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viernes 27 de mayo de 2016

Gyula Kosice: vanguardia en busca de lo infinito

Poeta y escultor pionero del arte cinético y lumí­nico en nuestro paí­s falleció el 25 de mayo a los 92 años, en la ciudad de Buenos Aires.

El artista Gyula Kosice, poeta y escultor pionero del arte cinético y lumí­nico en nuestro paí­s, que fundó el Movimiento Arte Madí­ y creó la utópica "Ciudad espacial", falleció el 25 de mayo a los 92 años, en la ciudad de Buenos Aires.

Así­ lo informó el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires por las redes sociales: "Lamentamos el fallecimiento del gran maestro Gyula Kosice, cofundador del movimiento Madí­. Fue y seguirá siendo uno de los precursores mundiales del arte cinético. El primero en utilizar el agua y el neón, como parte constitutiva de sus obras. Un verdadero revolucionario".

Nacido en 1924 en la frontera checo-húngara bajo el nombre de Ferdinand Fallik, Kosice –nombre que tomó de su ciudad natal– llegó a la Argentina a los cuatro años de edad, pero siete años después sus padres murieron y quedó a cargo de un tí­o que lo acercó sin proponérselo al mundo del arte, cuando en su biblioteca encontró un libro de Leonardo Da Vinci y decidió que querí­a ser artista.

La lectura de ese libro lo fascinó, tanto que dedicó sus más de 70 años de trayectori­a a combinar una trí­ada vital en su trabajo: arte, ciencia y tecnologí­a, tres pilares que fueron la base de sus obras, sin olvidar la impronta del movimiento recreado con luces intermitentes, corrientes de aire que levantan esferas de colores, espejos que giran y agua que fluye.

"El agua todaví­a está traducida incorrectamente pero desde ahora sabemos que el agua y la lluvia van adheridos a mi nombre", escribí­a Kosice en un poema, y sin dudas el elemento lí­quido fue central en sus trabajos. La causa, manifestó alguna vez, la encontraba en su experiencia de haber cruzado el Atlántico cuando apenas era un niño: la inmensidad del mar, el movimiento, el cielo y las constelaciones activaron en él "una revelación", tal como lo recordó en numerosas entrevistas.

En 1944 creó la revista Arturo, en donde proclamaba "el hombre no ha de terminar en la tierra", anticipándose a su proyecto más utópico que tendrí­a lugar 40 años más tarde, la "Ciudad hidroespacial".

Dos años después fundó el Movimiento de Arte Madí­, la primera vanguardia rioplatense que se oponí­a a lo estático y bregaba por obras dinámicas, desplazables: "El arte es invención y organización total de espacio", aseguraba el manifiesto redactado por Carmelo Arden Quin, Rhod Rothfuss y Martín Blaszko.

En ese entonces, en la década del '40, Kosice ya tení­a nombre propio en el mundo del arte, habí­a creado el Royi, la primera escultura articulada y móvil con participación del público, y fue representante de la Argentina en el Salón des Realites Nouvelles de Parí­s, muestra que le significó una catarata de propuestas de galeristas argentinos.

Escultor, pintor, poeta y teórico estético, Kosice no sólo exploró múltiples territorios sino que en cada uno de ellos se arriesgó a traspasar los lí­mites impuestos por la academia y las vanguardias, algo que se reflejó además en la elección de materiales hasta entonces no convencionales tales como el gas de neón, el plexigrás, el aluminio.

También fue precursor en la escultura hidráulica –toma el agua como elemento esencial de la obra–, lo que lo llevó a crear su utópica Ciudad hidroespacial, una urbe suspendida en el espacio gracias a la energí­a del agua, así como un proyecto "factible" –aunque costoso a juicio de la NASA–, que además fascinó al gran escritor de ciencia ficción Ray Bradbury.

"A esa altura, mientras haya atmósfera, el hombre puede vivir", reafirmaba el artista 50 años después de la creación que para él liberarí­a al ser humano de todas las ataduras.

"El mundo no me necesita, pero para el arte contemporáneo soy inevitable", dijo alguna vez Kosice, y no se equivocó, desde hace años sus obras figuran en museos y colecciones de la Argentina, América Latina, Estados Unidos, Europa y Asia, e incluso en 2013 el Centro Pompidou de Parí­s lo homenajeó con una sala en la que se instaló por seis meses con una quincena de trabajos.

Responsable de monumentos urbanos como el de la Democracia en la porteña Plazoleta Tucumán, el artista de las utopí­as –"sin utopí­a no hay esperanza", decía– hizo llover en la calle Florida a plena luz del dí­a y creó mundos imaginarios en su permanente búsqueda de la precisión, lo lumí­nico y lo cinético: "No es una obsesión el cinetismo en mí, es una necesidad vital, si no lo hago me asfixio", sentenciaba.
Fuente: Télam

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