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miércoles 22 de junio de 2016

"Me gusta la literatura que no te da nada resuelto"

Federico Jeanmaire aborda en su nueva novela, Tacos altos, el tema de la identidad en un momento crucial de la vida de una adolescente.

En su nueva novela, Tacos altos, Federico Jeanmaire compone una sutil narración a partir del punto de vista de una adolescente china educada en Argentina que le sirve para reflexionar sobre la relación entre ambas culturas, la pregunta por la pertenencia y la cuestión de la identidad, a través de un delicado trabajo con el lenguaje donde también aborda el sentido de la escritura.

La novela aborda el tema de la identidad en un momento crucial de la vida como es la adolescencia, configurando un preciso personaje femenino que, en pleno crecimiento, se cuestiona sus tradiciones, escribe para aislarse del mundo y, a partir del ejercicio de la traducción, empieza a relacionarse con su existencia.

Jeanmaire es autor de Miguel, Prólogo anotado, Papá, entre muchos otros libros. Recibió, entre otros premios, el Rojas, el Emecé y el Clarín. En esta entrevista, el escritor habló sobre el origen de su nueva novela.

–En esta novela, la pregunta por la identidad es una constante...
–El tema de la identidad me interesa desde siempre, me interpela; yo me fui a los 20 años de Argentina cuando estaban los militares. Me acuerdo que a esa edad la pregunta 'quién soy' me la hacía mucho. Es una pregunta bastante difícil de contestar. No sólo porque nuestro país ha estado siempre muy movilizado, sino porque es una inquietud natural, que ya abordé en mi libro La patria. Pienso que es raro cómo te das cuenta de la pertenencia. A mí me pasó en un viaje: a fines del '83 estaba volviendo a la Argentina después de una historia amorosa en Holanda. Decidí dejar eso atrás, intentar ser escritor, estudiar Letras. Venía muy contento en el avión con esa expectativa, pero a mi lado había dos viejas bien chetas, y me molestaba la forma de hablar que tenían. Sin embargo, a su vez, en el odio a esa forma del habla me reconocí. Cuando odiás algo, te das cuenta de que sos de un lugar.

–La protagonista cuestiona a sus padres, sus abuelos, su cultura...
–La protagonista se pregunta si una mujer china se cuestiona las razones por las que obedece a sus mayores. Este tipo de cuestiones que no te podés responder en ningún momento de la vida creo que hacen a la pertenencia. La pregunta por lo que sos, de dónde venís es continua y mucho más fuerte en la adolescencia. La adolescencia es el momento más sincero de la vida y es lógico que te preguntés cosas fuertes y también que te contestés cosas duras, no es idílico. Es un momento fundacional donde cualquier persona es lo más verdadero que va a ser en su vida. Tengo la idea de la cultura como algo automático: un montón de cosas que uno hace sin pensarlas, sin detenerse, sin reflexión. Yo me levanto temprano y tomo mate. No me pregunto por qué lo hago, aprendí a tomar mate de chico y toda la vida lo he tomado. La cultura, pienso, tiene muy poco de racional.

–¿Podés profundizar esa idea?
–En el fondo somos bastante más animales que otra cosa. En muchos de mis libros he tratado de escribir eso. Son pocos los momentos en los cuales tomamos decisiones racionales. No me refiero a cuando uno cree tomar una decisión para la que después se busca una justificación a por qué la tomaste, que es lo que generalmente hacemos. Y eso no es racional del todo. El hecho de reflexionar, en serio, antes de hacer algo, no suele pasar en la vida. No pasa ni siquiera con el amor. Por eso me parece falsa esa gente que dice que se enamoró por tal o cual razón. Nadie juzga al otro para enamorarse. En el caso de la protagonista, una chica tan chiquita, que viaja de una cultura a otra, que tiene un lengua materna completamente distinta a la que va a usar, que se escolariza en otro país, es por lo menos un lío. Además de mi cariño por los chinos, una pregunta que me hice para empezar a escribir esta novela es qué hubiera pasado si los almacenes, como yo los conocí cuando era chico, siguieran siendo de argentinos o de gallegos. ¿La gente saquearía tan fácilmente como ahora o lo hacen porque tienen la idea de que los chinos vienen a robar el trabajo, son malos, apagan las heladeras a la noche y un montón de leyendas urbanas que propenden a no entender al otro?

–¿Cómo trabajaste el lenguaje?
–Me parecía interesante inventar una lengua extraña para contar esta historia. Me gusta la literatura que no te da nada resuelto, sino que te obliga a significar como lector. Cualquier cambio en la lengua produce determinada reflexión o algo inconsciente. Creo en eso, lo he hecho en varios libros de diferentes maneras. La identidad reside en la lengua, y cuando le introducís determinados cambios, se produce algo interesante. Ahora empecé una novela que también tiene un trabajo con la lengua: cuando fui a presentar Tacos altos a España conocí, por una pareja de amigos, a una transexual. Pasé todo un domingo charlando con ella y descubrí un mundo que no conocía. Una de las cosas que más me llamaron la atención fue que se trataba de un tipo grande que hacía dos años había decidido operarse, y me decía que lo que más le había costado había sido cambiar de género para hablar. Ella no había sido un hombre homosexual, de hecho vivía con su ex mujer como amiga. Lo que me sorprendió fue cómo la lengua puede ser más importante que una operación dolorosa. Quizás la lengua sea lo más maquinal de toda la cultura.

–Como si fuera el único lugar seguro, la protagonista vuelve todo el tiempo a sus apuntes...
–Es la historia de cualquiera que escribe, nadie entiende qué es lo que estás haciendo. Por ejemplo, mi hijo está estudiando ingeniería, pero le gusta escribir, lee mucho, ahora se acaba de inscribir en Letras, pero me acuerdo que cuando era chico me veía pasar horas tomando mate y pensando cómo resolver algo de lo que estaba escribiendo. A veces pasaba y me preguntaba qué estaba haciendo. Yo le decía que estaba trabajando aunque no pareciera. Pienso que cualquiera que haya tenido la vocación de escribir ha tenido que pasar por esa suerte de discriminación de inutilidad de lo que estás haciendo. La manera en que la protagonista lleva el cuaderno como un lugar donde nadie se puede meter es algo que yo sentí mucho en la adolescencia; ése era mi lugar.
Fuente: Télam

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