valores: ¿cómo tratar al enemigo?

Nunca se tiene más amigos que cuando las cosas marchan muy bien. En momentos de dicha, prosperidad y abundancia sobran las personas con las cuales conversar, disfrutar y compartir la vida. Pero cuando las cosas se ponen feas y se atraviesa por numerosos problemas, son pocos los que quedan para dar una palabra de aliento o apoyo y sobran las críticas, reproches y desprecios.

La historia en el Libro de Job nos demuestra que este comportamiento no es nuevo; según los expertos este libro es uno de los más antiguos de la Biblia y está allí para revelarnos poderosos principios de vida.

Job era un hombre muy popular y adinerado de su época, tenía una hermosa familia, fincas, ganado, propiedades y, obviamente, muchos amigos que disfrutaban de su condición. Sin embargo, de un día para el otro él lo perdió todo, quedándose en la ruina y enfermo de los pies a la cabeza, deprimido y amargado. En ese momento, sus amigos, lejos de animarlo, comenzaron a lanzar toda clase de acusaciones, insultos y juicios de valor sobre sus conductas y su carácter. Como se dice popularmente, hicieron leña del árbol caído. Pero la naturaleza nos da un sabio consejo: "No importa si el árbol está caído, siempre que tenga buenas raíces podrá reverdecer".

En esas circunstancias, cuando alguien está atravesado malos momentos y la mayoría a su alrededor lo han despreciado, lo más común es encerrarse en sí mismo y albergar sentimientos de rencor, ira y resentimiento. Pero lejos de brindar una solución, esta actitud lo único que hace es terminar de matar la única raíz del árbol que podría traer esperanza.

En medio del dolor, de la desesperación y la tragedia, Job hizo dos cosas que transformaron su realidad. Primero se humilló delante de Dios pidiendo la sabiduría divina, y en segundo lugar bendijo a aquellos que lo habían despreciado y criticado y que decían ser sus amigos.

"Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job" (Job 42:10).

Cuando amamos a nuestros enemigos, bendecimos a quienes nos maldicen y oramos por quienes nos ultraja y persiguen, Dios se encarga de bendecirnos y hacernos reverdecer y crecer tan fuertes y vigorosos como los cedros. No devuelvas mal por mal, bendice en todo momento y recibirás la herencia de Dios.
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