afondo - Mendoza Mendoza
viernes 07 de octubre de 2016

"Nunca he tenido una pose de nada"

Entrevista. Pilar Sordo regresa a Mendoza con sus conferencias sobre "El desafío de ser feliz". Aquí, se confiesa en primera persona.

Comunicarse con Pilar Sordo no es nada fácil. Ahora, cuando se logra de seguro que la psicóloga, conferencista y escritora chilena nos introduce a una charla tan íntima y distendida que nos olvidamos el teléfono de por medio.

Ella se abre, camina a la par, y al ritmo de las inquietudes periodísticas ella va respondiendo con ejemplos de su propia vida. No hay dudas, ahí radica su éxito editorial y su popularidad tanto en su país como aquí y en el resto de América Latina.

En un itinerario que la llevará al norte argentina para terminar el lunes 17 en el centro (Córdoba), Sordo pasará otro fin de semana en Mendoza, esbozando claves de sus vivencias para hablar, una y otra vez, de "El desafío de ser feliz". Lo hará en un hotel cinco estrellas así como en el teatro Real de La Consulta (San Carlos), adonde llegará este domingo.

–Volvés con "El desafío de ser feliz"...
–Sí, tiene que ver con una de las investigaciones que yo he hecho, que están en (el libro) Bienvenido dolor. Pero lo que ahora voy a contar son las actualizaciones de esos estudios. Me voy a meter en ese tema, contarle a la gente todo lo que viví en ese proceso. Además hablaremos sobre qué pasa con las emociones en América Latina, particularmente en Argentina. Y sobre todo quiero que me ayuden para que entre todos desentrañemos bien ese concepto del cual se habla tanto, que pareciera que permanentemente en nuestras vidas hay que buscarlo, encontrarlo, anhelarlo, siempre fuera de uno para darnos cuenta que al final la felicidad está dentro de uno mismo. Porque una de las cosas que arroja el estudio que hice es que ser feliz es una decisión, y esa decisión la tomo conscientemente cuando estoy mal y no conscientemente cuando estoy bien. Para ello se requiere de algunos ingredientes como ser agradecido o el desarrollar fuerza de voluntad que es lejos el elemento más importante de la investigación para mantener la decisión de ser feliz en el tiempo.

–Todo lo contás a través de historias, y de tu propia experiencia...
–Sí, la capacidad del sentido del humor para mí es muy importante en la vida. Y las historias validan todo lo que yo estoy contando, eso que viví en el desarrollo del estudio. Es una conferencia muy divertida, que entrega kilos de información y por eso debe ser una de las que más me gusta contar. Y además es tremendamente movilizadora, no hay nadie que no se vaya con algo de la charla porque nos toca a todos. Y por eso pido que vayan en familia para que después sigan conversando en casa de lo que está pasando.

–Es una conferencia desafiante al plantearnos que el dolor y la felicidad son dos caras de la misma moneda...
–Absolutamente, y quizás es uno de los errores más grandes que hemos cometido al mezclar felicidad con alegría, suponiendo que sólo vamos a ser felices si estamos contentos. Y efectivamente eso no es así. Yo puedo ser feliz y estar triste en un momento o viviendo un duelo. Entonces cuando se separan esos dos conceptos se adquiere más conciencia de esta decisión que hay que tomar todos los días, que es la de ser feliz.

–En la teoría no resulta imposible, pero en la práctica...
–La investigación da formas sobre cómo se hace. Es posible, claro. La gente sale esperanzada...

–¿Ahí radica el éxito en convocatoria de tus conferencias?
–(Risas). Sí, se agradece la compañía y el cariño de la gente, siempre. La verdad que uno intenta contar la caminata que hace con cada tema por tantos años, y se siente uno reconfortado al ver que la gente agradece el trabajo de uno y de alguna manera se lo lleve para su casa.

–Cuando empezaste a estudiar Psicología, ¿te imaginabas en este presente?
–¡Nooo! No me imaginaba nada. Nunca pensé ni siquiera en escribir un libro. Nunca me imaginé, nunca pensé, nunca quise, nunca elegí tampoco. Fui escuchando las señales que la vida me daba y agarrando coraje para atreverme a más. Lo que tenía claro era que el miedo no me podía paralizar y que por tanto, por más miedo que tenía de enfrentarme ante tanta gente o a lo que la vida me estaba empezando exigir, no podía acobardarme, había que cumplir los sueños porque para eso vive uno: para cumplir sueños.

–En cuanto a la literatura, a principios de año publicaste "Oídos sordos"...
–(Interrumpe). Sí, parece que lo tengo que releer porque acabo de enfermarme de nuevo...

–¿Ah, sí? ¿Cómo es eso?
–Sí, la semana pasada volví a andar mal del ojo, ahora lo tengo con un derrame de nuevo, como cuando me enfermé gravemente. Pero por lo menos sé por qué, eso es un avance (ríe). Por eso tengo que releer mi libro, volver a revisarlo porque parece que no entendí nada. Otra vez uno tiene que ver qué está haciendo mal, aprender a decir que no, en qué cosas poner límites... así que, bueno, habrá que volver a leer Oídos sordos.

–Sin embargo, o pese a ello de tu problema ocular, seguís adelante con tus presentaciones por tu país y la Argentina, fundamentalmente...
–Sí, por supuesto. Me hace muy feliz y siento que le da sentido a mi vida los encuentros con la gente. Mi derrame en el ojo tiene que ver con algo mío personal, con tensiones que he vivido en este último tiempo y que parece que no procesé bien ni pude soltarlo bien y el cuerpo terminó por soltarlo por mí, digamos. Pero, bueno, son parte de las inconsecuencias de la vida también, y uno no tiene por qué tener todo resuelto tampoco.

–No es habitual que una figura como vos muestre sus debilidades y las comparta con su público. ¿Ahí radica la clave de tu gran convocatoria y éxito editorial?
–Puede ser. Yo me muestro tal como soy y por eso la gente me cree. Nunca he tenido una pose de nada. Entonces, como que me río tanto de mí que al final la gente termina por agradecer esa honestidad.

–Justo en una época en la que proliferan maestros sanadores a partir de terapias alternativas...
–¡Ay, Dios mío! Todo lo que se llame maestro, gurú, sabio, me dan un terror espantoso. Yo sólo me podría calificar como caminante.

–¿Cómo se hace para caminar todo el tiempo, en el sentido de tus giras interminables por Chile y por nuestro país también?
–Teniendo gente que me ame y que me soporte, otra que arme buenas agendas para darme espacios. Aunque odio las valijas, con toda mi alma. Si hay algo que me puede hacer llorar es ver una valija para armar o desarmar. Cuando logro sacar una bombacha de mi placard te juro que soy la mujer más feliz del mundo.

Cuándo: viernes y sábado, a las 21
Dónde: Salón Fader del hotel Sheraton (Primitivo de la Reta 1009, Ciudad)
Entradas $450
2x1 con Club UNO
Fuente:

Más Leídas