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martes 19 de enero de 2016

Selva Almada: "Llegué por accidente a la novela"

Confesa admiradora de Flannery O' Connor, le gustan los personajes contradictorios y a la hora de la ficción escribe sobre lo que sabe. Su primera novela, El viento que arrasa (2012), fue editada por Mardulce, tuvo varias reediciones y se tradujo a distintas lenguas.

El desapego se define como el estado en el que una persona supera su lazo de unión al deseo por las cosas, pero para la escritora entrerriana Selva Almada es también una forma de querernos, de valorarnos. Justamente así tituló su nuevo libro, el cual incluye relatos que habían visto la luz en anteriores ediciones, revistas y antologías.

El desapego es una manera de querernos salió a la venta a fines del año pasado, fue editado por Penguin Random House y ha recibido buenas críticas, aunque también ha dejado a sus lectores preguntándose cuándo volverá ella a las novelas de factura social que tan bien le sientan, como El viento que arrasa y Ladrilleros.

La escritora de 43 años es una de las autoras ineludibles de la literatura argentina contemporánea, algo que queda a la vista si se tiene en cuenta que varios de sus libros tienen varias reediciones y han sido traducidos al italiano, el portugués y el francés.

A propósito de su más reciente libro, en cuyos cuentos la referencia autobiográfica ocurre más de una vez y los personajes, en su mayoría, atraviesan su etapa formacional, Diario UNO entrevistó vía correo electrónico a Selva Almada.

La creadora, cuyas historias han sido descriptas por el diario El País de Madrid como "locales y globales al mismo tiempo" contestó el siguiente cuestionario desde el campo, alejada de la ciudad y el ruido.

Un dato a tener en cuenta es que su más reciente material, que en Mendoza se puede adquirir en casi todas las librerías, hace alusión a los veranos provincianos en más de una página, haciendo que sea una lectura ideal para la temporada estival.

–Venías de escribir novelas, como "El viento que arrasa" y "Ladrilleros", ¿cómo te interesaste por escribir esta serie de relatos?
–Los relatos son anteriores a las novelas, en algún caso contemporáneos a alguna de ellas. Pero lo cierto es que yo escribí relatos la mayor parte de mi vida, la novela llegó mucho después. Diría que después de más de diez años de escribir relatos. Los primeros libros que publiqué Niños y Una chica de provincia son libros de relatos, que ahora se reeditan en este volumen que reúne además cuentos que salieron sueltos en antologías o revistas. En cierto modo, llegué por accidente a la novela. El viento que arrastra es un proyecto de cuento que no resultó, es un cuento frustrado.

–Aunque las tres facetas impliquen escribir, ¿en qué rol te sentís más cómoda: cronista, novelista o cuentista?
–Yo no encuentro una diferencia sustancial entre el cuento, la novela y la crónica. Por supuesto, cada uno tiene sus dos o tres reglas propias, pero después es narrativa y a mí lo que más me gusta es escribir narrativa. Podría señalarte diferencias entre escribir poesía o guión, que ahora estoy experimentando por primera vez, pero la narrativa para mí es un estado natural y no digo natural en mí, si no en todas las personas: todos nos la pasamos narrando todo el tiempo, cualquier anécdota, cualquier chisme, por mínimo que sea, es un relato.

–Además de tu admiración por la autora Flannery O' Connor y tu agradecimiento a las enseñanzas de Alberto Laiseca, ¿a qué otros escritores te debés?
–A muchos, por suerte. Yo creo que un escritor antes que nada debe ser un lector. Así que yo les debo mucho a muchos escritores que admiro o admiré en algún momento de mi vida lectora. Horacio Quiroga, a quien redescubrí cuando empecé a escribir, a eso de los 20 años. Juan L. Ortiz, otra lectura escolar que cobró otra dimensión, la verdadera dimensión que tiene la tremenda obra de Juanele, cuando volví a leerlo de más grande. Juan Carlos Onetti fue también una luz muy potente cuando me di cuenta de que quería ser escritora. Silvina Ocampo, Sara Gallardo, Beatriz Guido, Daniel Moyano, que es de mis cuentistas favoritos. Haroldo Conti.

–¿Qué estás leyendo y te ha gustado últimamente?
–La dama que se transformó en zorro, de David Garnett, es una novela que me conmovió muchísimo. También la novela de la brasileña Ana Paula Maia, De ganados y de hombres. Ahora estoy leyendo un libro de cuentos de David Poissant, El cielo de los animales, y me está gustando bastante.

–Siendo que escribís historias ancladas en la realidad y en lo que ves a tu alrededor, ¿cómo sabés cuando estás frente a un personaje o un evento que puede devenir en un nuevo libro o historia?
–No es algo que yo sepa. Y que mis historias tengan un anclaje realista si querés (es tan difícil delimitar qué es el realismo, para mí) son universos y personajes que vienen de la imaginación, de la construcción. A veces escucho alguna anécdota que al tiempo puede dispararme una historia, pero esa siempre será una ficción. Otras veces los relatos aparecen porque aparece un clima que me resulta atractivo, una pequeña situación o escena. Después, la cosa es ir tirando del hilo y ver qué aparece. Cuando era chica así pescábamos a las arañas peludas: un pedacito de jabón en el extremo de un hilo, lo metíamos en el agujero que hacen en la tierra y esperábamos horas. Bueno, escribir un relato para mí tiene que ver con eso.

–¿Qué te despierta el hecho de que te comparen con escritores como Carson McCullers?
–No me comparan con Carson McCullers, quizás digan que El viento que arrasa resuena a McCullers o que es literatura de ese estilo, pero en todo caso me da mucho pudor, es una escritora que admiro mucho y ¡soy consciente de que no le llego ni a los talones!

–¿Qué hace que tu literatura sea tan universal y resulte atractiva para argentinos y lectores de otros idiomas?
–Ni idea. Los libros tienen una vida propia y son un misterio. ¿Por qué le va bien a tal libro y mal a otro? No lo sé. Creo que nadie lo sabe: ni los editores, ni los lectores y mucho menos los escritores.

–Finalmente, ¿qué lectura hacés del repudio que la senadora María Inés Pilatti Vergara pidió con motivo de un párrafo de tu libro "Chicas muertas"?
–Decís bien: con motivo de un párrafo. Esto demuestra que la senadora no leyó el libro y que fue mal asesorada. Si hubiera leído el libro, jamás habría avalado un proyecto tan absurdo como ese.

"Escribí relatos la mayor parte de mi vida; la novela El viento que arrastra es un proyecto de cuento que no resultó, diría que es un cuento frustrado"

"Los libros tienen vida propia y son un misterio. ¿Por qué le va bien a tal libro y mal a otro? Creo que nadie lo sabe: ni los editores ni los lectores y menos los escritores"
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