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martes 16 de agosto de 2016

"He escrito sobre los mismos temas siempre"

El autor de culto Stephen Dixon habla sobre una de sus novelas más icónicas, Interestatal, que a 26 años de salir al mercado llega por primera vez a la Argentina traducida al español. Ya se consigue en librerías locales.

El estadounidense Stephen Dixon, escritor de culto y autor de unos 30 tí­­tulos en casi 40 años de carrera, habló de Interestatal, potente novela que llega por primera vez traducida al español, como un ejercicio obsesivo que explora la tensión psíquica y emocional de un padre ante la muerte de su pequeña hija.

Editada por el sello Eterna Cadencia 26 años después de su primera aparición en Estados Unidos, esta es una de las obras más emblemáticas de Dixon, donde su prosa transparente y simple transcribe el monólogo mental de un hombre que repasa febrilmente esa catástrofe personal.

Ese hombre es Nathan Frey, a quien volviendo de un fin de semana largo en Nueva York con sus hijas de 6 y 9, dos anónimos acosan en la autopista: le tiran el auto encima, dan señales confusas, sacan un revólver, disparan y una de las niñas muere.

Este inicio, contundente, se desarrolla en dos páginas y media, las siguientes 465 páginas del libro serán los efectos de esa catástrofe sobre Frey y consideraciones del narrador sobre la debacle (siete perspectivas, una por capítulo): Nueva York días previos a la partida, diálogos con las niñas y cómo saber si las cosas ocurren como se las recuerda.

A los 80 años, Dixon es un autor laureado, pero no tan conocido, que ocupa la mayor parte de su tiempo escribiendo. Publicó su primer libro de grande, pasados los 40 años, y hasta que se jubiló, a los 71, tomó trabajos que le garantizaban tener tiempo para escribir ficción.

Fue camarero, vendedor en las tiendas Bloomingdale's, periodista, maestro de escuela primaria y profesor de Escritura Creativa en la Johns Hopkins University.

Dos veces finalista del Nathional Book Award con Interestatal y otra novela llamada Frog, ganó algunos de los premios literarios más importantes de Estados Unidos, como el O. Henry Award y el Pushcart Prize, por libros como Calles y otros relatos y Ventanas y otros relatos.

Honrado por la Fundación Guggenheim y la Academia Americana de las Artes y las Letras, su escritura fue descrita como urbana, realista y experimental, pero Dixon no se ciñe a definiciones y dice que escribe en forma "clara" sobre temas universales (muerte, vejez, amor) que salen de su experiencia.

–¿Cómo es su proceso al escribir?
–Trato de terminar una página al dí­a. Así, por lo general, tengo unas 300 páginas escritas al año. A veces trabajo en una página manuscrita durante dos o tres dí­as, hasta que siento que me satisface. He llegado a reescribir una sola página hasta 50 veces, pero no es algo que me suceda mucho. Lo difí­­cil al reescribir es ser espontáneo.

–¿Cómo afecta la ciudad, lo urbano, a sus textos?
–Ya no vivo en Manhattan, pero voy de visita seguido. La ciudad terminó por intimidarme: el ruido, la muchedumbre, los negocios. Vivo en una pequeña y tranquila ciudad a unos 15 kilómetros de Baltimore. Muchos años atrás cuando viví­a en la isla, Manhattan jugaba una parte muy importante en mis ficciones. Ahora lo hace esta pequeña ciudad.

–¿Cuál es la relación, para usted, entre la ficción y la memoria?
–La memoria juega un papel muy importante en mis ficciones, pero quizá sea porque tengo una edad en la que estoy mirando constantemente hacia atrás. Lo que encuentro raro es que mi memoria ha mejorado mucho en los últimos diez o veinte años. Quizá tenga que ver con el ejercicio de utilizarla tan seguido.

–¿Definiciones como "prosa urbana" o "realismo experimental" significan algo para usted?
–No demasiado. No ubico a mis libros en ninguna categorí­­a especí­­fica. Yo sólo escribo, y dejo la categorización de mis trabajos, y su interpretación, a los demás.

–¿Se sorprende al leer algo suyo escrito hace años?
–Al margen de revisar las pruebas de galeras de mis libros por publicarse, jamás releo nada mí­o. Sin embargo, he escrito sobre los mismos temas siempre, una y otra vez. Lo hago siendo consciente de que ya he escrito esas historias antes, pero las vuelvo a narrar porque quiero ver si puedo llegar más lejos y más profundo que la vez anterior. Son historias pequeñas importantes solo para el narrador. Un hombre que escucha a través de la puerta de entrada de su casa cómo su mujer toca a Brahms en el piano. Después, cuando ella termina, toca el timbre a pesar de que tiene la llave, y cuando ella abre la puerta la abraza y la besa. Creo que conté esta historia unas tres veces.

Fuente: Télam

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