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sábado 15 de octubre de 2016

Educación: hay que evaluar, analizar, corregir y actuar

Más presupuesto. El incremento de fondos para el área no sirve para mejorar el rendimiento. En tercer grado hay alumnos que no leen.

Las escuelas deben ser evaluadas. Tienen que ser medidas con la misma vara para saber dónde están parados alumnos y docentes.

No significa dejar de lado contextos. Al contrario, con los resultados en la mano, lo primero que hay que tener en cuenta en el análisis son las características de la comunidad educativa.

Luego se deben delinear las acciones necesarias que tiendan a una educación de calidad en cualquier establecimiento (eso que llaman igualdad de oportunidades, de lo que estamos tan lejos).

Sin los resultados en la mano ni análisis profundos de cada situación los recursos van a parar a las escuelas que tienen mayor poder de lobby. O sea, se malgastan.

Durante el kirchnerismo se incrementó notoriamente el presupuesto educativo. Una medida indiscutible y para aplaudir.

Sin embargo, la educación no mejoró. Nos enteramos hace poco que los chicos de tercer grado en Mendoza no saben cosas básicas como leer y escribir, algunos no identifican las letras. Hay alumnos de sexto y séptimo grados (de escuelas públicas y privadas) que no saben separar en sílabas ni acentuar palabras y en matemática presentan problemas del mismo calibre.

En la secundaria arrastran estas dificultades. Y si bien es verdad que muchos las corrigen, hay muchos que no. No es casualidad que hayan porcentajes tan altos de deserción y fracaso escolar en este nivel, principalmente durante los dos primeros años.

Para colmo tienen una mala formación en valores, no adquieren habilidades sociales ni desarrollan hábitos de responsabilidad.

Gastamos más, y gastamos mal.

Está bien mantener, incluso incrementar, el dinero destinado a educación. Pero se tiene que administrar bien para que haya resultados buenos. Y lo primero es medir, repito, con la misma vara.
Durante las últimas administraciones buena parte del presupuesto educativo se fue en pagar miles de docentes en misiones especiales que nada tienen que ver con la mejora de la educación y licencias insólitas que llevaron al triste récord de abonar tres sueldos por cada puesto docente.

A tal punto llegó esta situación que habilitaron a estudiantes de carreras docentes a dar clases aunque les faltara el 25% de sus estudios. Un colega docente de muchos años me los describió así: "Es como darle el carnet de conducir profesional a un chico de 15 años y que lleve a un grupo de niños en un micro a una excursión por alta montaña en invierno".

El Gobierno, para contestarles a los sindicatos, ya se comprometió a no elaborar rankings con los resultados. Pero ambos deben saber algo: los rankings son hechos por la población, que no lee tantas estadísticas, no entiende de exámenes estandarizados y mide los resultados con lo que ve día a día.
Durante estos últimos años hemos escuchado hablar y hablar de los fines sociales e inclusivos de la escuela. Pero la realidad marca que en grandes sectores la inclusión educativa ha estado solamente en las planillas, al igual que los avances en la calidad.

Es bueno entonces que el Gobierno haya reconocido problemas graves como que –en líneas generales–las escuelas no se enseña a leer ni a escribir ni a resolver problemas matemáticos simples. Aportemos un dato más, los niveles de ausentismo escolar son enormes.

Hay que seguir midiendo, hay que seguir evaluando y hay que seguir diciendo la verdad.
Pero hay que encontrar soluciones.

Más allá de los problemas en la lectura y los cálculos matemáticos hay otros inconvenientes que no pueden esperar mucho más o al menos deben mostrar avances: el compromiso de las familias, la educación sexual, la violencia escolar, el equipamiento de los establecimientos, la formación docente y, por supuesto, el sueldo y las condiciones de trabajo de los trabajadores de la educación deben ser atendidos también en forma eficiente.
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