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martes 23 de agosto de 2016

Este experto explica los efectos de la pobreza en el cerebro

Sebastián Lipina. Este investigador y neurobiólogo explica en su libro Pobre cerebro cómo la falta de nutrición y de un ambiente adecuado puede impactar negativamente en el desarrollo de la mente infantil.

En su libro Pobre cerebro, el investigador y neurobiólogo Sebastián Lipina analiza la incidencia de la pobreza sobre el desempeño cognitivo durante la infancia, a la vez que restaura la dimensión ética del campo científico con la proposición de una "agenda neurocientífica de la pobreza", para contrarrestar el empobrecimiento del sistema nervioso por efecto de situaciones de carencia y maltrato. La hipótesis central de este psicólogo e investigador del Conicet se despliega sobre un escenario inquietante pero no concluyente: la falta de una nutrición y un ambiente adecuado impacta negativamente en el cerebro de manera temprana y provoca angustia y estrés, pero el cuadro puede ser revertido o atenuado a partir de estrategias cognitivas que operen a nivel comunitario y escolar. A partir de una perspectiva que integra la sociología, las neurociencias y la ética, desde hace dos décadas Lipina estudia los efectos de la pobreza sobre los desempeños cognitivos de niños nacidos y criados en contextos de bajos recursos con el propósito de diseñar estrategias de intervención que permitan elaborar políticas públicas para estimular el aprendizaje y mejorar el desempeño académico.

"La ciencia debe cuestionarse a sí misma para delimitar su lugar en las transformaciones culturales y morales que hoy en día requiere nuestra civilización y también debe interpelar de manera constructiva a quienes diseñan las políticas públicas. Cualquier agenda científica que apunte a estos esfuerzos contribuirá a construir una sociedad más igualitaria y justa", señala el investigador.

–¿Cómo un científico llega a interesarse por la pobreza como objeto de estudio?
–En 1995, mientras era becario en la facultad, se formó un equipo de investigadores para empezar a explorar el impacto de la pobreza sobre el desarrollo cognitivo temprano en bebés. Un año después se hizo el primer estudio en la Casa Cuna y desde entonces las preguntas se fueron hilando una detrás de otra en torno a este tema. No es original haber empezado con estas preguntas. En áreas como la educación y la psicología del desarrollo se trabaja en la vinculación entre pobreza y desarrollo cognitivo desde hace más de cien años. Lo original fue empezar a preguntarse si los paradigmas cognitivos y neurocognitivos podían aplicarse a la comprensión y ver de qué manera podemos ayudar en ese conocimiento. Uno de los estudios sobre los alcances de la pobreza en los procesos cognitivos demuestra que los chicos que provienen de un hogar con bajos ingresos tienen una activación diferencial respecto de otros que vienen de hogares de mayores ingresos. Aun así, creo que no se podría hablar de niveles de irreversibilidad e inmutabilidad. Con una intervención adecuada estos efectos se pueden revertir, excepto cuando hay un extremo de privación cultural, alimentaria o de estímulos desde los primeros años de vida.

–¿Cuáles son concretamente los efectos de las condiciones de vida precarias sobre el desarrollo cognitivo?
–El ser humano necesita cierto tipo de cuidado en el inicio de la vida. Eso implica nutrición y que la genética que uno trae esté preparada para adaptarse al ambiente. Los componentes biológicos interactúan de entrada con lo ambiental. Todo eso va dando forma al sistema nervioso y a la adaptación posterior a medida que uno va creciendo. Si hay mucha falta de los elementos esenciales en cualquiera de esos niveles de análisis, desde el molecular hasta la conducta, obviamente puede haber un impacto mayor sobre la organización del sistema nervioso y eso alterar posibilidades a futuro.

–El libro trabaja en dos direcciones: por un lado fundamenta la influencia de las condiciones ambientales sobre el crecimiento y por el otro busca restaurar un sentido moral de la ciencia. ¿Por qué sostiene en el prólogo que se ha perdido "el interés por el sufrimiento de los demás"?
–Siempre me pregunto cómo podría separarse la ciencia de su sentido social, aunque es algo que ocurre con frecuencia. Creo que esto tiene que ver con dos cosas: primero creo que está sobrevaluada. La ciencia es hoy como una vedette. Ese es el mejor lugar para potenciar el narcisismo de los individuos. En una época donde la cultura es exitista e individualista, la ciencia adquiere esas características. Pertenezco a una tradición muy distinta. Tengo claro que soy un eslabón de milenios, tratando de entender un 0,1 por ciento de algo. Y sé también que la investigación en ciencia produce un discurso entre otros varios en la humanidad. No hay que olvidar que las neuroimágenes son una construcción como lo puede ser un coeficiente intelectual. Arrojan interpretaciones y no análisis causales. Uno puede, de hecho, manipular una imagen para sostener una idea. Si uno entiende los límites de la metodología y acepta que forma parte de una secuencia enorme de individuos tratando de fabricar en un contexto adverso donde lo que se promueve es el individualismo y el éxito, con mucha más razón tenés que ser responsable por la consecuencia de tu dato.

Los niños y las carencias
Para los niños, el contexto de carencias y privaciones aumenta la probabilidad de que su crecimiento físico y desarrollo psicológico se vean afectados por las dificultades para acceder a la alimentación e inmunización adecuadas incluso desde antes del nacimiento. (Las probabilidades de adquirir enfermedades prevenibles que, en muchos de estos casos, resultan letales aumentan con la exposición a ambientes inseguros e insalubres). Por otra parte, muchas de las carencias que conlleva la pobreza son de carácter simbólico: las condiciones de vida hacen que las oportunidades de estimular las competencias cognitivas y el desarrollo emocional, intelectual y social de los niños disminuyan porque la tensión psicológica y la impotencia de los adultos para alcanzar estándares mínimos de dignidad cotidiana pueden provocar un aumento de la incidencia de estresores en los ambientes de crianza.

Los estresores son circunstancias ambientales –por ejemplo, las carencias materiales y afectivas típicas de la vivencia de la pobreza– que activan un sistema de adaptación orgánico que involucra diferentes partes del sistema nervioso central y autónomo y se denomina "eje HPA", porque involucra al hipotálamo, la glándula pituitaria, la médula adrenal, aunque también se conecta con otras redes neurales del cerebro y modula su funcionamiento. En situaciones tempranas de adversidad causadas por la pobreza extrema, el maltrato y el abandono, el sistema se activa en forma crónica y daña la salud física y psicológica de todos los integrantes de la familia, en especial de los niños, desde antes de su nacimiento.

Fragmento de la introducción de Pobre cerebro. Lo que la pobreza le hace al cuerpo

Fuente: Télam

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