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sábado 14 de enero de 2017

La frágil velocidad del tiempo

Apresuradamente el calendario le agrega a las efemérides la desaparición de palabras, de letras, de poesías, de canciones, de ideas.

La sensación de que el tiempo transcurre a mayor velocidad no tiene asidero. Según los expertos no ha variado. La Tierra se mueve a ciento ocho mil kilómetros por hora. Velocidad difícil de advertir porque mientras nos traslada sobre sus espaldas solemos no despeinarnos excepto algún estruendo inesperado nos sacuda.

Según la escala Celsius y por estas geografías, los días de este incipiente 2017 andan con fiebre porque pasan los 37 grados y algunos acontecimientos nos hacen estremecer de frío.

Apresuradamente el calendario le agrega a las efemérides la desaparición de palabras, de letras, de poesías, de canciones, de ideas.

Diego Gualda, quizás el más ignoto de los conocidos, escritor y periodista, se fue. Prematuramente, vamos a coincidir.

Escribía desde esa agencia de noticias que incomoda desde el nombre.

Télam. Agencia informativa que nació en 1945 con el mismo propósito que mantiene en la actualidad pero que no lo consigue enteramente, jamás.

Por más creativo que haya sido Gualda. Tanto como algunos de sus antecesores y ojalá como muchos sucesores, estará en pugna con quienes pagan el sueldo. Entre otras razones porque los jefes de ocasión que habitan oficinas y usan sellos en la Casa Rosada pretenden de manera empecinada que cuenten la historia que ellos imaginan, pero que no encuentra correlato en la realidad social.

Aunque quisiéramos, no podemos evitar mezclar la letra con la música de la política. Y tampoco simular el dolor, la tristeza, la pena que provoca saber que algunos personajes gravitantes de las palabras, no volverán a escribir ó quizás no lo van a imprimir con la tinta que nos permite esta mirada voluntaria.
El año arranca con todo. No hay dudas.

Noventa años pero una lucidez extrema, nos abandona John Berger. Aquel comunista que, como Neruda, no se privaba de vinos caros, placeres burgueses pero a la vez, nutría el pensamiento con lealtad y además, actuaba con generosidad por las causas. Modos de ver. Sí, ese quizás fue el ensayo más emblemático de este escritor, artista plástico y el que sin tocarnos los párpados abrió los ojos a miles de jóvenes en Mayo del '68

También Emilio Renzi murió. Aunque muchos sostienen que quien falleció fue Ricardo Piglia. Empieza un debate de identidad. Y también la política hará para que de uno y otro lado, lo reclamen para sí.
Por más asistencia de oxígeno e imaginación que apliquemos, el autor de Respiración Artificial no podrá alentarnos más para introducirnos en nuestra rica y plagiaria literatura.

Para mitigar la tristeza sabemos que ni el vértigo policial de Plata Quemada, ni la exaltación del fracaso y del temor que Piglia supo acomodar en sus letras se van a ir con su cuerpo. Un consuelo cobijado por una biblioteca esencial

Tiempos líquidos. Esa descripción tan visual y tangible fue la consecuencia de una larga historia de pensamiento. Un zaga de ensayos insustituibles para comprender el presente (europeo y de los países desarrollados, principalmente). Su autor, el polaco Zygmund Bauman, también decidió esperar los inicios de este año para dejarnos un poco más a la intemperie en este mundo que nos empuja a una Vida de Consumo.

Bauman es quien planteó que los cambios operados en esas sociedades tienen una velocidad inalcanzable. Fábricas de artefactos ya obsoletos. Cotizaciones algorítmicas de obras que aún no existen.

Mundo en el que va perdiendo sentido la acumulación, pero que la intensidad de lo superficial es tan severa que ya sólo se desea el deseo. O sea, ni la estimulación por fármacos abastece de placeres y no se encuentra forma de saciar la propia vacuidad.

Y nuevamente el tiempo. Un apuro incomprensible.

Sujeto con antecedentes –diría demasiado tarde la crónica policial- sustrae un BMW, acelera a 180 kilómetros por hora y embiste a dos criaturas. Una mamá de 20 años y su bebé.

Podría adjudicársele a la fatalidad. Al accidente. Al siniestro automovilístico de cada día.

Fue la impericia. La negligencia. La maldita indolencia. Temprano. Tres años antes de lo que había determinado la sentencia, una joven mamá ya no será y ojalá esto formara parte sólo de la invención literaria.

Apurados para nada. Para morir carente de sentido. Y tal vez como réquiem de tanta tristeza, Horacio Guarany también partió.

Pero mucho tiempo antes de irse y otra vez el tiempo como juez y parte, nos decía: amar es el jugarse por su pueblo.

Lo único urgente que nos queda es vivir y amar, amando.

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