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domingo 06 de marzo de 2016

El político y la actriz, un basamento del peronismo

Desde hace tiempo los veranos son puro sobresalto político y económico. Padecemos devaluaciones por derecha e izquierda.

Hubo una época en que el año calendario en Mendoza no comenzaba en enero sino luego del primer fin de semana de marzo. La Vendimia era la bisagra.

Las clases arrancaban después de la gran Fiesta. Las obras públicas se licitaban para cuando pasaran los fuegos artificiales de la Fiesta. Y hasta se evitaba que los casamientos coincidieran con la fecha de estos festejos.

"Lo definimos después de la Vendimia", solían decir tanto particulares como famosos respecto de sus temas importantes.

Era algo rarísimo. Eran esos años en que en las escuelas públicas había un grupo de niños que estaba autorizado a empezar las clases en abril porque antes tenían que ir a cosechar con sus padres. Aún no se condenaba el trabajo infantil.

Movete, mendocino

Pero eso es historia. Desde hace varios años los eneros son puro sobresalto político y económico.
El nacional y popular Kicillof nos enzoquetó una devaluación del 40% en pleno enero de 2014 y otro tanto hizo el liberal keynesiano Prat Gay en enero de 2016.

Por eso ya a mitad de febrero –con paritarias a diestra y siniestra– sentimos como si estuviéramos a mitad del año.}

¿Ya pasó un año?

¿No percibe, usted lector, como si Alfredo Cornejo fuera gobernador desde hace 10 o 12 meses?
Y eso que aún no termina de anoticiarnos de toda la debacle que nos legó Paco Pérez.

¿Vio, dicho sea de paso, ese tono de gravedad que exhibe el mandatario? Buena parte del tiempo es como si Cornejo estuviera por retarnos y ponernos en caja.

Es que se la debo tener que juntar los fondos para pagarles sueldos a todos los amigos, familiares y militantes que nombró Pérez antes de irse a dorar en Miami y a rockear en la vip de los Rolling Stones.
Millonada de pesos que también debe reunir para las sucesivas capas geológicas de estatales amigos que dejaron Celso Jaque y Julio Cobos y todos los anteriores funcionarios que supimos conseguir, tanto peronistas como radicales y demócratas.

Como te digo una cosa...

Una cosa es un Estado en el que no falten policías, médicos, trabajadores sociales, científicos, investigadores, docentes, fiscales, enfermeros o recolectores de basura.

Y otra muy distinta es llenar el Estado con gente que no hace falta, que no rinde exámenes de aptitud y cuyo supuesto mérito es ser militante del partido de turno. O ser amigo, novio, amante o vecino del gobernador, del ministro, del subsecretario, del intendente o del concejal de turno.

La gloriosa resistencia

¿Y el kirchnerismo? ¿Qué me cuenta de esos aspavientos aparatosos de "resistencia" con que vienen esclareciéndonos sus militantes en las plazas?

Qué pena que la palabra "resistencia", que estaba asociada a los luchadores del peronismo proscripto por los militares que depusieron a Perón en 1955, sea ahora usada como blasón de lucha extrema por los militantes generosamente rentados del cristinismo.

A los miembros de aquella resistencia peronista los metían presos y a varios de ellos los perforaban con plomo en basurales del Gran Buenos Aires.

Esta nueva "resistencia" en cambio vive en democracia, no en una dictadura como la auténtica resistencia de fines de los '50.

La de ahora tiene canales para expresarse o para quejarse cuanto quiera, además de tener representantes en el Congreso.

Y la prensa "concentrada y hegemónica", a la que han demonizado, publica todos los días las actividades de esos "resistentes".

Esos 90 días

Por estos días terminan los tres meses de gracia que la cultura política solía otorgarles a los nuevos gobiernos para que asentaran.

En Mendoza hay que reconocer que, en líneas generales, ese "aguante" se ha cumplido tanto en la población como en la oposición.

No así en la Nación, donde el kirchnerismo duro ha tenido una actitud belicosa, coherente con el mandato de la jefa de ese sector, Cristina Fernández de Kirchner, quien no termina de aceptar que el kirchnerismo perdió las elecciones.

La actitud del resto del justicialismo, desde el sciolismo hasta los gobernadores y los referentes de ese sector en el Congreso, es realista: han aceptado la derrota.

Y mientras debaten hacia dónde seguirán los vientos políticos en la Argentina, se han puesto a planificar cómo compartir de alguna manera el poder con el frente político que votó la mayoría de la población.

Prácticos y sensatos.

El amor es más fuerte

Quizás para corroborar la consigna de que, aunque no lo veamos, el peronismo siempre está, un singular amor de verano ha venido a reafirmar cómo el peronismo continúa teñido por la historia del político ascendente y la actriz popular, ambos audaces, que unen sus caminos ya sea por legítimo amor o por conveniencia mutua.

Juan Manuel Urtubey, gobernador de Salta y presidenciable del PJ en las gateras para 2019, quien iba a ser canciller argentino si el presidente hubiese sido Daniel Scioli, ya no es sólo un político prometedor sino que ahora es un ganador.

Ha subido a la categoría de novio de una de las mujeres más sensuales de la Argentina, Isabel Macedo, quien ya fue pareja de famosos como Facundo Arana y el polista Martín Tassara, y que protagonizó algún escandalete de campanillas como el que le hizo en Punta del Este la sufrida Pampita por un supuesto desliz de su marido, el enamoradizo Benjamín Vicuña.

Tanto Macedo, quien se ha consolidado bastante en su condición de actriz, como Urtubey, que tiene el sello de "quiero ser presidente" en la frente, saben de sobra el peso que sigue teniendo en el inconsciente colectivo de los argentinos la historia de amor de Juan Domingo Perón y Eva Duarte, Evita.

El peronismo viene en pareja. Y con parejas sui generis.

Perón con Evita. Perón con Isabelita. Menem con Zulema. Menem con Bolocco. Duhalde con Chiche. Néstor con Cristina.

Urtubey necesita ascender en la consideración popular. Ser conocido en el país. Y Macedo puede ser un camino. No es que uno no crea en el amor. En lo que uno no cree demasiado es en algunos políticos. Baste citar el amor eterno que se profesaban en la campaña Scioli y Rabolini.

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