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viernes 21 de abril de 2017

"El principal ingrediente para un buen asado es el amor"

Lo aseguró Alejandro Tello (42), parrillero profesional que lleva 25 años dedicados a esa pasión. Cuenta que heredó el oficio de su padre y que cocina por día unos 160 kilos de carne para turistas y mendocinos.

Quebrando la popular expresión, se podría decir que Alejandro Tello (42) "nació con un asado bajo el brazo" y esa suerte lo acompañó toda su vida hasta la actualidad. Diariamente cocina 160 kilos de carne para un conocido restorán de la calle Juan B. Justo de Mendoza. Se dedica a la profesión de parrillero desde hace 25 años.

Heredó el oficio de su padre, Antonio Tello (74), quien se ganó la vida del mismo modo y le trasmitió su pasión por las brasas desde muy pequeño.

Así lo recuerda el humilde asador, que trabajando en las sombras supo deleitar paladares de famosos, empresarios y personajes de la farándula como Jorge Rial, Ricardo Fort, Pimpinela y Palito Ortega, entre otros. Cotidianamente agasaja a cientos de turistas y mendocinos.

Alejandro es corpulento y tiene las manos inmensas. Es muy conversador y amable. A simple vista se lo ve un tipo sencillo. Cuando habla esconde cierta picardía que sabe entregar en diminutas dosis de humor. Confiesa no tener amigos vegetarianos y se ríe, expresando con gestos y miradas que sería un hecho irreconciliable con sus principios más básicos y hondos.

"Sueño con tener mi propio negocio. Es un anhelo que tenemos con mi viejo desde hace mucho tiempo y algún día vamos a concretarlo" "La gente que labura en las parrillas siempre tiene picardía, se hacen muchos chistes y es muy ameno. Se trabaja en un ambiente muy amigable, para contrarrestar lo sacrificado del oficio" "Trato de seguir la tradición familiar y más allá de que labure de esto cuando tengo franco les hago un asado a mis hijos y mi mujer." (Alejandro Tello, asador profesional).

Con voz propia
"Lo mío viene de familia. Arranqué con mi viejo, que debe de haber cocinado para todas las parrillas y clubes importantes de la provincia. Él es un asador ya jubilado que laburó un montón y quien me enseñó la profesión. Habré empezado a los 17. Lo mamé de chiquito. Toda la vida el asado, el clásico, el que nos une y el que nos lleva a todos lados", señaló con la mano apoyada en el pecho.

"Me inicié en el Club Andino Mendoza, prendiendo fuego, tirando brasas y aprendiendo. Después me largué solo, me empezó a gustar la profesión, que es sacrificada porque cuando la gente está festejando nosotros estamos laburando. Pero también muy linda, porque recibís mucho cariño. Hacer el asado, es hacer el asado... es la reunión, es la buena onda, es la juntada, es estar con amigos, con la familia", aseguró.

Y a continuación comparó su quehacer con un ritual religioso: "Realizar un asado es una de las cosas más gratificantes que existen, es como una misa en la que se reúne la gente a festejar".

El cocinero relató que conoció a su mujer trabajando en la parrilla. "Ingrid (42) era moza y terminamos teniendo juntos una familia", dijo y aclaró que tiene una paciencia de hierro. "Mi mujer me acompaña al ciento por ciento, porque en la noche llegás tarde y los domingos y para las fiestas trabajo. Hay que aguantarse todo esto", manifestó orgulloso.

Tiene cuatro hijos, que adora: Marina (18), Santino (8), Enzo (4) y Amadeo (1). "Lo que siempre me acuerdo de chico es el asado de los sábados a la noche. Mi viejo trabajaba hasta el mediodía de ese día y caía con la leña, yo lo ayudaba a traer la carne, prendía el fuego, ponía música y mientras jugábamos a la pelota con mis hermanos esperábamos el asado. Eso se me grabó de por vida y hoy lo hago con mis hijos", confesó.

Después el asador relató una anécdota: "Una vez se largó a llover y en medio de la tormenta tuvimos que bajar los costillares y usarlos de techo sobre el fuego porque no nos daba la llama", recordó y describió que la mayor cantidad de gente a la que le cocinó fue a 600 personas.

"No he participado nunca en un concurso. Lo hablábamos con mi viejo y mi hermano hace unos días y decíamos que si nos metemos en una competencia los matamos a todos", dijo desafiante y lamentó que el oficio se esté perdiendo. "Ahora está todo estructurado y es muy formal, hay mucha técnica y falta amor", opinó.

Para Alejandro el secreto de un buen asado está en la cantidad de sal y en el tiempo de cocción. Un asado a las llamas para que salga bien necesita de dos horas y media a tres horas y a la parrilla una hora y media. "El principal ingrediente es el amor", aseguró, y se puso serio para que no se dude de lo que dijo.

"Cocinar en la parrilla es una forma de agasajar a la gente y de darles amor a las personas que uno quiere", concluyó.
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