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domingo 04 de septiembre de 2016

El PJ busca su identidad lejos de la virulencia K

¿Dónde hay un líder? Massa, Urtubey, Randazzo... La grilla está abierta a nivel nacional. En el local hay menos nombres todavía.

El peronismo, desde su nacimiento, cuenta con una plasticidad envidiable. Con una capacidad camaleónica que, a veces, forma parte de sus atributos; otras, de sus defectos.
Cuando ejerce el poder, su conformación altamente maleable le permite adaptarse, rápidamente, a las modas del momento o a las exigencias de la circunstancia.
Se sube a la ola en un santiamén. Sin contradicciones conceptuales paralizantes, como les ocurre a los radicales. Ni complejos de culpa o inferioridad, como arrastra, históricamente, la izquierda vernácula.
Pasa de Cámpora a López Rega, o de Menem/Bunge & Born a Kirchner/Hebe de Bonafini, como deslizándose por una pista de patinaje sobre hielo. Un trámite.
Es una excelente condición cuando se tiene la sartén por el mango.
Pero se convierte en un problema –pasajero– cuando, como ahora, los muchachos están en el llano.
¿Cuál de todos los credos es el más apto para la necesaria aventura de recuperar el gobierno?, preguntan.
Las opciones son infinitas. Por lo mismo, no resulta una tarea sencilla para un movimiento poco acostumbrado a ceder el control.
Poco entrenado en la paciente y cooperativa tarea –aunque cooperación crítica– que implica ejercer la oposición en democracia.

Autocrítica y actitud positiva
El PJ provincial tiene una situación similar a la de su par nacional.
Se ha perdido el poder y no alumbra, todavía, un liderazgo firme que ordene y canalice el proceso de desintoxicación, primero, y luego de sanación y rejuvenecimiento.
"Necesitamos darnos una fuerte autocrítica, un recambio generacional y adoptar, al mismo tiempo, una actitud colaborativa con los dos gobiernos, el nacional y el provincial. Luego, si les va mal, ya será culpa de ellos". Lo dice uno de los peronistas locales más clarificados y serenos, como Jorge Tanús.
Uno de tantos.
Una mayoría, entre la dirigencia, razona en términos similares.

Los tres peronismos
¿Por qué ejercer una actitud de colaboración cuando desde el kirchnerismo puro y duro, desde el ultracristinismo, insisten en todo lo contrario: callosidad en el ataque contra Macri y su gobierno, intransigencia, discurso agresivo en el límite permitido, movilización permanente en las calles, silencio de radio ante las pedreas, del tenor que estas sean?
Justamente por eso. Para ponerse en otra vereda. Para diferenciarse.
Puede ser gradual o abrupto el proceso, pero el justicialismo predominante ya decidió evacuar de su seno el ala fanática del activismo K.
Así las cosas, los entendidos ven, en el plano nacional, tres corrientes diferenciadas: 1) el kirchnerismo extremo; 2) el peronismo de gestión, nucleado en torno a los gobernadores e intendentes en ejercicio; y 3) el peronismo "renovador" que encabeza Sergio Massa, y donde pueden converger otras expresiones, como Margarita Stolbizer.
Estas dos últimas fuerzas son las que tienen más posibilidades de llegar a un entendimiento. Pero en el mediano o el largo plazo.
Nada los impele a fusionarse en estos momentos.
Sobre todo porque en las elecciones legislativas de 2017 "no se define nada", como afirman los pragmáticos. Y por lo tanto servirán para medir fuerzas. Para ir sumando puntos.

En Mendoza sólo hay dos
El escenario provincial está más despejado todavía. De las tres líneas que se mueven por el mapa argentino, la primera ya no tiene peso por estos pagos.
La muestra cabal de su escaso predicamento la tuvo el camporismo mendocino durante la mismísima gestión de Cristina Fernández cuando perdió todas y cada una de las elecciones internas (ni qué hablar, siquiera, de una elección general).
Ninguno de sus jóvenes integrantes "mastica vidrio". Han escuchado la "voz del pueblo".
Hoy practican la moderación, llegando, incluso, a exhibir ejemplos de convivencia impensables poco tiempo atrás.
El apoyo de la senadora Anabel Fernández Sagasti al proyecto hipotecario de Julio Cobos –aunque haya debido sobreactuar alguna antipatía en el recinto– es significativo.
Cobos fue, durante años, una de las bestias negras del kirchnerismo. Un apestado. Un maldito.
Hoy pareciera ir recuperando un rostro de personal normal.
Una buena noticia para el clima de tolerancia.
Mientras tanto, mientras deshoja la margarita, el PJ local va ajustando sus brújulas hacia ambos polos.
Algunos miran cada vez con mayor insistencia hacia Massa, donde hasta ahora han tallado figuras de "otro palo" como Guillermo Pereyra o el sancarlino Jorge Difonso.
Los más se recuestan en el peronismo "de gestión", en la ortodoxia.
Las visitas del gobernador salteño Juan Manuel Urtubey y de la economista bonaerense Silvina Batakis fueron parte de este río ancho que crece y donde se espera que algunas figuras, como Florencio Randazzo, asomen, de una vez, la cabeza.
Su recepcionista fue el sector "azul", el de mayor vigor territorial, con cuartel general en Maipú. Allí Adolfo Bermejo hace las veces de viejo sabio de la tribu, de venerable.
Los Félix en el Sur y la Corriente del oculto Carlos Ciurca completan el cuadro del partido, masivo siempre, que está solo y espera.

El autor es columnista de Diario UNO y conductor de Primeras voces (Nihuil) y Séptimo día (Canal 7)
Mensajes al autor: gabrielli.andres@diariouno.net.ar
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