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martes 22 de noviembre de 2016

La belleza cinética del deporte

El tenis como fuente literaria.

David Foster Wallace (Nueva York, 1962-California, 2008) fue en su juventud un avezado jugador de tenis y durante un tiempo llegó a plantearse incluso la posibilidad de inscribirse en el circuito profesional de su país. No es extraño, por consiguiente, que dedicara al deporte de la raqueta tantos textos a lo largo de su vida.

Escritos con la pasión desbordada y el entusiasmo contagioso tan propios de Foster Wallace, en los dos estupendos artículos que se reúnen en este volumen, publicados en 1996 y 2006, nos asomamos a los entresijos del famoso US Open y asistimos a la rivalidad entre Roger Federer y Rafa Nadal, dos tenistas con personalidades y formas de jugar opuestas.

"La belleza humana de la que hablamos aquí es de un tipo muy concreto; se puede llamar belleza cinética. Su poder y su atractivo son universales. No tiene nada que ver ni con el sexo ni con las normas culturales. Con lo que tiene que ver en realidad es con la reconciliación de los seres humanos con el hecho de tener cuerpo", escribe el autor de La broma infinita.

Para Michiko Kakutani, crítico de The New York Times, "estos ensayos nos recuerdan el arsenal de talento de Foster Wallace: su incansable ojo para encontrar el nudo central de una historia y contarla, su capacidad para transmitir la verdad física o emocional de las cosas con un par de rápidos movimientos de muñeca, y su capacidad para saltar de lo mundano a lo metafísico con una velocidad y una pasión deslumbrantes".

Escritos con el corazón en la mano y con un entusiasmo contagioso, estos ensayos nos muestran la belleza, complejidad, perfección, brillantez y exigencia del deporte preferido de Wallace.
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