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domingo 02 de marzo de 2014

Paco resbala del Espíritu Grande al espíritu chico

La Mendoza conservadora frena, una y otra vez, las ideas nuevas del gobernador. Bronca contra la Justicia por el caso Yaqui

Andrés Gabrielli
gabrielli.andres@diariouno.net.ar

La vida, en general, es difícil para cualquiera. Más en la Argentina. Cuando menos en esta porción de la Argentina devaluada, inflacionaria y con precios mayoritariamente descuidados que no figuró en las tres horas de discurso presidencial.

Sea amplia o diminuta tal porción, es donde vive y gestiona Francisco Pérez, aplausos a Cristina aparte.

Por esos sus rabietas. Su explosivo momento emocional.

Por eso el "cuadro intestinal" que lo postró en el Hospital Italiano. O la descarga adrenalínica contra el Poder Judicial de la provincia.

La Mendoza ultraconservadora
Como todo gobernante que se precie de tal, Pérez llegó al poder provincial con un lema bajo el brazo. Su bandera, hasta el día de hoy, ha sido la del Espíritu Grande.

Pasada ya la mitad de su mandato, Pérez no ha logrado que ese espíritu cale en Mendoza. La provincia es refractaria a los cambios. Principalmente a los cambios profundos.

La Constitución resiste pétrea, inamovible. Tanto como su Fiesta de la Vendimia.

Las burocracias, ahí, incólumes. Incluso en la frontera con Chile.

La matriz productiva permanece fiel a sí misma. Con productores agrícolas penando por una ayudita.

Mendoza decae, pero sin mirarse al espejo. La otrora provincia orgullosa de su limpieza hoy es un extendido basural. La oronda red caminera de antaño es un festival del pozo y del cráter, de hacinamiento.

Bajo la emergencia hídrica que empeora con los años, ¿se podrá, al menos, modernizar la legislación del agua?

El pronóstico no es el mejor. "La vamos a pelear", prometen sin embargo los hombres de Paco.

Algo es algo.

A los jueces locales y federales

Queda claro, entonces, que el espíritu chico le está doblando el brazo al Espíritu Grande.

¿Y por qué estalló el gobernador? No fue por la discusión del Presupuesto, por las estrecheces financieras o por la peliaguda discusión paritaria, que es parte de lo mismo.

Fue, otra vez, por la inseguridad.
La gota que colmó el vaso, el hecho puntual, fue el crimen del dueño de un minimarket en Guaymallén, sumando 36 muertes productos de la violencia en lo que va del año.

Pero la bronca de fondo tiene otro origen: la megacausa de La Yaqui, que con su tendal de asesinatos se transformó en noticia nacional y puso a Mendoza a la par de Rosario en materia de narcocriminalidad.

La Policía, tiempo atrás, tras una larga investigación, le dio al gobernador un pormenorizado informe sobre el tejido de las bandas ligadas al caso. Detalles sobre droga, venganzas, homicidios, armas.

Todo ese paquete fue llevado por Pérez en persona y por sus ministros a la Justicia federal (con el juez Bento a la cabeza) por su relación con el narcotráfico, y a la Justicia provincial, por los delitos comunes anexos.

"¡Nadie avanzó!", se quejan en el Gobierno.

¿Por qué? Porque cada uno interviene por separado, sin coordinarse, ni siquiera con la Policía.

Pérez saltó: "Es una vergüenza lo que está pasando". Y agregó: "En la Justicia nadie se hace responsable, nadie conduce, es una entelequia".

La gran mayoría de los magistrados guardó prudente silencio.

Mario Adaro, uno de los novísimos en la Suprema Corte, agarró el guante. Le dio entidad al reclamo de Pérez: "Nos estamos manejando con parámetros de hace 100 años".

El espíritu chico gana por goleada.

Coincidencias y contradicciones
"¡Tengo las bolas rotas!", dicen que dijo el gobernador en la intimidad de su despacho antes del estallido.

No se resigna al inmovilismo.

Cuentan que con otra megacausa, la de los derechos humanos, que hoy tiene a media docena de jueces federales, entre ellos a Otilio Romano, en el banquillo, pasó lo mismo. Tuvo que empujar el carro a pulso.

La calentura de Pérez no es nueva. Y coincide con calenturas en la cúspide del poder nacional. Por ejemplo, el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, la emprendió en estos días contra el fiscal porteño Carlos Rolero por haberse quedado durmiendo durante la toma de terrenos en el Parque Indoamericano.

Ayer en su discurso en el Congreso Cristina cargó contra la corporación judicial: “No puede ser que estemos todos controlados y que haya un sector que no lo controla nadie”.

Pérez le había reclamado algo similar a la Legislatura: más control.

Ahora bien, el concepto más “popular” de Pérez fue: “La premisa es clara, toda la gente honesta, de trabajo y sacrificio vive detrás de las rejas y los asesinos siguen sueltos”.

Como calcado de la calle.

Lo mete en un intríngulis conceptual. Porque el gran aporte del gobernador a la renovación de la Corte fue su “pollo”, Omar Palermo, inspirado en el tándem Zaffaroni/Verbitsky y militante de Justicia Legítima.

Y uno no imagina a un juez garantista como Palermo quejándose de manera tan enfática y cruda respecto de "los asesinos que andan sueltos", como remarcó Pérez.

¿Contradicción insalvable?
"La línea conceptual de Palermo es buena, la respetamos. Pero ahí tenemos diferencias porque la realidad va para otro lado. Estamos preocupados de verdad. Si no hacemos algo nos van a llevar puestos a todos", afirma uno de los hombres de máxima confianza del gobernador.

Con espíritu grande o chico, la maraña en la vida es difícil de desenredar.

"Soy bastante escéptico con respecto a la bondad de los buenos", le hace decir el cáustico Cormac McCarthy, en su último libro, a uno de sus cáusticos mafiosos.

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