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lunes 24 de julio de 2017

El Mercosur y la distancia sideral

La importancia de estos encuentros pone de relieve amenazas y oportunidades para la región, y desnuda enormes asimetrías.

Debería al menos sonar ambiguo. La principal condición de la verdad es su inestabilidad.

Sinuosa, inasible, escurridiza, efímera, pendular y en ocasiones, a pesar de Serrat, es triste. En verdad.

Mientras la dimensión de algunos hallazgos o acaso comprobaciones científicas y técnicas se esconden en una delgada y lejana columna de algunos diarios que empapelan el Planeta, la realidad se empeña en enrostrarnos lo pequeños y efímeros que somos.

Lo finito que nos tocó en suerte como especie, nos produce una conmoción momentánea. Nos sacude fuertemente como un terremoto que proviene desde nuestro propio interior. Y sin embargo, en vez de acallar nuestra mente, la enciende y evocamos, sin que haya participado la voluntad, aquella Refalosa infantil, o escuchamos desde el más profundo silencio las discusiones que mantienen alerta a Los Obreros de Morón.

Y sólo podemos suponer o acaso sospechar, pero no saber.

Siempre hay algo que, a pesar de la quietud aparente, nos empuja al futuro para alterar inclusive el pasado, y la única posibilidad de ser testigo de este ajetreado vaivén es estar presente.
El suspenso quizá es el género que mejor nos define.

Pasó por Mendoza la Cumbre del Mercosur. Las figuras más relevantes de la política de Sudamérica, visitaron nuestra geografía. Y no es la primera vez.

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La cumbre de los presidentes. Fotografía: Nicolás Galuya
La cumbre de los presidentes. Fotografía: Nicolás Galuya

Pasó un lustro y las piezas de este ajedrez no son todas las mismas, pero tampoco tan diferentes y ninguna desconocida.

Volvió Evo Morales, quien mejor ha mantenido el equilibrio sobre esta cuerda tirante. Dilma no. Y bien podría haber estado si no hubiese sido suspendida y destituida, pero hoy su lugar lo ocupa Temer. Bachelet, que repite presidencia, algo similar con Tabaré Vázquez, que reitera cargo pero ahora de un país cannábico; el anfitrión Mauricio Macri y Horacio Cartes, del Paraguay.

En el tablero, efectivamente, falta alguno.

En la Cumbre de 2012 por la destitución que sufrió el otrora presidente Lugo, fue el Paraguay quien quedó afuera, sancionado por sus pares por atentar contra el sistema y eso permitió el ingreso de Venezuela.

En esta oportunidad, quien sufre la suspensión es la República Bolivariana de Venezuela, debido a la situación que atraviesa la institucionalidad de ese país y a la escasa simpatía que despierta Maduro ante los actuales gobiernos del Brasil y la Argentina, y si no sufre la expulsión es merced a que Paraguay y la república Oriental del Uruguay no avalan esta intromisión. Y es así como los juegos se confunden y los trebejos parece que se han montado a la calesita, y los pueblos esperan aún poder capturar la sortija, o al menos, no padecer mareos.

Fuera de las cuestiones protocolares, la importancia de estos encuentros ponen de relieve amenazas y oportunidades para la región, y desnuda las enormes asimetrías, como también el acierto de haber construido esta agremiación de naciones.

En un encuentro informal, el embajador de Brasil en Argentina, respondía a las inquietudes de algunos mendocinos y a la apatía de otros con datos que bien vale tener en consideración. De los iniciales dos mil millones de dólares que se intercambiaron aquél año inaugural, ya hace 25, llegó a trepar a 40 mil millones.

Describía algunas causas por las cuales el Mercosur esté subutilizado. Falta de homogeneización en normativas fabriles y legales. Ejemplo elocuente es que entre los vehículos de uno y otro país, hay doscientas piezas que difieren. Eso los convierte en incompatibles y provoca que, por ejemplo, a los países que no fabrican autos, les termine resultando más conveniente traer idénticos modelos pero de Corea.

Las políticas tributarias erráticas y deficitarias, no ayudan, claro. Los cambios súbitos en lo político que altera normas estatales, nos equiparan a Brasil y Argentina pero en nada colaboran para mejores acuerdos.

Muy útil para Mendoza poder exhibir su arquitectura hotelera y bondades climáticas, y a la vez un clima algo tenso pero muy propicio para lanzar a la discusión la pretensión de sancionar dos leyes de enorme importancia. La de reforma laboral, flexibilización a la brasileña, o sea la más grande del mundo, y la de reforma previsional, que requiere mayor desafío ya que en Brasil tiene rango constitucional.

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La imagen de los mandatarios del Mercosur. Fotografía: Nicolás Galuya
La imagen de los mandatarios del Mercosur. Fotografía: Nicolás Galuya

El tamaño importa. La balanza comercial en los últimos años es muy deficitaria para la Argentina, pero esto no depende sólo de una cuestión comparativa por extensión sino por algunos factores singulares. Uno es la baja calidad en los controles, incluyendo los fitosanitarios, que impiden exportarles por momentos granos, en otros verduras y a veces carnes.

El otro índice es casi paradójico. El 33% del turismo que recibe Brasil lo aportamos nosotros, los que sostenemos sin un resquicio de dudas que no hay mejor país que la Argentina, declaración que insistimos en formular mientras estamos lejos de esta tierra. Todo hace pensar que nos gusta más añorarla que honrarla.

Eso no es verdad, podrán decir categóricamente, y no lo discutiría sino fuera porque mientras seguimos sin poder controlar algunas plagas de nuestros cultivos y vivimos lamentándonos por lo que pudimos ser y no fuimos, los chinos logran la teletransportación de un fotón a 1.400 kilómetros de distancia.

Es irrefutable que todo es lo mismo. Todos los cuerpos comportan idénticos elementos. Un satélite suspendido en el espacio o una pera del Valle de Río Negro, ambos, están compuestos por átomos y esos átomos por las mismas tres partículas; protones, neutrones y electrones.

No es por la forma. Ni por el peso. No es por la forma de los ojos ni por el color de la piel. La única diferencia reside: en la distribución.

COLUMNA ESCOLEOSIS - 240717.mp3


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