afondo afondo
lunes 07 de agosto de 2017

Sábana con fantasía, oferta de temporada

Los avisos que emiten las radios y los canales son cedidos y no reportan beneficios dinerarios ni compensaciones a los medios.

La historia es una materia que requiere de un esfuerzo titánico para desechar hechos y palabras. Esa heroica tarea que consiste en omitir sucesos y eliminar aspectos que se consideran insustanciales es lo que permite consolidar una síntesis pasible de recordarse y de replicarse luego como verdad irrefutable.

Si acaso debiéramos mantener vigente en nuestra memoria acontecimientos que transitamos previos a las elecciones PASO, difícilmente será la creatividad publicitaria o la osadía de propuestas lo que evocaremos en el futuro y lo que la historia inscriba como capítulo esencial.

Es conveniente considerar que los avisos que se emiten en las radios y en los canales, esos medios que tienen carácter público, aunque la mayoría sea de gestión privada, no les reporta a esas empresas ningún beneficio dinerario y no perciben ni siquiera una compensación por administrar dichos anuncios y planificar el aire.

O sea, si acaso en el rol de oyente o en la postura de televidente alguien especula que es gratificante contar con tantas tandas, permítame asegurarle que se equivocó de canal.

Cumplir con la difusión de dichos mensajes, tal como lo establece la Ley 26.571 (ley conocida como de reforma del sistema político) implica un trabajo arduo, ominoso, que demanda muchas horas de trabajo y recursos de todo tipo. Además, las exigencias de constatación legal son inusuales para el mercado publicitario y exhiben características confiscatorias.

En esto, las tan promovidas diferencias entre el actual y el gobierno anterior desaparecen. Esta ley se aprobó en 2009, y es la que contiene además la obligatoriedad de las elecciones primarias abiertas y simultáneas, las PASO.

Afirmo de modo categórico que la idea original y su instrumentación son de enorme utilidad para el mejoramiento del sistema democrático. Ha servido de manera notoria a la ecuanimidad, a la difusión y visibilidad de fuerzas políticas que de otro modo no hubiesen podido nunca alcanzar el grado de conocimiento de sus postulantes y de sus ofertas electorales.

No temo equivocarme en asegurar que muchas bancas de la Cámara Baja del Congreso Nacional hoy se consiguieron con el auxilio de este sistema de acceso a los principales medios.

Lo que resulta absurdo es lo compulsivo y a la vez, lo azaroso. Carece de explicación y de lógica que los costos de la administración de estas piezas publicitarias y de la emisión de estos avisos deban ser soportados sólo por algunas de las empresas de medios de comunicación. Tampoco son todas las emisoras, que también abundan, las incluidas. Tal vez se hayan inspirado en algunas creencias populares que insinúan que "el aire es gratis" y que todos los hombres somos iguales, aunque algunos son más iguales que otros.

Es tentador conjeturar que al ser gratis para los interesados (insisto, no para los medios), los responsables de comunicación de las agrupaciones menosprecian la calidad recomendable. Pero esta conclusión se desmorona cuando nos atropella la mirada una sonrisa que es exactamente tan creíble como la del otro, a pocos metros de distancia.

Los enormes carteles callejeros, esos por los que sí hay que pagar, empatan cualidades con los avisos radiales y televisivos. Advertimos que es tan inevitable verlos y escucharlos, como sospechar de la inventiva publicitaria.

No faltará quien sostenga que una campaña electoral no requiere avisos inteligentes, creativos, atractivos, sorprendentes, de rigor informativo ni de elevación estética, sino sólo contundencia y efectividad. Y eso, como en toda construcción publicitaria, recién puede medirse con los resultados.

Indiscutible. La publicidad no es una disciplina artística cuyo fin es el de agradar y conmover; el objetivo de esta rama de la comunicación es la persuasión. Es la herramienta que nos inclina hacia una preferencia. Es el impacto y la intromisión en nuestra mente para que elijamos a uno entre muchos productos o servicios. Es la insistencia de un argumento para que escojamos sólo a uno o a una ante una oferta vasta.

Sí. La cláusula inexorable que debe cumplir la publicidad, y no sólo la publicidad sino todo lo que abarca una campaña política, es la efectividad, pero eso no la exime de que pueda hacerse con mejores criterios, con resoluciones un poco más logradas, y de ninguna manera ese propósito de efecto puede admitir que se hagan propuestas tan vacías y mucho menos, con manifestaciones de promesas incumplibles.

Igual que el relato histórico. Con el mismo riesgo que esta u otra opinión. Se podrá juzgar como sesgada, parcial, arbitraria, incompleta, lo que no podemos permitir es que sea intencionalmente deshonesta.

Esto recién empieza. Es la prueba preliminar. Sepan que si alcanzan a dar el paso para la próxima instancia, no han llegado a la meta, apenas están clasificando para luego intentar ocupar un lugar. Lugar de representación. Banca y espacio que deberán honrar, y no estaría mal si además de mejorar los aspectos comunicaciones y los accesorios, hacen algún esfuerzo para que la historia no necesite esforzarse en despojarlos de sus páginas. Ojalá.

COLUMNA ESCOLEOSIS - 070817.mp3

Fuente:

Más Leídas