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martes 22 de marzo de 2016

El significado del Conejo de Pascua

La diosa Astarté, el Conejo y la Pascua ¿De dónde viene la figura del conejo?

¿Qué tiene que ver una antiquísima diosa fenicia con el simpático Conejo que reparte huevos en Pascua?


La explicación está en que muchas costumbres o usos sociales actuales tienen raíces en que se pierden en la Antigüedad. Cuando aparece en una propaganda de chocolates un enorme Conejo el dibujante que lo hizo probablemente desconozca de dónde viene esa figura.


Ashtart, Astarté, Inana, Astarot, eran diversos nombres, que los pueblos de la Mesopotamia, acadios, sumerios e israelitas daban a esta deidad femenina que llevaba un traje de estrellas o simplemente velos sobre su bella figura, de pie sobre un león.


Sus estatuillas están actualmente en el Museo de Cádiz. Astarté representaba el culto a la madre tierra, el amor y la fertilidad, progenitora de todos los seres vivos. Posteriormente se convirtió en diosa del cielo; se identifico con la Isis egipcia y la Ishtar mesopotámica. En la Biblia hebrea a menudo se la presenta como el complemento femenino del dios, aunque luego fuera negada, vilipendiada y asociada al pecado de la carne. Su nombre suele encontrarse en el Antiguo Testamento en la forma plural Ashtaroth. En la mitología griega corresponde a Afrodita, una diosa primordial o primera. En todas sus formas se la identifica con el planeta Venus. Su principal fiesta era cuando surgían los retoños de los árboles y la vida volvía a renacer, luego del invierno. La diosa teutónica de la luz y de la primavera, era conocida en los pueblos anglosajones con el nombre de Easter (Pascua) .


El culto primaveral a Astarté, un culto a la fertilidad, era muy común entre los pueblos vecinos de Israel. Se la celebraba con la primera Luna Llena luego del comienzo del Año Astral, con la entrada del Sol en Aries y el inicio de la estación primaveral en el Hemisferio Norte.


De ahí­ surgió, entre idas y venidas, prohibiciones y negaciones de lo femenino, la Pascua Judía. Posteriormente se la vinculó a esta fiesta con la salida del pueblo hebreo de Egipto, liderados por Moisés. La Cristiandad hizo coincidir la fecha para su Fiesta más importante: la Resurrección de Jesuscristo.


Es decir, se establece la Pascua anualmente, ya que es una fiesta movible, combinando Sol y Luna: Partiendo del Equinoccio o entrada del Sol en Aries (este 2016 fue el 20 de marzo), se busca la primera Luna Llena (es hoy, 22 de marzo) y el domingo siguiente será Pascua. Tendremos una Pascua temprana: el 27 de marzo.


¿Y el Conejo? Tenemos que remontarnos más atrás todavía de la Antigüedad, a épocas prehistóricas, donde la alimentación dependía directamente de las condiciones naturales. Con la llegada de la primavera las aves migratorias regresaban y ponían codiciados huevos que eran recogidos por los humanos. El huevo se convirtió en un símbolo universal de la vida y quedó así para la posteridad. Se le ofrendaban huevos a la diosa en su festividad pascual. El conejo se convirtió, por su gran capacidad reproductiva, en un símbolo de la diosa, o directamente una representación natural de ella. De allí surgió la leyenda del animalito repartiendo huevos.


Los huevos de pascua en la antigüedad eran de gallina y de pato. Recién en el siglo XIX, en Alemania, Italia y Francia, aparecieron los primeros huevos hechos con chocolate con pequeños regalos adentro.


Las generaciones y los siglos pasan; poco queda de la forma de vida o las costumbres de épocas remotas o de centurias pasadas. Algo hay que perdura y se mantiene a través del paso del tiempo: las Festividades de la Tradición de la humanidad. Van tomando distintos ropajes, distintas concepciones, nombres. Varía la parte intelectual para explicarlas, pero persisten en su esencia y en su momento en el ciclo anual. El "eterno retorno" del que hablaban los griegos. Todos los años vuelve a florecer la Primavera. La doncella Koré o Perséfone sale de las entrañas de la Tierra donde permanece oculta seis meses para reinar en medio de flores y pájaros y colorear los oscuros paisajes. Allí tiene sus orígenes la Pascua. Hoy en día los cristianos celebramos la Resurrección de Jesuscristo, que venció a la muerte.


Estas Festividades están ligadas con los Equinoccios y los Solsticios, los cuatro momentos que dan origen a las Estaciones y también con la relación entre el Sol y la Luna, es decir, con las Fases Lunares.


En el Hemisferio Sur las estaciones se dan en forma opuesta. Nuestra Pascua es otoñal, no primaveral. Pero persiste el simbolismo. No recordamos a Astarté la antiquísima diosa de la fertilidad. Pero el conejo que la representa está presente en casi todos los hogares, recordando la fertilidad y repartiendo dulzura, alegría y ternura, como aquella deidad.


Reconociendo los ciclos naturales y el culto a la Tierra van afirmándose las transformaciones y profundos cambios que día a día vemos como espectadores o como protagonistas, según sea nuestra conciencia. Ya sabemos que no tenemos que temer un cataclismo total. La pregunta es otra: ¿Cómo quedaremos, la Tierra y nosotros, después de este proceso?


Todo nos empuja a dar un salto de conciencia y a crecer interiormente, para abrirnos a la vida del espíritu que se manifiesta en amor, paz, abundancia. Hay que vencer a la destrucción, la violencia y la muerte. Renacer en Pascua

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