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domingo 08 de enero de 2017

El humor extremo de Gustavo Sala se pasea por el teatro

El caricaturista se sube, cada jueves de enero a las 21, a las tablas de El Tano Cabrón para presentar su show "Levadura bailable".

El caricaturista Gustavo Sala se sube, cada jueves de enero a las 21, a las tablas de El Tano Cabrón para presentar su show "Levadura bailable", en el cual parodia a un recital de rock con la mezcla de música y letras improvisadas, monólogos, imágenes y el característico humor al límite de este guionista.


Pese a que sus famosas historietas en Página/12 y la revista Barcelona, entre otras, son el punto de referencia que tiene Sala para con el público, esta obra será la tercera que el dibujante llevará adelante: hace algunos años protagonizó junto a Pablo Vasco "Afeintándose en Alemania" y con el uruguayo Ignacio Alcuri hizo lo propio en "Sonido bragueta".

Además, con "Levadura bailable" ya realizó "cuatro pruebas piloto" en noviembre, por lo que para esta oportunidad su trabajo junto a Pelu Rodríguez, bajista de Los Barenboim y productor musical, estará "más aceitado" y con el objetivo puesto en retomar las funciones en marzo y abril.

"Pelu es complemento mío sobre el escenario, disparando secuencias e imágenes, en un formato de show de rock que se mezcla con otros lenguajes como la historieta o el monólogo. Es una especia de ensalada punk donde hay personajes y dibujos que se entremezclan", dijo Sala en una entrevista con la agencia Télam.

-¿El espectáculo remite a ese humor extremo que lo caracteriza?
-Voy a jugar con los límites y, de hecho, los voy a traspasar por momentos. El humor que me interesa hacer tiene que generar incomodidad y hasta cierta maldad. Por supuesto que no es lo mismo estar frente a un tablero de dibujo que con gente que te mira a los ojos. Los dibujantes tenemos cierta impunidad y para subirse a un escenario hay que tener otro tipo de inconsciencia. Yo voy a jugar a ser algo, porque no soy ni actor ni músico ni director.

-¿Por qué parodiar a un show de rock?
-Ese es el origen. La parte musical, tanto en la letra como en la música, va a estar improvisada. Siempre estamos al límite de que todo se vaya al carajo y entre medio de esas canciones que unifican el espectáculo, hay momentos de humor en formato monólogo, con personajes que entran y salen.
También hay historieta en vivo, que se emparenta con lo que hago en las ediciones impresas.

-A veces, sus guiones se caracterizan por una exacerbación de la maldad.
-El humor, el que me interesa a mí, es con la maldad puesta en el facho, en el poderoso y en el garca. Ahí queda explícita cierta ideología. A mí me gusta que tenga un poco de esa incomodidad, tratando de dar vuelta el foco. Si querés criticar a un pedófilo, haces un personaje que sea eso, lo cual también trae malentendidos. Cada tanto aparece la pregunta sobre los límites del humor y si hay temas que no se pueden tocar, sobre todo cuando hay incidentes. Pero claramente se puede hacer humor con todo. Después aparecen los límites de cada uno, pero éstos no pueden estar impuestos de antemano.

-¿Esos límites pueden funcionar como una autocensura?
-En un punto, siempre hasta el más canchero se ha puesto un límite. Pero eso es un error, de última siempre está el editor, que te devolverá el trabajo. Yo intentó no cuestionarme, aunque a veces me pregunto y reflexiono sobre lo que hago. Eso sí me interesa, pero sobre todo en no repetirme y ser novedoso. Eso se refleja en lo imprevisto e improvisado que es el espectáculo.

-Hay un debate constante sobre la censura, sobre todo con el gobierno anterior y, en algunos casos, con el actual.
-Siento claramente que hoy hay más presión que en los años anteriores, por lo menos en donde yo trabajo. Antes siempre hice lo que quise. Incluso, para mi propia sorpresa, salieron publicadas cosas que pensé que me las iban a devolver. Yo trabajo con mi propio criterio, pero con el antecedente del fallo judicial contra la Revista Barcelona y su contratapa promovido por Cecilia Pando se siente algo parecido a la censura (en mayo, la jueza Susana Nóvile había obligado a la publicación a pagar $ 40.000 por "daños y perjuicios", por un montaje de la cara de Pando sobre una mujer desnuda y atada bajo la leyenda "Las chicas quieren guerra").

-¿El temor a estos juicios impactan sobre su creatividad?
-Eso no debería suceder. Vos mandás lo que se te ocurre, no está todo tan calculado. Hago tiras semanales, todo el tiempo genero material y obviamente no me va a importar si tengo que tocar un tema extremo. Prefiero que el editor lo devuelva a no mandarlo yo por las dudas. Creo que en estos tiempos de una derecha global hay que ser más extremo todavía e irse más al carajo. Hay que redoblar la apuesta.
Fuente: Télam

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