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viernes 20 de mayo de 2016

El Zoológico tocó fondo

Autoridades provinciales, expertos, veterinarios y ONG que defienden los animales no se ponen de acuerdo en cómo actuar

Durante los últimos días y al cierre de esta nota murieron en el Zoológico mendocino 36 animales entre gamos blancos, cabras, ovejas somalíes, ciervos, crías de pony, un puma y la última pantera que tenía el paseo. Algo se está haciendo mal.

Las causas pueden ser envenenamiento, hacinamiento, frío, infecciones o una mezcla de todas. Ninguna hipótesis se descarta.

Es más, los funcionarios sueltan sospechas acerca del accionar de los empleados. Y los empleados no dudan en sostener que "a los únicos que les convienen las muertes de los animales es a los directivos, porque apuran el ecoparque –un paseo en el que solamente haya animales autóctonos–, el proyecto que la actual directora del Zoológico, Mariana Caram, presentara como alternativa cuando junto con otros ambientalistas se manifestaba al pie del Cerro de la Gloria, en la entrada del Zoo.

A principios de año Virgilio Roig, director del Zoológico durante dos períodos (1958-1962 y 1994-2005) criticó con durísimos términos el proyecto ecoparque encarado por los ambientalistas. "Sólo tiene de ecoparque el enunciado, ya que su texto apunta a un único objetivo que es el vaciamiento del Zoológico, paso previo a su cierre definitivo", sostenía el ingeniero agrónomo.

Además le achacó al proyecto no tener en cuenta la posición de entidades científicas y profesionales, entre ellas el Colegio de Médicos Veterinarios de Mendoza, la Asociación Zoológica de Mendoza (Azoome) y el Consejo Académico de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Maza y el CCT (ex CRICYT). También habló de fanatismos.

La respuesta no demoró mucho. La veterinaria Jenifer Ibarra, fundadora de Cullunche, mostró su cansancio acerca del mote de fanáticos y señaló que los verdaderos fanáticos son aquellos "incapaces de estudiar un proyecto objetivamente y sin prejuicios".

Finalmente, la alternativa del ecoparque fue presentada a comienzos de la semana en la Legislatura mendocina con el apoyo de más de 400.000 firmas en el sitio change.org.

Sin embargo, el mismo titular de Ambiente, Humberto Mingorance, admitió que era difícil determinar la legitimidad de esas firmas –una misma persona puede firmar las veces que quiera con nombres truchos, por ejemplo, y nadie sabe quién es el dueño del sitio–. No obstante ecoparque cuenta con el apoyo de otras ONG.

Es notorio también que a los ocho veterinarios del Zoológico no les "cierre" el proyecto. Estos profesionales son los que más saben de animales y su opinión no es una más.

Incluso llama poderosamente la atención que de los últimos siete directores del Zoo sólo dos son médicos veterinarios. Hubo ingenieros, un sindicalista y hasta un artista plástico que ahora quiere volver "ad honorem".

Dicho sea de paso: ¿con tantas muertes de animales, no es raro que no haya manifestaciones en la puerta del Zoológico?

Algunos otrora asiduos manifestantes hoy están a cargo del paseo en el que se mueren tantos bichos. Otros tal vez son amigos de la actual administración. O quizás están esperando que regresen los días soleados para organizar su protesta. Mientras tanto, no pasan de las acciones virtuales.

Hablando de acciones a través de la web, la encuesta de Diario UNO en la que se les pregunta a los lectores qué hacer con el Zoológico de Mendoza muestra datos interesantes: 23% sostiene que habría que cerrarlo cuando estén dadas las condiciones, el 22% banca el ecoparque, el 24% cree que hay que privatizarlo y el 31% piensa que hay que mejorarlo.

De los números anteriores surge un dato más: casi el 80% no quiere cerrar el Zoológico.

Otra información conocida esta semana: la actual administración del Zoo informó que el año pasado murieron 390 animales, más de uno por día en promedio. "Antes no se comunicaba", explicaron. ¿Por qué eligieron informarlo en este momento? Debe hacer varios meses que lo saben, hace casi un año que ganaron las elecciones. Esta información contextualiza el estado actual del paseo, cuya decadencia empezó hace más de dos décadas y ahora toca fondo. Sin embargo, huele a justificación.

Más allá de todo hay que entender que el problema es aquí y ahora. La coyuntura exige que se haga algo, bien y de manera rápida.
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