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domingo 24 de abril de 2016

Inflación: la batalla del segundo semestre

Un informe privado pronosticó el 32% para el 2016, en contra de las previsiones oficiales que hablan del 25%.

Finalmente esta semana Argentina pudo cerrar el capítulo del default con el pago que se hace efectivo a los fondos buitres. El regreso de nuestro país a los mercados internacionales a tasas menores a la esperada, pero exorbitantes si se las compara con el mundo o aun con nuestros vecinos, invita a pensar que es para estar conforme, de ninguna manera para saltar de alegría.
Para ser claro, que el país pague 7,14% supone que para que la deuda sea sostenible (si siguiéramos emitiendo a esta tasa) deberíamos crecer como mínimo a tasas superiores a las que presenta China como para que dicho costo de financiamiento sea viable.
La solvencia que demostró el Gobierno en el regreso a los mercados, así como en la claridad para explicar la oferta local a los mercados y a la sociedad en general, fueron la clave del éxito en la operación.
Las lecturas son múltiples y tal vez cada una, como suele ocurrir, encierre algo de razón. Los más optimistas, como el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, creen que en el segundo semestre del año ya empezará a notarse el impacto favorable del arreglo de la deuda, con la llegada de proyectos de inversión y un retroceso paulatino de la inflación, que bajaría al 25% anual.
Otros, menos propensos a las celebraciones rápidas, dicen que el arreglo de la deuda puede generar un impacto positivo recién en el 2017.
Con todo, la imagen de Prat Gay celebrando casi como si se tratara de un gol de la Argentina el fallo de la Corte de Apelaciones de Nueva York que terminó de destrabar el litigio, apareció exagerada ante el cuadro de situación económica y social que atraviesa la Argentina.
En el país, el último informe económico del estudio Bein, difundido el viernes, pronosticó 32% de inflación para todo 2016, una caída del producto bruto del 2,3%; del consumo privado del 3,6%, y un aumento del desempleo del 6,9% de 2015 a 8,6% en 2016.
El economista Dante Sica imagina que Prat Gay comenzará a hablar de "inflación mensual anualizada" si en el segundo semestre consigue bajar la inflación a menos de 2% mensual, proyectado 12 meses al 25%, más cerca de las previsiones que proclamó para 2016. Pero aun para lograr esos valores anuales de inflación hacia adelante, el ajuste monetario necesario, según Sica, tendrá consecuencias: "La inflación se va a terminar combatiendo con desempleo, el ingreso de las familias caerá, y más hogares van a atravesar la línea de pobreza".
"El desafío del país estará puesto en la distribución del ingreso y la inflación de los costos", aseguran los especialistas.
En tal sentido, hay datos objetivos del primer bimestre que demuestran que el gobierno de Macri plantea un cambio de paradigma que implica que la ecuación general de la economía buscará potenciar la inversión y no tanto el consumo.
Entre 2011 y 2014 la inversión pasó del 22,7% del PIB al 19,7% mientras que el consumo saltó del 80,5% al 84,2%. En países de la región -como Colombia, Perú o Ecuador- las tasas de Inversión Bruta estuvieron en el rango del 26% al 29%.
La inversión, entonces, es la principal apuesta anabolizante del Gobierno para dinamizar la economía y compensar la contracción que produjeron los aumentos de tarifas y las reducciones de subsidios. Pero la inversión –tanto la extranjera como la local– es especialmente temerosa de la conflictividad política y de los riesgos que pongan en duda la gobernabilidad.
Un contexto económico así requeriría una dosis de optimismo muy grande en el futuro para contener o aplacar la conflictividad social. Que literalmente "lluevan dólares" y haya un boom de inversiones que, aunque no hubieran aún generado efectos de derrame, hicieran verosímil la llegada de un nuevo ciclo de crecimiento. Y es ahí donde nuevamente turbulencias políticas, derivadas o relacionadas con avances judiciales, podrían posponer inversiones dificultando el plan económico del Gobierno.
El último informe del Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) de la Bolsa de Comercio de Córdoba, hace foco en fortalezas y debilidades de la economía de Cambiemos, cuyos puntos centrales compartimos.
Entre las fortalezas: menor transferencia de la devaluación a la suba de los precios; corrección de precios relativos y márgenes; transferencia de oportunidades y rentabilidad de sectores beneficiados inicialmente –como el campo, que de acuerdo a las estimaciones del IIE generaría 75.000 empleos en los próximos 12 meses– a otros sectores, como la industria y los servicios; ruptura del "techo de cristal" de los 10 años en la emisión de títulos soberanos; y posibilidades ciertas de inversión extranjera directa.
Entre las amenazas: sostener la distribución del ingreso, clave en el mantenimiento de la paz social; alta presión fiscal; y lograr un equilibrio de inflación, tasas de interés e inversión para retomar la senda del crecimiento.
La apuesta ahora es que el regreso de la Argentina a los mercados de crédito no sirva sólo para disimular los desajustes sino para empezar a resolverlos. Para recuperar la credibilidad necesaria para pagar tasas cada vez más bajas y que la plata se destine a capitalizar el país con infraestructura y no para mirar fútbol.
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