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domingo 04 de septiembre de 2016

Qué trae bajo el poncho la renovación peronista

Están los que quieren eliminar ese pecado original de tipo militarista, donde el jefe único manda y la soldadesca aplaude.

H ubo épocas felices en las que todo estaba claro. El peronismo era "el camino, la verdad y la vida" del país venturoso.

Así como los católicos sostienen que nadie va al Padre sino a través de Jesús, en la política argentina nadie iba muy lejos si no se encaminaba por la ruta peronista.

El peronismo era el gran laboratorio social donde se probaba a diario el nivel de argentinidad.
Todos los demás eran comparsa: los radicales, los liberales, los independientes, los socialistas, los borgeanos.

El pecado

Ocurrió sin embargo que el peronismo se dejó manosear demasiado. Hoy desde la derecha, mañana desde la izquierda, pasado mañana desde el centro. Y terminó diluyéndose, sirviendo para cualquier cosa. Y muchas de ellas, fuleras.

La crisis terminal del peronismo se llamó kirchnerismo.
Si hubiera que simbolizar esa caída, congelar una imagen, sería la de José López revoleando hacia un convento bolsos con millones de dólares provenientes de la corrupción.

¿Groucho o Karl?

Con el kirchnerismo el peronismo implosionó, es decir, explotó desde sus propias entrañas.
Ya le había pasado al comunismo de la URSS por querer hacer política contra natura.

El comunismo marxista es una fenomenal construcción cultural, un deseo digno de estudio, pero el mercado y la libertad son constituyentes, diríase, naturales del ser humano.

Cincuenta años después de instaurar en Cuba una revolución comunista que prohibió el mercado y la iniciativa privada, el partido único cubano ha caído rendido ante la evidencia y ha dicho algo así como que al mercado, compañeros, no hay con qué darle: "Es un hecho objetivo" fueron las palabras textuales.

Los comunistas chinos encontraron a tiempo el yeite para no implosionar: practican canallescamente el capitalismo económico y con ello generan riqueza. Así les dan trabajo, comida y educación a millones y millones de chinos.

En todo lo demás, siguen haciendo comunismo: es decir, no permiten la libertad de prensa ni los partidos políticos ni la elección periódica de autoridades por el voto popular porque eso es liberalismo burgués.

Otras voces, otros ámbitos

Hoy las cosas en nuestro país han mutado.

Una mayoría de los argentinos (incluidos, claro, muchísimos peronistas) han decidido probar con una especie de liberalismo desarrollista hasta que aclare.

Nadie sabe si ese respiro será duradero. De lo que no hay dudas es de que aquel peronismo santo ha quedado malherido por los que durante años usufructuaron con él en provecho propio.

Están, no obstante, los que insisten en agarrarse del corpus peronista para sacarle lo que queda de jugo.

Otros dicen estar convencidos de que hay que insuflarle nuevas savias para poder ofrecerle al votante un peronismo modernizado, serio, abierto, que conjugue mejor la justicia social con las herramientas del liberalismo político.

Un peronismo que no tenga ese pecado original de tipo militarista, donde el jefe único manda y la soldadesca acata y aplaude, que tanto sedujo durante décadas a muchos.
Ocurre que en la Argentina actual la soldadesca ha decidido hacerse valer como ciudadanía.

Hallar la copa

El santo grial que hoy busca el peronismo son nuevos tipos de liderazgos.

El salteño Juan Manuel Urtubey dijo el viernes en Mendoza que los liderazgos en el peronismo deben nacer de abajo hacia arriba y que las relaciones deben ser horizontales.

Antes nadie era santo de devoción en el peronismo si no hablaba de verticalidad.

Por eso es que cualquier pelafustán de pueblo que tuviera sus 15 minutos de fama en el peronismo de inmediato se autocalificaba de "fulano conducción".

Según el novio de Isabel Macedo, "antes que nada hay que trabajar por la renovación de la política en general. Hay que salir de las viejas prácticas que tanto daño le han hecho al país".

Sin embargo, y por las dudas, Urtubey ha ratificado que hay clásicos de la historia peronista que no se deben dejar de lado, sobre todo si se tiene a la Casa Rosada como objetivo de futuro.

En Mendoza Urtubey ratificó que el 24 de este mes se casa con la actriz Isabel Macedo.

Evita era actriz, Isabel bailarina, las amigovias de Menem eran del espectáculo, y Cristina, según asegura Suar, es una actriz nata que él quisiera tener en una de sus novelas.

Mujeres bravas

Tras la salida de Cristina del poder, varias mujeres peronistas con vocación política le han cerrado la puerta a la ex presidenta, como diciendo: Ojo que nosotros somos otra cosa, no pretendemos "ir por todo" ni usar de prepo la cadena nacional todos los días, ni tener un ejército de militantes rentados por los dineros del pueblo para que nos aplaudan a diario.

Malena Galmarini, la mujer de Sergio Massa, acaba de declarar que le gustaría que Cristina fuera mejor ex presidenta de lo que es, que les abriera espacios a otras, y que no cayera en esa cosa tan antigua de trabajar para que a este Gobierno le vaya mal.

Verónica Magario, intendenta peronista de La Matanza, anunció que Cristina ya no es su líder y que el peronismo está en una etapa superadora.

Gente linda

Los pocos apellidos que aquí se han citado son sólo una minoría de los nuevos peronistas que dicen estar en maceración.

Son los que se han avispado. Los que sin perder ese gen peronista esencial que es el de buscar con pasión el poder, han aprendido que ahora es muy difícil cumplir con ese mandato a cualquier precio.
Son los que saben que deben apegarse a las prácticas republicanas, los que quieren volver a enamorar a la clase media, los que quieren aunar justicia con libertades.

No es que ellos no sueñen también con esos paraísos que buscaba el viejo relato peronista.
Simplemente son... ¿cómo decirlo? Son como la pareja que ilustra esta página. Renovadores, frescos, componedores. Desestructurados, pero sin sacarse el poncho.
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