afondo afondo
domingo 19 de marzo de 2017

El público no es el show, el artista no es un dios

El trágico recital de Carlos Alberto "El Indio" Solari en Olavarría fue una muestra más de esa errónea idea argentina que considera al público más importante que el show. Es decir: creer que los espectadores son el espectáculo.

Claro que sin público no hay función, pero lo más importante sigue siendo la función.

Seamos justos: sólo una parte de los espectadores -que no es la mayoría pero son muchos- se cree más que el show del Indio. Se arroga un papel más importante que el del artista. Piensa que sus banderas, sus cantos, sus bengalas, sus bailes, sus pogos más grandes del mundo, son más espectáculo que el que propone el músico arriba del escenario. Claro que el artista también fogonea esto.

Esta idea los hace pensar (es una forma de decir) que tienen derecho a descontrolarse, saquear, atropellar, pisotear a los demás como parte del folclore, del ritual, de la misa. Y como están convencidos de que ellos son el show, el verdadero show, no quieren pagar entrada.

Para colmo consideran que los que pagan su entrada, atraídos un poco por el fenómeno cada vez más convocante y otro poco por el talento del Indio, haciendo de este producto cultural un evento cada vez más grande, no son del palo, sino "caretas" que no entienden cómo se celebran estos rituales.

En esta misa Solari no es un dios, es humano. Ya se lo advirtió su desgraciada enfermedad, pero aparentemente no acusó recibo y apostó a un evento cada vez más grande y difícil de controlar, salvo que las cosas estén en manos de un ser supraterrenal que tiene el poder de manejar fácilmente a los simples mortales.

Esa parece ser la percepción de alguien que detiene su show y les dice a 300.000 personas (o más) "habíamos quedado en que nos cuidábamos entre todos" con la intención de parar avalanchas y desmanes, como si una palabra suya bastara para salvarlos. Es imposible y de ingenuos que se piensan dioses creer que 300.000 personas pueden "quedar" en algo.

Un ex compañero fotoperiodista me dijo algo hace unos años cuando partíamos a cubrir una nota que me quedó grabado. Subió al móvil y le comenté a modo de arenga "ahora sí, sin fotógrafo no nay nota". Me respondió: "Sin foto no hay nota, si el fotógrafo fuera importante, estaría del otro lado de la cámara". Muy clara la tenía.

La confusión se repite en muchos ámbitos: hinchas y dirigentes que se creen el fútbol, fiscales, abogados, policías y hasta preventores que creen ser la ley, médicos que se piensan la salud, empresarios que se creen el trabajo, sindicalistas que creen ser los trabajadores, jueces que "son" la Justicia, docentes que se sienten dueños de la educación, funcionarios que creen ser la población, sacerdotes que se creen la fe, periodistas que creen ser la verdad y así de seguido. Sin generalizar, claro.

El espectador es una parte importante del espectáculo y cumple una función primordial, se ríe con el humorista, se emociona con la película, grita los goles de su equipo, corea las canciones de su banda, premia con su aplauso y castiga con sus silbidos. Además paga una entrada y pone la maquinaria a funcionar. Por eso hay que respetarlos y cuidarlos.

Sin embargo, no hacen canciones, shows convocantes, ni goles. Están abajo del escenario y fuera de la cancha, como el caballo está delante del carro y no detrás.

El autor es jefe de noticias en Diario UNO on line
Twitter: @gzlponce
Fuente:

Más Leídas