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viernes 25 de agosto de 2017

"La escuela debe ser un sistema de contracultura"

Pablo Aristizábal plantea que ese es el ámbito específico para formar ciudadanos en lugar de consumidores.

Entre los múltiples desafíos educativos actuales, el hecho de lidiar con estudiantes que han adquirido menos palabras que las que se necesitan, por ejemplo, para interpretar un periódico, se ha vuelto una situación problemática crónica. Esto, porque un adolescente que no puede poner sus emociones en palabras no puede resolver conflictos, y básicamente no puede comprender el mundo que lo rodea.

El profesor y conferencista internacional Pablo Aristizábal, quien llegó a Mendoza con motivo del PreForo de Calidad Educativa, organizado por el Consejo Empresario Mendocino (CEM) con el apoyo de la DGE, asegura que una alumna o alumno que abandona la escuela secundaria apenas maneja 2.500 palabras, cuando para interpretar lo que dice un diario necesita, al menos, 4.000.

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Pablo Aristizábal.
Pablo Aristizábal.

Esto habla de una carencia de interpretación que lo lleva a no poder decodificar lo que sucede en la sociedad en la que vive. Aristizábal manifiesta que antes que incorporar tecnología al proceso educativo, hay que replantearse estas carencias que preexisten y que conforman la base de los fracasos no sólo educativos, sino del individuo como ciudadano.

–¿Cuáles son los principales desafíos de la escuela actual?
–La escuela debe ser el lugar al que los chicos puedan traer sus intereses para determinar hacia dónde desean direccionar su potencial. Allí es donde la pregunta que surge es ¿cómo podemos conversar si no tenemos palabras? Este es mi planteo si el léxico activo y pasivo de los niños está en un proceso de desarticulación.

–¿Dónde comienza el problema?
–En el modo y el lugar en el que normalmente se adquieren las palabras: en el habla de los padres, en los medios, en lo que dicen los amigos, en los libros, en la escuela. Pero todos los actores que te brindarían palabras están en un proceso distinto a ese en que fuimos criados.

–¿Se van perdiendo palabras?
–Para que te des una idea: un niño que abandona la secundaria cuenta con 2.500 palabras, pero para comprender un periódico necesita 4.000. Por ello, ese niño, que estamos mandando a votar, no comprende lo que le están proponiendo. Así, el niño no lee el diario ni deja la escuela porque no le gusta, sino porque no los comprende. Ahí hay un problema de base que tenemos que resolver.

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Pablo Aristizábal.
Pablo Aristizábal.

–¿La escuela comprende al chico?
–Ese es el problema. El mismo niño piensa que con su lenguaje no va a encajar en la escuela. El reflexiona "ese nivel no lo tengo" y se autoexcluye. Si los niños no leen, si utilizan un tipo de lunfardo como para que no los entiendan, eso ya es todo un mensaje. No es lo mismo estar triste que estar frustrado. Si ellos no pueden decirlo, tampoco pueden comprender la diferencia. Lo que tratamos de identificar es la importancia de la palabra y el lenguaje para el aprendizaje. Mi planteo no es tecnológico, es directamente en la base de sustentación de lo humano que es el lenguaje. Martin Heidegger decía "el lenguaje es la morada del ser". Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje.

–Los adultos también utilizan menos palabras para todo...
–Lo que sucede es que en lugar de estar formando ciudadanos estamos formando consumidores y la oferta lo que exige es codificar todo el proceso. Entonces, el lenguaje lo llevamos al código. Eso es funcional al consumo.

–¿Cuál es la principal discusión que debemos dar al respecto?
–Que la escuela debe ser un sistema de contracultura. Si la humanidad va hacia una lógica de consumo, la escuela tiene que forjar ciudadanos. Para eso está.

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