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lunes 02 de octubre de 2017

Per on és la sortida

La amabilidad que ofrece como estructura urbana impide imaginar hoy a esa ciudad, agrietada.

En cambio, no fue sorpresivo aquél ataque artero, descarnado, en el que un puñado de jóvenes yihadistas desparramaron por la Rambla a personas convirtiéndolos en prematuros cadáveres.

Justo ahí, en ese paseo característico, que une la Plaza de Cataluña con el antiguo puerto adonde Colón se hizo monumento y ha permanecido sin moverse, ahora otra manifestación popular exhibe las contradicciones de un occidente controversial.

Exactamente un año antes del acto criminal, y en ocasión de estar en Barcelona, leí la nota editorial del diario más importante del lugar, La Vanguardia, y conservé ese ejemplar, como documento indiscutible de lo mucho que nos separa como cultura.

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Decía sin demasiada elegancia el diario de mayor circulación e importancia que se edita en Barcelona, que los europeos, temerosos por los atentados ocurridos en París, y luego en Niza, que elegían a la capital de Cataluña para vacacionar, ponían de manifiesto la tremenda ignorancia que los acompaña. Y poco menos, les sugería que tomaran otros rumbos.

Describía lo fácil que les había resultado a los fundamentalistas islámicos incorporarse en la región y la velocidad del proceso de radicalización detectado. Las amenazas que esto significaba. Un artículo periodístico que nuestros ojos hubiesen catalogado como discriminatorio y atrevido, y sin dudas, las autoridades lo hubiesen tildado de "operación, boicot al turismo y al desarrollo de la zona.

Este botón da muestra contundente de diferencias muy significativas. Aunque más del 90 por ciento también hable castellano, pretender muchas similitudes entre Cataluña y nuestra región es al menos caprichoso.

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La intención de parecernos puede provenir de un sano anhelo pero también de una incapacidad para afrontar lo que nos toca a cada cual.

Abundan por estas horas las opiniones. Y en lo que he podido medir, son numéricamente muchos más los argentinos que se manifiestan a favor de la escisión de Cataluña que los que coinciden con los que no pueden concebir una división de España a esta altura.

Como tantos otros y en tantas otras ocasiones, me cuesta distinguir siquiera el vértice que sirve de unión del ángulo y a la vez quiebra la dirección unívoca de la arista. Hay dos líneas o al menos un quiebre.
Haciendo una síntesis que con razón podrá juzgarse de grosera, el dilema del gobierno español es idéntico al de cualquier otro: la legitimidad sólo puede alcanzarse con el consenso.

El consenso interpretado como esa construcción social ajena de las burocracias, ese poder un poco ilusorio y hasta algo infantil, como el que propone Saramago en Ensayo para la Sensatez. Ese acuerdo que se alcanza con menos golpes, sin tantos gritos, y con el único apresuramiento de aprender a escuchar.

No se trata de citar que la Constitución no admite un referéndum de esa manera. Tampoco de fomentar los enfrentamientos que más temprano que tarde serán dañinos y sino al menos estériles.

La concepción actual de liderar procesos no basta con despejar a los especuladores, como puede ocurrir en este caso, con los especuladores ahora separatistas precoces. Hay que contemplar –con lo difícil que resulta- la palabra de las mayorías silenciosas. Esos que habitan, transitan, contribuyen consumiendo, pagando tributos, trabajando y administrando con magistral equilibrio sus pocos recursos y su escaso tiempo.

Tampoco es nueva la tensión. Y así como no es la primera, tampoco será el último intento, más allá de toda la legislación nacional e internacional al respecto.

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Hay un caldo divisionista. Anuncios de sobra. El Brexit podría ser la referencia, aunque no la única ni la que guarda mayor coincidencia. Hay otras, que anticipan una situación que por la vigencia del recuerdo, se insinúan como peligrosas. Y tampoco es sano omitir lo ocurrido y mediante elecciones presumiblemente libres, recientemente en Alemania. Pero para espantar temores, lo de Quebec en Canadá hace 20 años podría ser un espejo útil. También una corona con dos lenguas y allí mucho más acentuadas las diferencias fonéticas. Y el susto que atravesaron parece que valió la pena.

Organismos internacionales, cada vez con mayor énfasis están colaborando con los estados para que las brechas tengan relieves menos pronunciados.

Si acaso las sociedades son renuentes a protagonizar la agenda pública, instituciones del tercer sector, sindicatos, gobiernos locales y principalmente agentes de la educación, del desarrollo social y de la salud, deberán involucrarse y trabajar en coordinación.

Hay experiencias de esto en el mundo. Y si hay honesta vocación por la cosa pública y verdadera dedicación, la estadística certifica que es posible.

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Presencié un acuerdo auspicioso. Gracias a la enorme generosidad afectiva e intelectual del rector de la Universidad Favaloro, el profesor Facundo Manes, supimos de la conformación de la primera red Latinoamericana de Conducta Humana y Políticas Públicas.

El Banco Interamericano de Desarrollo y la fundación INECO, trabajarán en la región, bajo el concepto que ya se aplica en países de pleno desarrollo humano, con resultados altamente valorados.

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Se trata de indagar los comportamientos sociales, las conductas cotidianas para crear políticas que atiendan justamente a esas demandas invisibles, con herramientas diseñadas a tal fin.

Para resolver conflictos y superar dificultades es imprescindible detectar las singularidades del caso, sumar la experiencia acumulada, acompañar las conductas preexistentes para diseñar modelos específicos. Herramientas y modelos que esos grupos sociales adoptan como propios para establecer un proceso de mejora en toda su dispersión, satisfaciendo no sólo a las mayorías ocasionales.

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Tanto como Ortega y Gasset nos sugería y hace escasos meses un alto funcionario del Brasil nos recordaba, no debemos abandonar nuestra elegante y profunda retórica, pero necesariamente debemos ir traduciéndola en acciones. Y las cosas, al menos hoy por aquí, no se emparentan con la actualidad de una España en crisis de identidad política

La mímesis, el benchmarking, la réplica. Todo puede resultar de gran utilidad para una comunidad, para una ciudad, para una región, siempre que no perdamos de vista el objetivo.

En nuestro país no está en riesgo el desprendimiento de una región, ni de una provincia, lo que precisamos es una independencia de carácter mental, cultural.

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Conocer nuestras conductas y corregirlas va a implicar despojarnos de esa visión umbilical. Requiere saber y reconocernos en función del otro, y parte inexorable del todo. Y ese colectivo -este colectivo tan jactanciosamente argentino- deberá avanzar suministrándole el combustible heterogéneo, y disolver en el camino esa imagen de país tracción a envidia.

Se trata de mejorar la condición humana en su lugar y momento histórico. La oportunidad es inmejorable. Ya tenemos la primera certeza: estamos en condiciones de pensar, requisito suficiente para empezar.

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