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lunes 05 de septiembre de 2016

"En toda familia funciona un inconsciente propio"

Lanzamiento. A través de la psicogenealogía, la autora Diana Paris enseña cómo indagar en el pasado transgeneracionalmente y desprogramar así los "reglamentos" familiares que nos hacen cargar mochilas ajenas.

Ninguna de las decisiones que tomamos son fruto del azar, hay marcas de origen que van viajando transgeneracionalmente. Esta es la base de los libros que escribe Diana Paris y cuya hipótesis reafirma en su más reciente trabajo: Mandatos familiares. ¿Qué personaje te compraste?, que ya está en librerías mendocinas.

La autora afirma que conocer el pasado familiar libera a las personas de ser rehenes de las expectativas ajenas y permite vivir una vida sin mochilas ajenas.

Diario UNO dialogó con Paris para descubrir de qué se trata la psicología transgeneracional y cómo podemos servirnos de ella.

–¿Cómo llegás a la psicología transgeneracional y por qué?
–Cuando a los 40 años mi historia familiar dio un giro brutal (una información "inesperada" cambió los roles de cada miembro del clan), sentí que revisar los lazos de filiación tienen más que ver con el presente que con el pasado. Lo narro en Secretos familiares. Desde entonces –como psicoanalista- me orienté en lo transgeneracional. La psicogenealogía nos permite comprender que en toda familia funciona un inconsciente propio de ese grupo y que sus "reglamentos" se transmiten como leyes férreas a todos los descendientes. Marcan vivencias, establecen patrones de conducta, señalan un paradigma de cómo vivir, sentir.

–¿Qué buscaste contar en "Mandatos familiares"?
–En este libro indago en los roles que asumimos y que nos vienen dados por las expectativas de nuestros mayores: el lugar que ocupamos en la tribu, lo que venimos a dar, lo que se espera de nosotros y lo que estamos dispuestos a sacrificar para ser aceptados. A veces, el costo es muy alto, depresión, ansiedad, patologías físicas y hasta la muerte. En cada personaje que describo hay una "foto" en la que los lectores se verán retratados y –eso espero- les doy un GPS para salir del personaje agobiante y re-nacer en otro.

–¿Es posible evitar la repetición?
–Es posible, claro, pero con una condición indispensable: ¡animarse a ver! Cuando sabemos, no caemos en la trampa del inconsciente que nos hace jugar una y otra vez el mismo rol, la misma actitud, sentir esa exacta emoción que no nos pertenece, que es de los ancestros, pero que repetiremos a fuerza de dolor y de insatisfacción hasta que decidamos tomar conciencia, "vaciar la papelera" y empezar de nuevo. Poner luz sobre eso que –porque lo creemos perturbador- no nos atrevemos a mirar de frente evita la repetición. Que es dolorosa la experiencia vivida por mi clan de perder una empresa, afrontar el exilio o asumir la muerte de niños, pues claro, es muy doloroso. Pero hasta que no revisemos las situaciones que nos llevan una y otra vez a sostener esa fidelidad, esa "marca en el orillo" de mi sangre, no podremos soltar y sanar.

–¿Lo ideal sería que todos indaguen en su historia familiar?
–Sí, es lo único que nos hace personas libres y conocer las raíces del hambre, los abusos, los triunfos o las derrotas de mis ancestros me darán nuevas brújulas para decidir el camino que elijo para mi vida. El estudio del árbol genealógico es una herramienta poderosa de toma de conciencia sobre dolencias, nombres repetidos, fechas, vocaciones interrumpidas, infertilidad o duelos sin resolver de varias generaciones. Ver el árbol es aprender a caminar en el "bosque" sin perdernos.

–¿Cómo es que estos rasgos van de generación en generación?
–Heredamos con el color de piel o las manos anchas todo un sistema de creencias. Se transmite desde antes de concebir a un hijo. Cuando una pareja se dispone a tener descendencia (aunque sea inconscientemente) ya está entregando al futuro niño/niña un gran bagaje de expectativas, mandatos, misiones necesarias para que ese clan siga funcionando. Cada sujeto tiene la oportunidad de reconocer lo propio y lo asignado, liberarse de aquello que incomoda a su modo de vivir, agradecer y honrar la memoria familiar y soltar lo que no le pertenece. Ese es el gran regalo del autoconocimiento: la libertad de vivir sin mochilas ajenas.

–En el pasado, ¿pusiste de ejemplo a celebridades para que el tema fuera más atractivo?
–En el primer libro, donde explico las bases de la psicogenealogía, me valí de mi propia biografía, como de casos que trabajo en consulta, pero sumé las historias de vida de Horacio Quiroga, Alfonsina Storni y Máxima de Holanda, entre otros, porque como sujetos todos atravesamos instancias comunes. En la ejemplificación de un cáncer de mama sufrido por Alfonsina Storni o la dolencia en la piel que padeció Karl Marx los lectores pueden comprender cómo el cuerpo habla. Cada órgano tiene su lenguaje y aprender a decodificarlo nos sana con la mejor farmacia que existe: la interior.



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