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domingo 28 de agosto de 2016

Los contrapapistas de San Rafael y de La Plata

El Arzobispado sureño le negó el bautismo a un séptimo hijo varón y el obispo platense llamó a una "cruzada" antisexista.

Ciertos sucesos ocurridos en estos días dentro de la iglesia Católica argentina han venido a contradecir la estudiada y cuidadosa apertura que el Papa Francisco está esbozando desde Roma.
En tan sólo tres años y medio que lleva en la jefatura del Vaticano, el argentino Jorge Bergoglio ya ha dejado una marca indeleble en el tramado para poner a la iglesia Católica medianamente a tono con algunas –sólo con algunas– de las nuevas realidades del mundo.

Entre los objetivos expuestos por el porteño Francisco no está sólo el de reconquistar fieles y terminar con los aberrantes hechos de pedofilia cometidos por sacerdotes y miembros de la curia contra niños y jóvenes.

También pretende retomar algo del numeroso prestigio perdido a lo largo de los siglos por las demasiadas agachadas, maldades e injusticias de pontífices, cardenales, obispos y sacerdotes durante siglos.

¿Santa?
Baste recordar las atrocidades cometidas por la Santa Inquisición (especie de Gestapo de la fe católica), que mandaba a la hoguera por igual a científicos que aseguraban que la tierra era redonda, como a mujeres y otros herejes que supuestamente portaban el mal por pensar distinto a lo que mandaban los dogmas de la Iglesia.

O, más cerca en el tiempo, el triste papel que le cupo a la Iglesia en su relación con el nazismo y el Holocausto judío. O cómo la institución miró para otro lado durante la última dictadura de la Argentina.

Ruido, mucho
Demasiado chirriante ha sido la férrea negativa de la Iglesia a ir adecuando de manera inteligente los dogmas seculares a las cambiantes realidades del mundo. Y muy vergonzante la manera en que ha escondido durante siglos bajo la alfombra la mugre de los curas abusadores de niños.

Ni hablar del papel absolutamente secundario, sin participación en la curia, que desde siempre le ha conferido a las mujeres, a pesar de tener a la Virgen María como imán esencial del relato católico.

La hilacha sureña
Esta semana, en San Rafael, Mendoza, la iglesia Católica, a través de sacerdotes pertenecientes al Arzobispado de ese departamento, le negó el bautismo al séptimo hijo de una mujer.

El argumento utilizado fue que el padrino de la criatura –el presidente de la Nación, Mauricio Macri– es un divorciado que vive en concubinato.

Amargada y desalentada, la prolífica madre, que es de fe evangélica, pero que pedía el bautismo católico porque quien debía ser padrino, o sea el Presidente de la Nación, es católico, volvió a buscar auxilio espiritual en la iglesia Evangélica, la que no puso ningún reparo en que Macri, un católico, fuera padrino en un bautismo evangélico (perdone el lector el énfasis al explicar).

Hay que tener cara
El Arzobispado sureño dio a conocer un comunicado donde sugiere que la citada madre parece haber buscado con este padrinazgo ventajas económicas para su séptimo hijo varón. Y no un padrino que lo guíe y lo consolide en el camino de la fe católica.

¿Es ventaja económica que su hijo reciba del Estado argentino una beca que le pague todos sus estudios primarios y secundarios, según prevén las normas sobre padrinazgo presidencial en nuestro país?

¿Se le puede sugerir eso a una mujer de escasos recursos que ha traído siete hijos al mundo, y que por ese solo hecho ya debería recibir ayuda no sólo para ése, sino para todos sus hijos?

¿No pregona la iglesia Católica contra los métodos anticonceptivos? ¿No sugiere que hay que aceptar todos los hijos que mande Dios?

Un esfuerzo, muchachos
¿Es tan difícil que el Arzobispado do sureño pueda llegar a entender que la figura del Presidente, cualquiera sea, es un símbolo?

Y que fue elegido para significar que todos los argentinos, que formamos el Estado, apadrinamos a los séptimos hijos?

Es la institución presidencial la que en realidad apadrina. No es Macri en sí.

El Estado, que es laico, es decir, independiente de toda confesión religiosa, en realidad lo que quiso hacer hace muchos años con esta norma del padrinazgo del séptimo hijo fue tender un puente hacia un concepto moderno de religiosidad.

Para que a través de una idea civilizada de religión se pudiera dejar en evidencia lo que el atraso y la ignorancia habían logrado con esas pavadas del lobizón y similares.

Los rayos de Héctor
Paralelamente a este caso, el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, lanzó una andanada de críticas contra el "vicio de fornicar", las relaciones sexuales libres, las leyes votadas en el Congreso que resguardan la diversidad sexual y hasta contra la masturbación, a la que calificó de "práctica animaloide".

Aguer, un reconocido militante del ala más reaccionaria de la iglesia Católica argentina, quien tuvo durante años una relación muy mala con el entonces arzobispo de Buenos Aires y hoy papa, Jorge Bergoglio, ha recibido un duro cuestionamiento del Gobierno nacional, que ha calificado sus dichos de "discriminadores y autoritarios".

Aguer había calificado hace unos años a Bergoglio de ser "un rústico peroncho", por la costumbre del entonces arzobispo porteño de visitar las villas de emergencia de Buenos Aires en tareas pastorales.
Sería interesante conocer cómo analiza ahora el papa Francisco a estos "cruzados" que tanto desde San Rafael como desde La Plata insisten en espantar a la gente de la Iglesia, en desconocer leyes del Estado argentino y en exhibir tan escaso criterio cristiano.
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