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viernes 16 de junio de 2017

Los osos polares acumulan menos mercurio debido al cambio climático

Se han visto obligados a modificar su dieta ante la disminución de la placa de hielo del Ártico. Ahora, este cambio les ha proporcionado una ventaja para su salud.

Estudios previos ya habían demostrado que el mercurio en el ambiente se acumula en el pelo y la piel de los osos polares que habitan en el Mar de Beaufort, en las aguas al sur del Ártico, perjudicando su salud. Ahora, irónicamente, el mismo efecto que provoca que los osos hayan tenido que cambiar sus hábitos de alimentación, el cambio climático, es el que les ha proporcionado una ventaja: los osos ingieren menos mercurio, lo que se traduce en osos en mejores condiciones de salud y mayor envergadura. Así lo señala un estudio publicado por la revista Environmental Science & Technology.

Para la elaboración del estudio, se analizó la concentración de mercurio, un mineral que puede afectar al sistema nervioso del oso polar, en el tejido y el pelo de ejemplares de la zona sur de Beaufort, entre los años 2004 y 2011. Durante esa etapa, las concentraciones de mercurio disminuyeron un 13% por año. Menores concentraciones de mercurio se asociaron con mayor índice de masa corporal (IMC) y mayores proporciones de la posición trófica inferior.

Los científicos plantean que esta disminución del mercurio en los osos se debe a un cambio en sus rutinas de alimentación: los osos polares ya no se alimentan de animales que acumulan mercurio, como las focas, sino que se han visto obligados a cazar nuevas presas debido al deshielo.

¿Una buena noticia para los osos? Relativamente. "A veces en ecología pasan cosas así. Lo que esperas que tenga un efecto negativo, tienen un efecto positivo. Son trampas ecológicas", en palabras de la licenciada en oceanografía y ciencias ambientales y doctora en biodiversidad, Ana Payo.

El oso polar es un predador que se encuentra en lo alto de la cadena alimentaria en el ecosistema del Ártico. Ahora se ve obligado a cazar otro tipo de presas, como ballenas boreales y focas barbudas. Ambas especies acumulan menor concentración de mercurio que las focas anilladas, de las que se alimentaría normalmente el depredador.

El mercurio que se acumulan en los tejidos de los animales, no obstante, procede en gran medida de las emisiones de actividades industriales humanas.

Fuente: Muy Interesante

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