afondo - Alfredo Cornejo Alfredo Cornejo
martes 22 de marzo de 2016

La minería, el humo, el funcionario de Paco que no se fue y la emotividad

Aunque sutil, el Gobierno ya tuvo la primera marcha y contramarcha en el irresuelto tema (¿o problema?) de la minería en Mendoza.

Apenas asumió, el subsecretario de Energía y Minería, Emilio Guiñazú, agitó –en cada entrevista que concedió– la posibilidad de quitarle la concesión a la firma Vale si para el 2017 no se habían reactivado los trabajos en Potasio Río Colorado (Malargüe), que en sus inicios fue catalogado como un hito nacional en términos de inversiones para la extracción de sales de potasio.

La semana pasada, el funcionario volvió del Congreso Mundial de Minería de Canadá con otra expectativa, para algunos, y con otro discurso, para otros. El título que el mismo oficialismo usó en su resumen de prensa reza: "Vale sumará un socio" para reactivar la mina. Ese tercero, claro, debe estar dispuesto a desembolsar 1.500 millones de dólares para entrar al juego.

Y ahí es donde los expertos advierten de que la buena voluntad y las promesas en positivo se asemejan a una cortina de humo, que intenta acallar las voces de los que vienen reclamando que, en el área, se avance menos a los tumbos y más con decisiones sostenibles a largo plazo.

A saber: en la actualidad, la tonelada de potasio ronda los 210 dólares y el costo de extracción en el Sur mendocino (donde para encontrar "el tesoro" hay que ir hasta los 2.000 metros de profundidad) ronda los 150 dólares. Es decir que, por tonelada, queda una rentabilidad de 60 dólares.

Por año, Potasio Río Colorado podría producir un millón de toneladas, ergo, 60 millones de dólares de renta.

Conclusión, para recuperar la inversión haría falta trabajar la zona durante 25 años, un período razonable para la industria, no así para "la Argentina".

Lo que para Guiñazú es "un proceso complejo que demandará un análisis serio y profesional por parte de los potenciales inversores", para el presidente de Asinmet, Julio Totero, es "casi un imposible que despierta falsas ilusiones".

Más benévolo, el presidente de la Cámara Minera de Mendoza, Mario Chabert, alaba el esfuerzo de la actual administración, aunque admite que es "difícil" de concretar.

Igual de complicado resultaría quitarle la concesión a la brasileña. Es cierto que el año que viene se cumple el plazo de inactividad estipulado en las leyes para romper relaciones con los privados. Sin embargo, la compañía podría aducir que en la zona mantiene operarios y un mínimo de tareas, lo que en estrados judiciales internacionales podría echar por tierra la argumentación provincial.

Cuando el proyecto malargüino arrancó, la tonelada de potasio costaba 900 dólares. De ahí que la compañía llegó a invertir 2.000 millones de dólares, un patrimonio que ninguna firma abandona sin chistar o sin darle participación a legales.

Otro frente en el que Guiñazú recibió algunas críticas es por haber ratificado en la Dirección de Minería a un funcionario nombrado por Francisco Paco Pérez. Estamos hablando de Carlos Molina quien, en palabras del subsecretario, es un técnico sólido que responde bien.

En la campaña, Molina fue un férreo militante del voto para el candidato del Frente Para la Victoria, Adolfo Bermejo, cuando el maipucino le disputaba el cargo a Alfredo Cornejo. "Si gana Cambiemos esta dependencia desaparece", recuerdan los empleados del área que Molina vaticinó, palabras más, palabras menos, en charlas informales. Políticamente, no todos en la coalición triunfante entienden o comparten el por qué quedó allí.

Acaban de cumplirse 100 días de gestión cornejista. Desde el comienzo, Guiñazú sostuvo que al debate sobre minería hay que "sacarle emotividad".

Hay síntomas esperanzadores para que su anhelo se concrete: una es el contexto nacional, donde no sólo se anunció la eliminación de las retenciones sino que también tomó renovados bríos la Organización Federal de Estados Mineros, Ofemi, organismo en el que participan las provincias y donde el objetivo es avanzar hacia un nuevo pacto.

Y otra es la reapertura de una mesa de diálogo, donde puedan sentarse promotores y detractores. A lo que empieza es justo darle tiempo, y crédito, para evaluar cómo termina.
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