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miércoles 15 de febrero de 2017

El que paga sus obligaciones en tiempo y forma se siente un gil

Saber que hay departamentos de Mendoza en los que sólo el 50% de los vecinos paga las tasas municipales provoca una sensación enorme de impotencia y decepción entre quienes sí están al día.

Concretamente Las Heras y Guaymallén dieron a conocer estos números en una nota publicada esta semana por la periodista Rosana Villegas, aunque explicaron que "estaban mejorando". Los demás departamentos del Gran Mendoza informaron porcentajes de morosidad más aceptables, pero todos con niveles cercanos al 10% (me encantaría creerlo).

Para entender mejor el planteo hay que pensar en que, en el mejor de los casos, una de cada 10 personas goza de los mismos beneficios que los otros nueve, sin pagar su parte. En los peores casos son cinco de 10 los que van subidos al carro cómodamente mientras los demás empujan.

Demos vuelta el razonamiento. Nueve de cada 10 personas deben resignar mejoras en su día a día culpa de una sola. En los casos más graves es la mitad de la población la que paga por no tener un montón de servicios que mejoren su calidad de vida. Los que no pagan están en la misma situación, claro. Pero no pagan.

Esto pasa también con las expensas de los edificios y algunos barrios privados. Hay vecinos que no pagan pero no renuncian a los beneficios como las cámaras de seguridad, limpieza, portero, guardias, etcétera.

El problema se repite con las cuotas de los colegios privados. Muchos padres especulan con los resultados que sus hijos obtienen durante el año y si ven que están en riesgo de repetir, a partir de septiembre comienza la morosidad. Si el chico no pasa de año, lo cambian de escuela dejando la deuda a la institución y menguando la calidad de enseñanza a los que sí pagan la cuota. Y con un servicio que sí recibieron.

Hace un tiempo me pusieron una multa de tránsito por estacionar frente a mi casa. Primero consulté con un agente vial si podía hacerlo ya que había cambiado el sentido de circulación y me respondió que sí. Luego vino otro y me sancionó.

Enojado ante la falta de criterio decidí pagar cuando me lo exigieran. Un año después me llegó una intimación judicial. Cuando fui al municipio me atendió una empleada que fue compañera mía del secundario. No podía creer que me hubieran intimado por 200 pesos. "Hay gente que debe 30.000 pesos, 40.000 pesos y no se les puede cobrar me dijo mientras me hacía el boleto de pago".

Hace poco me llegó una boleta municipal a mi casa. Me preocupé al ver que figuraba una deuda bastante grande, mirando en detalle me di cuenta de que el papel no era para mí. Pero me quedó claro que alguien que vive cerca de mi domicilio lleva años y años sin pagar y tiene las mismas cloacas, la misma vereda, el mismo asfalto, la misma luz el mismo servicio de poda, el mismo preventor y así de seguido.

No faltará quien diga que no paga porque los organismos estatales no le dan buen destino a sus aportes. "O los administran mal o los políticos se los roban" piensan. El razonamiento, que suena más a una muy autoconvicente justificación, no es válido.

Hay que tributar y exigir que ese tributo se convierta en obras y acciones que mejoren la calidad de vida de los vecinos.

Entre esas exigencias debe estar que los organismos gubernamentales no lleguen a niveles tan altos de morosidad e incobrabilidad que después se convierten en planes de moratoria o condonaciones que resultan injustas para el gil que tiene al día sus obligaciones.

El autor es jefe de noticias en Diario UNO
Twitter: @gzlponce
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