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domingo 10 de septiembre de 2017

La culpa: qué es y cómo actúa

Por Bernardo Stamateas
bernardoresponde@gmail.com


Hoy muchas personas viven, sin darse cuenta, en la prisión de una de las emociones más destructivas: la culpa. Es así como su mente y también su cuerpo están sometidos a las consecuencias negativas de esta.

La culpa actúa como un "factor limitante"que se arraiga fuertemente en un ser humano de manera imperceptible y de ella derivan diversas actitudes que nos impiden crecer y avanzar en la vida. Es además una herramienta poderosa para manipular a alguien.

Atención: todo lo que nos lleva a sentirnos culpables o a sentir miedo es manipulación.

¿Qué es la culpa? En psicología, se la considera la diferencia entre lo que la persona hizo y lo que "debería" haber hecho; o entre lo que la persona quiere y lo que "debería" hacer. Es ira dirigida hacia uno mismo, una especie de venganza personal.

En la mayoría de los casos la depresión empieza con un sentimiento de culpa, con enojo contra uno mismo por algo que hizo o dejó de hacer. Por supuesto, se trata de emociones a las que no se les prestó debida atención para poder resolverlas y liberarlas.

Alguien con culpa suele bloquear su potencial y no se permite disfrutar de la vida porque vive con una cadena perpetua sobre su cabeza. Muchos sienten culpa aunque no son culpables de nada. Por ejemplo, en el caso de una mujer o un niño abusados. Otros crecen con culpa porque sus padres solían repetirles: "Por tu culpa, por tu culpa". Estas personas llegan a adultos con profundos sentimientos de desesperanza y de impotencia, con la idea de que nada nunca cambiará y no pueden hacer nada al respecto.

¿Qué le pasa a una persona que siente culpa? Estas son tres de las consecuencias más comunes:
Tiene pensamientos rígidos. Dichos pensamientos inflexibles se convierten en normas que es imposible seguir, pues son demasiado altas. Como resultado, la culpa (por no alcanzar sus propias normas) permanece.

Sufre privaciones (autoimpuestas). Dirá frases tales como: "Tengo tanto que hacer que no tengo tiempo para mí". "Me encanta pero no me puedo permitir ese gasto". "Yo no podría estudiar eso, no me da la cabeza". Esa actitud es culpa disfrazada de privación. Quien realmente desea algo, y se siente merecedor de ello, hace hasta lo imposible por conseguirlo. La culpa siempre nos pone obstáculos en el camino que no nos molestamos en remover.

Se autorreprocha todo. La persona con culpa vive cuestionándose por qué lo hizo, por qué no lo hizo, por qué fue, por qué no fue, por qué habló, por qué calló, etcétera. Una de las principales frases de su vocabulario es "tendría que": "Tendría que haber hecho esto o aquello"; o en negativo: "No tendría que haber hecho esto o aquello". El autorreproche nace de la bronca contenida y no expresada.

¿Dónde nace la culpa? Básicamente de dos fuentes:
De las desgracias ajenas. Algunos se sienten culpables cuando les sucede algo malo a otros, sobre todos a seres que aman. Es muy común que los niños sientan culpa por la separación de los padres.

De los mensajes recibidos desde chicos. Hay padres hiperexigentes que les transmiten a sus hijos el mensaje de que lo que hacen está bien, pero no es suficiente. Esto los conduce a transformarse en personas que buscan agradar a los demás. Otro mensaje que les transmiten, y es altamente destructivo, es que ellos son responsables de todo lo malo que sucede en esa casa.

Muchos, sin darse cuenta, hacen uso de esta segunda modalidad al atribuirles a otros la responsabilidad de lo que les ocurre: "Estoy deprimido por lo que me dijiste o lo que me hiciste". La verdad es que cada uno decide cómo sentirse y cómo actuar, hagan lo que hagan los demás.

Para salir de la culpa necesitamos pedir perdón, si la culpa es real por un error cometido. Quien pide perdón realiza un acto de grandeza. Pero una vez reconocido el error y después de haberlo reparado, hay que seguir adelante libre de toda emoción negativa. Si la culpa es falsa, es fundamental entender que no nacimos para vivir atrapados en ninguna emoción tóxica y que todos cometemos errores porque nadie es perfecto.

¡Seamos libres de la culpa!

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