afondo afondo
domingo 27 de noviembre de 2016

Piedra y vidrio, una fusión inesperada

El artista local Alejandro Herrera Guiñazú expondrá seis de sus esculturas en la sección Art Concept de la Art Basel Week

Hijo de artistas plásticos, Alejandro Herrera Guiñazú no duda en descubrir en su infancia la temprana fascinación por la estética del vidrio: "Mi viejo tiene un taller de vitrales y siempre vi el vidrio como un lenguaje. Tengo la imagen de chico de ver la transparencia, los colores, la luz". Ese recuerdo fue sólo el inicio de una carrera que hoy lo lleva a exponer parte de su obra en varias de las ferias que son parte de la Art Basel Week, desde el miércoles próximo al 4 de diciembre en Miami, en la sección denominada Art Concept, dedicada al arte contemporáneo y que tiene como finalidad dar a conocer a artistas emergentes. Es ir nada más y nada menos que a participar en uno de los más grandes eventos de arte en el mundo.

En total llevará seis obras de sus series Intervenciones (realizadas en piedra y vidrio) y Reflejos (hechas íntegramente en vidrio).

–¿Cómo decidiste esta unión entre la fragilidad del vidrio y la dureza de la piedra?
–La piedra y el vidrio son básicamente lo mismo, porque los dos tienen sílice. El vidrio manipulado por el hombre es duro, está procesado, en cambio la piedra tiene el mismo material, pero con más impurezas, con hierro, minerales...Pero a la hora de trabajar, trabajo la piedra como si fuera un vidrio.

–¿Dónde aprendiste la técnica del vidrio?
–Aprendí en Nueva York, en el Corning Museum of Glass, que es el museo más grande del mundo de arte en vidrio, tienen 45.000 piezas de colección. Está al lado de la fábrica Corning, que inventó la fibra óptica, por ejemplo, que en vez de pagar tantos impuesto devuelve al pueblo de Nueva York un museo, con acceso a bibliotecas gratuitas, entre otras ventajas. Las capacitaciones que he hecho yo no son gratuitas, pero son ridículamente baratas.

–¿Fuiste varias veces?
–Viajé del 2010 al 2015 todos los años para capacitarme en diferentes técnicas, cómo fundir vidrios, cómo pegarlos y distintos aspectos del lenguaje estético.

–¿Cuál fue el itinerario para llegar a exponer en Miami?
–Yo soy parte del staff de Daniel Rueda (marchand reconocido internacionalmente) y él tiene un reconocimiento como cualquier galerista de Buenos Aires. En este caso voy porque me contactaron de una galería de Chile que trabaja en Miami. Lo que ellos buscaban era un artista latinoamericano que trabajara en vidrio. Buscaron en una base de datos internacional donde está Daniel, que nos ha llevado a España, Alemania, México y las galerías de afuera lo ven como un referente importante, y así finalmente llegaron a mí.

–¿Se complica comercializar tus obras en el mercado norteamericano?
–Con el tiempo me fui dando cuenta de que sin querer estaba haciendo algo que ellos sueñan. Los norteamericanos están en el mejor lugar para vender obras de vidrio. Son miles de artistas y son todos buenos, pero es más fácil vivir en Argentina y vender obras de vidrio en Estados Unidos que ser de allí y vender trabajos en vidrio.

–¿Por qué?
–Porque ellos ponen la mirada en mi obra como algo exótico: es de un argentino que las hace con piedras de un río junto a la cordillera.

–¿Vos mismo elegís las piedras?
–No, en realidad yo voy al lugar donde están las piedras y ellas me eligen a mí. No estoy buscando, no voy como un sabueso. La piedra se deja ver, es esa conexión energética que tengo con las piedras lo que me encanta.

–Tienen una historia de miles de años...
–Trato de seguir lo que tiene oculto la piedra. Cuando la pongo en mi taller no sé qué es lo que voy a hacer, trato de entender el dibujo que tiene, la veta, de seguir ese movimiento y ahí incorporo algo muy contemporáneo, que es el vidrio, con sus colores y sus líneas.
Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas