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lunes 28 de noviembre de 2016

El río más grande y contaminado de México

Los cuidadores del río Lerma –antiguo Chignahuapan– se enfrentan a la contaminación procedente de localidades vecinas, la falta de apoyos, los programas gubernamentales fallidos y los efectos de la desecación.

El río Lerma –cuyo nombre original en lengua náhuatl es Chignahuapan, que significa 'donde nacen nueve borbollones de agua'– estuvo profundamente arraigado en la cosmovisión de los lugares por los que pasa. Sin embargo hoy, apenas siguiéndolo unos kilómetros en la entidad donde nace, es un fétido cauce negruzco al cual es difícil acercarse.

A su paso por el estado de México, Michoacán, Querétaro, Guanajuato y Jalisco, cascadas, vertientes y salientes son contaminados por desechos humanos procedentes de parques industriales como el de los municipios de Santiago Tianguistenco y Lerma y de la planta de petróleo de Salamanca (estado de Guanajuato).

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Incluso casi al final de su camino, el río Lerma sirve casi de tumba, pues cárteles del narcotráfico lo utilizan para aventar cuerpos. "Un río muerto para echar más muertos", ironiza J. Asunción Rodríguez, hombre corpulento con gorra de pescar, experto en la labor de cuidar el primer tramo del otrora río Chignahuapan. Y es que aquí donde nace, el río todavía tiene aguas claras, aunque dista de volver a ser lo que era.

El abogado Israel Maldonado, bromista e irónico integrante de este equipo de menos de una decena de personas que lleva décadas defendiendo este lugar, relata que hace décadas este pueblo de Almoloya era como Acapulco, la internacionalmente famosa playa del estado de Guerrero. El nacimiento atraía turismo nacional e internacional. Los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo llegaron aquí para inspirarse.

La belleza del lugar se fue en la década de los cincuenta, cuenta Alejandro Rodríguez, otro cuidador del río, quizás el más viejo. Rodríguez es pescador. Se mantiene de lo que obtiene de recorrer a diario las aguas que todavía corren limpias.

La desecación del río

Rodríguez recuerda que, en los cincuenta, el Gobierno federal mandó desecar la laguna para llevar su agua a Ciudad de México. Las autoridades usaron dinamita para perforar pozos de agua. A partir de entonces todo cambió.

Hoy, la propia capital mexicana recibe más de la mitad de su agua de esta región llamada Valle del Matlazinco. Si estas personas dejaran de hacer su trabajo, no solo peligraría el ecosistema, sino el abasto de los demás pozos de agua.

El lugar fue declarado Área Natural Protegida (ANP) en 1992. Las ANP son un programa gubernamental que lanza una serie de estándares y prohibiciones y supuestamente aporta recursos y beneficios a las poblaciones.

Sin embargo, los cuidadores de río no ven su pertinencia. Como el área se restringe a ellos, se dan cuenta que las comunidades aledañas pueden hacer cosas que ellos no: avientan llantas, perros muertos navegan inflados por la laguna, vierten sus desechos industriales. Como cuidadores del río, han pedido, abiertamente, un sueldo, pero ni eso les llega.

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Sobre el río

En la parte alta de la casa que a lo largo de los años han construido para cuidar el lugar se mira, en todo su esplendor, el Nevado de Toluca, o Xinantécatl, uno de los volcanes más queridos de México, que podría también estar en peligro por un decreto reciente que autoriza la tala de sus bosques.

Pero aunque ha crecido el tule, el río persiste. A un costado de él, hay un bordo que sirve para tratar las aguas negras de Almoloya.

Frente a esta vista privilegiada, los guardianes cuentan que a este lugar llegan personas de diverso tipo: periodistas, estudiantes a hacer sus tesis, fotógrafos de National Geographic, ONG que hablan de salvar el río pero nunca regresan. Ellos los han visto pasar, con diversas impresiones y aquí siguen.

"Aquí lo hacemos por amor al pueblo, imagina si no percibes un sueldo. El hecho de estar aquí nos encanta", afirma Rodríguez.

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Sirena mexicana

En Almoloya existe la leyenda de una mujer que habita el viejo río. Es la madre del lugar, de ella dependen los peces y se le escucha cantar. La tlanchana, en náhuatl, llora a partir de que el río se secara. Se convirtió en la figura popular mexicana de la Llorona, que no cesa en sus lágrimas por la pérdida de sus hijos.

"Somos un pueblo privilegiado, en historias y leyendas, todavía tenemos un buen futuro. No ha muerto todo", relata el abogado. "Hay secretos de la vida que nos ha dicho los abuelos es un pueblo todavía vivo en muchos aspectos", concluye Maldonado.







Fuente: Actualidad RT

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